Cada vez hay más personas con cáncer que buscan en la alimentación un complemento para mejorar los efectos secundarios y prevenir posibles recaídas. En los últimos años, la nutricionista Jordina Casademunt, una de las almas de los inicios de esta revista, que, gracias a los más de quince años que lleva trabajando en el sector de la comunicación y de tener la oportunidad de conocer de primera mano la experiencia de grandes profesionales dentro del ámbito sanitario, ha hecho una inmersión en la nutrición oncológica y ha visto a cientos de pacientes a los que ha podido ayudar. Después de trabajar con algunos de los mejores referentes en oncología integrativa, ahora se incorpora a La Consulta de Soycomocomo. Hasta ahora, Casademunt ha liderado la unidad de nutrición oncológica de centros de renombre y se ha formado con nutricionistas internacionales en cursos y congresos y con médicos de prestigio como el doctor Pere Gascón del Clínic o el doctor Sergio Abanades.

Jordina, en los últimos años, en los que has sido coordinadora de la unidad de nutrición del centro Imohe, dentro de la Unidad de Oncología Integrativa en el Instituto Oncológico Baselga, del Hospital Quirón en Barcelona, ​​has podido hacer el seguimiento a cientos de pacientes y adaptar y coordinar cualquier tratamiento complementario, desde la vertiente de la alimentación, que es clave como complemento de la medicina alopática, ¿verdad?

Absolutamente. La alimentación es clave para el paciente oncológico porque puede ayudar a reducir los posibles efectos secundarios derivados del tratamiento y al mismo tiempo mejorar la inmunidad del paciente. En definitiva, una buena base de alimentación permite que el paciente pueda seguir con éxito los tratamientos convencionales y mantener al máximo la calidad de vida.

¿Por qué es importante hacer un seguimiento nutricional durante este proceso?

Principalmente para el éxito del tratamiento. Debemos tener en cuenta que ciertos tipos de cáncer pueden implicar la aparición de un deterioro nutricional que puede llegar al 85% (la expresión máxima es la caquexia tumoral, que afecta al 15-40% de los pacientes). Hay varios motivos de esta desnutrición: por una aportación energética escasa, alteraciones en la digestión y/o absorción de nutrientes, aumento de las necesidades y alteraciones en el metabolismo de los nutrientes… Por eso, el apoyo nutricional se debe establecer desde el inicio del diagnóstico para que haya una mejor respuesta inmunitaria y una mejor calidad de vida. Comida cualquier cosa no le ayudará, o recomendar, por ejemplo, comer como siempre, tampoco. Se debe personalizar.

Entiendo que los hospitales y centros médicos ya dan unas pautas dietéticas a este tipo de pacientes.

Es cierto que hacen unas recomendaciones básicas, pero, muchas veces, por el volumen de trabajo que tienen (y supongo que por otras prioridades), a menudo dan unas recomendaciones generalizadas, no individualizadas y, entonces, el paciente se puede sentir perdido y buscar fuera el apoyo de un profesional cualificado. El asesoramiento de una dieta individualizada teniendo en cuenta las necesidades, limitaciones, preferencias del paciente y su tratamiento será el objetivo prioritario para alcanzar una buena adherencia del tratamiento. Muchas veces, consejos tan sencillos como dejar de comer fritos, evitar los alimentos ácidos (como zumos de naranja), los azúcares y hacer cocciones suaves pueden reducir drásticamente los problemas de náuseas que tienen muchos pacientes durante la quimioterapia.

¿Cuál es la evidencia de la nutrición en el cáncer?

En 2007 se publicó en el World Cancer Research Fundation un informe hecho por más de doscientos expertos y científicos de todo el mundo que recomendaban a los pacientes de cáncer, que antes, durante y después del tratamiento recibieran una atención dietética nutricional adecuada para parte de un profesional cualificado.

Hay varios estudios de investigación que confirman los beneficios en la mejora de tratamientos oncológicos de un asesoramiento nutricional personalizado (ensayos controlados aleatorizados en pacientes con cáncer colorrectal sometidos a radioterapia (Ravasco y col., Journal of Clinical Oncology, 2005) y pacientes con cáncer de cabeza y cuello (Ravasco et al., Head Neck, 2005).

¿Qué papel tiene la alimentación en la prevención del cáncer?

Tiene un papel bastante importante, teniendo en cuenta que los factores genéticos hereditarios constituyen una minoría de las causas del cáncer (entre un 5-10%) y que la gran mayoría de los cánceres son por causas ambientales y de estilos de vida (el 90 %). Entre los factores ambientales, encontramos la alimentación, que corresponde al 25-30%, las infecciones al 15-20%, la obesidad al 10-20%, el alcohol al 4-6% y otros factores como la radiación y los contaminantes químicos ambientales. La gran mayoría de los factores causales del cáncer están relacionados con el estilo de vida, como la dieta, el consumo de tabaco, la obesidad, factores modificables. Y no hay que olvidar –entre los factores ambientales–, los factores psicoemocionales, que también pueden desencadenar –por una situación de mala gestión de estrés– en un proceso de enfermedad. Por otra parte, solo una minoría están asociados con factores genéticos hereditarios. Por lo tanto, el cáncer mayoritariamente se puede prevenir.

¿Qué enfoque nutricional adoptas con los pacientes con cáncer?

Hago planes nutricionales individualizados teniendo en cuenta los parámetros bioquímicos, el tipo de tratamiento y los hábitos dietéticos de la persona con dos objetivos principales: la de mejorar el estado inmunológico y la de minimizar los efectos secundarios que pueda tener para reforzar la efectividad y adherencia de los tratamientos médicos y el pronóstico de la enfermedad. Valoro qué tipo de alimentación necesita y, si puede o no, por ejemplo, hacer una dieta cetogénica. Si no se puede hacer este tipo de dieta, miro si es posible recomendar una dieta de baja carga glucémica, es decir, evitar los azúcares refinados y sustituirlos por cereal completo además de incrementar el consumo de verduras. Se ha visto que una carga glucémica alta se asocia con un mayor riesgo de cáncer y la hiperglucemia conduce a un pronóstico peor en caso de cáncer. También se ha visto una correlación positiva entre los niveles de azúcar en sangre y el crecimiento tumoral.

Lo que hay que tener claro en estos pacientes es que no se trata de hacer dietas específicas; la prioridad de un buen asesoramiento nutricional es siempre adaptarse a las necesidades y demandas del paciente, que cambian según avanza el tratamiento, la sintomatología y los resultados de las analíticas.

 

En los últimos años se habla mucho de dieta cetogénica y cáncer. Tú eres bastante partidaria de ella y en La Consulta la aplicarás... ¿Cuáles son los beneficios de la dieta cetogénica para el paciente oncológico?

Se ha observado que una dieta cetogénica induce a cambios epigenéticos (silencia oncogenes y activa genes saludables), aumenta el rendimiento energético de la mitocondria (la fábrica energética de las células), reduce la producción de radicales libres nocivos y favorece la producción de GABA, un neurotransmisor que tiene un efecto relajante esencial. En estudios preclínicos también se ha visto que la dieta cetogénica puede tener un efecto antiangiogénico (evita la creación de vasos sanguíneos nuevos, característica necesaria que la célula cancerosa necesita para crecer), efecto proapoptótico (favorece la muerte celular) y antitumoral. Además, datos recientes sugieren que la cetosis alivia el dolor, además de tener un efecto antiinflamatorio general. Pero, como he dicho antes, no a todo el mundo con cáncer se le recomienda esta dieta y los estudios que hay, aunque son muy positivos, se han hecho en animales y en grupos pequeños de pacientes.

¿En qué casos no se recomienda hacer una dieta cetogénica?

En pacientes que tienen defectos en el metabolismo de las grasas (deficiencia en carnitina, defectos en la betaoxidación…), en pacientes con historia de pancreatitis, función hepática deteriorada, estado nutricional bajo (desnutrición, caquexia), digestión de grasas deteriorada, problemas de la vesícula biliar, problemas de fallo renal, disminución de la motilidad intestinal…

¿En qué casos recomendarías seguirla seguro?

En pacientes jóvenes o de mediana edad con enfermedad activa y motivados para hacer un cambio en la dieta. Es especialmente indicado en pacientes con tumor cerebral, cáncer de pulmón, enfermedad metastásica y cáncer de páncreas.

Sin embargo, así como la dieta cetogénica tiene una evidencia científica fuerte en la pérdida de peso, en la epilepsia y en la diabetes tipo 2; en el cáncer y en otras enfermedades tiene una evidencia emergente. Hay datos preclínicos muy favorables (datos basados ​​en animales y en estudios de casos) de esta dieta en pacientes con cáncer. Aunque están en marcha muchos ensayos clínicos, hay muchos profesionales que aplican esta dieta en humanos antes de tener los resultados definitivos porque es una intervención nutricional segura.

Porque cuando valoras la seguridad que tiene una dieta cetogénica bien planteada, monitorizada y controlada y ves que, desde hace muchos años, se recomienda en pacientes con epilepsia, te das cuenta que puede ser una herramienta interesante para el paciente oncológico. De hecho, cada vez hay más oncólogos que la recomiendan a sus pacientes.

¿Qué se come exactamente en una dieta cetogénica?

La piedra angular de una dieta cetogénica es la reducción estricta de los carbohidratos (pan, pasta, arroz y otros cereales) y el incremento de grasas saludables (aguacate, frutos secos, aceite de oliva, pescado azul, ghee, aceite de coco virgen) con el objetivo principal de utilizar la grasa como fuente de combustible principal en vez de la glucosa. En una dieta estándar, el cuerpo utiliza la glucosa como fuente de energía principal. En una dieta cetogénica, en cambio, se reduce el consumo de carbohidratos drásticamente, y las grasas son las que proporcionan la energía necesaria a través de sus metabolitos: los cuerpos cetónicos (acetona, acetoacetato y betahidroxibutirato).

Es una dieta hiperproteica, ¿pues?

No, en absoluto. La proteína debe ser suficiente teniendo en cuenta las características y necesidades individuales, pero no a demanda, a diferencia de una dieta Atkins. Fuentes de proteínas como: huevos, pescado, pollo ecológico, y en el caso de proteínas vegetales la chía, cáñamo, nueces, tofu. Es importante no sobrepasar el consumo de proteína para evitar la gluconeogénesis, es decir, la creación de glucosa a partir de proteína. Una dieta cetogénica saludable no incluye los embutidos, alimentos procesados ​​con alternativa a alimentos ricos en grasas. Es importante tenerlo en cuenta porque hay mucha gente que empieza a comer embutidos y quesos a demanda y no se trata de eso.

¿Qué te has encontrado a la hora de implementar esta dieta?

La teoría es una cosa, pero la práctica es más compleja. Es muy importante tener en cuenta que no todo el mundo con un proceso oncológico puede y debe hacer una dieta cetogénica, y que siempre hace falta que un nutricionista calificado haga el seguimiento. Siempre hay que ponerse en el lugar del paciente y tener en cuenta que la dieta debe servir de acompañamiento al resto de tratamientos que está siguiendo y a su estado anímico. Por lo tanto, el asesoramiento debe hacerse al ritmo del paciente. Si no es capaz de seguir una dieta de estas características, hay que respetarlo y buscar siempre el objetivo de mejorar los síntomas, incrementar defensas y acompañarlo en el proceso. El cáncer, como hemos dicho al principio, es una enfermedad multifactorial, y, por tanto, el abordaje debe tener en cuenta muchos factores, además del tratamiento oncológico: la dieta, el ejercicio físico y el estado emocional de la persona.

Por lo tanto, ¿cuáles serían las recomendaciones nutricionales básicas para el paciente oncológico?

De manera general: reducir o evitar al máximo los azúcares, potenciar el consumo de verduras y fruta (siempre priorizando la verdura antes de que la fruta), optar por cocciones ligeras, en el caso de la proteína (necesaria para las defensas) priorizar el pescado, huevos, carnes magras ecológicas, incrementar el consumo de grasas saludables (aceite de oliva virgen, frutos secos, semillas, aguacate). Y luego ya entraríamos en las particularidades de cada uno: si hay estreñimiento o diarrea, problemas intestinales persistentes después de hacer sesiones de radioterapia en la zona abdominal, problemas de deglución (disfagia) o cambios en el sabor u olor de la comida; o si, simplemente, no tiene hambre. Aparte de la alimentación, el ejercicio físico es muy importante para ayudar a mantener la masa muscular, reducir la inflamación y mejorar el estado anímico y de salud de la persona.

También has comentado varias veces la importancia de las defensas. ¿De qué manera puede influir la alimentación en la mejora del sistema inmunitario?

Una persona que, durante un proceso oncológico, come lo que quiere y en este “lo que quiere” entran los dulces y poca verdura tendrá más probabilidad de que sus defensas se vean comprometidas –aparte de los efectos secundarios de los tratamientos de quimioterapia, que interfieren con las defensas naturales del propio cuerpo. Los azúcares, un exceso de carne roja y embutidos favorecen la disbiosis intestinal, la inflamación intestinal y una respuesta inmunitaria baja. Por otra parte, también se ha visto que el exceso de gluten y de sal puede hacer lo mismo.

En el caso de la complementación nutricional, ¿qué recomiendas?

Como siempre, depende de cada persona. Normalmente suelo recomendar micoterapia (setas medicinales), porque mejora la inmunidad y la nutrición de base del paciente oncológico, y además cada vez se prescribe más dentro de la comunidad médica oncológica porque se está viendo que ayuda a reducir los efectos secundarios de muchos tratamientos y mejora el estado nutricional del paciente, lo que se constata viendo la evolución de las analíticas: unas plaquetas bajas, unos parámetros hepáticos alterados o unas defensas que se encuentran tan bajas que obligan a parar el tratamiento. Todo esto y más (que es el día a día del paciente oncológico) puede mejorar con una buena alimentación combinada con un buen complemento de micoterapia, y hacer que las analíticas se mantengan dentro de los rangos óptimos y pueda continuar haciendo el tratamiento previsto. Es muy importante la calidad de materia prima y de elaboración de los complementos recomendados. En el caso de las setas medicinales, por ejemplo, recomiendo Hifas de Terra.

¿Qué otros aspectos son específicos de los enfermos de cáncer con los que trabajas?

La radioterapia y la quimioterapia en particular pueden afectar a la digestión y también a la absorción de los nutrientes y la flora intestinal. Por eso, mucha gente que toleraba los lácteos, durante este periodo no los digiere bien y entonces hay que ofrecer una alimentación fácil de digerir. Estos tratamientos, también pueden quitar el apetito y generar efectos secundarios que afectan la vida diaria como diarrea, náuseas, dolor de cabeza, fatiga. Se ha visto que tener una buena flora intestinal mejora la respuesta inmunitaria a la quimioterapia.

Y otro tema. Con la quimio, también puede haber alteraciones del sistema cardiovascular (según el tipo de medicamento, por ejemplo, como en el caso del carboplatino), y con algún paciente nos puede interesar recomendar un complemento de coenzima Q10 y L-carnitina. Además, siempre recomiendo micoterapia porque proporciona una serie de nutrientes básicos para mantener las defensas y ayudar a minimizar los efectos secundarios y el riesgo de infecciones.

Cuéntanos cuál ha sido hasta hoy tu experiencia en consulta.

Los pacientes que han hecho cambios alimentarios tienen una mejor adherencia a la quimioterapia y menos efectos secundarios. En general, se encuentran mucho mejor y con más energía, a pesar del tratamiento. Recuerdo el caso de una paciente con cáncer de mama con metástasis pulmonar, que al principio del tratamiento tenía muchas náuseas y mucha fatiga y que, cuando empezó a hacer cambios en la dieta, logró minimizar el malestar y pudo continuar con las sesiones de tratamiento propuestas inicialmente. Como se encontraba tan bien y las analíticas le salían dentro de los parámetros correctos, los oncólogos le recomendaron hacer más sesiones de quimioterapia, debido a su gran tolerancia al tratamiento. Otro paciente con un gliobastoma, operado y posteriormente con tratamiento de radioterapia, comenzó a hacer una dieta restrictiva en carbohidratos, y aún hoy la hace porque se encuentra muy bien, las analíticas le salen también muy bien y se ha observado contención del tumor. También es cierto que este tipo de paciente complementa la dieta con micoterapia y otros complementos nutricionales compatibles con los tratamientos convencionales.

Y después del tratamiento oncológico, ¿se debe tener en cuenta alguna recomendación?

Optar por un estilo de vida más relajado, incluir el ejercicio físico en la rutina diaria y decantarse siempre por alimentos saludables. Por ejemplo, es el caso de las mujeres que, tras el tratamiento oncológico, deben seguir durante unos años haciendo terapia hormonal. Es muy importante que tengan en cuenta la dieta y eviten alimentos y tóxicos que aumenten los niveles de estrógenos (como son los azúcares, soja y derivados, carnes procesadas, cosméticos con petroderivados, plásticos con bisfenol A…) y potenciar los alimentos que inhiben la enzima aromatasa (setas, crucíferas, frutos del bosque, té verde, pasiflora, perejil…).

Y además de la alimentación...

Para mí también es muy importante saber cómo vive la persona el proceso de la enfermedad y ofrecer herramientas que le puedan ayudar a estar mejor: desde recomendar un libro, hasta técnicas de relajación y también asesoramiento sobre tratamientos complementarios que puede hacer con otros profesionales. También es importante que el paciente se abra al oncólogo y pueda hablar abiertamente de cuáles son los trabajos complementarios que está siguiendo. Creo que solo de esta manera podemos caminar hacia una oncología integrativa, una medicina en la que tenga cabida el tratamiento convencional con otras herramientas complementarias que buscan mejorar la calidad de vida del paciente, y que por tanto le ayuden a vivir el proceso de manera más activa y mejor.

¿En La Consulta a quién visitarás?

Principalmente a pacientes con cáncer que quieran un acompañamiento nutricional para mejorar la calidad de vida, minimizar efectos secundarios y conseguir una buena adherencia del tratamiento oncológico. También a pacientes que han terminado el tratamiento oncológico y que buscan cambiar de hábitos.

Y, por otro lado, a pacientes que quieran aprender a seguir una dieta cetogénica ponderal (pesada) saludable, monitorizada (control glucosa, cetonas) y que puede ser interesante en epilepsia, Alzheimer, esclerosis múltiple, diabetes tipo 2 y sobrepeso.

Núria Coll
Núria Coll

Directora de soycomocomo.es

  @nurcoll   @nuriacoll