Cada vez somos un poquito más ecológicos y estamos más concienciados sobre la importancia de una alimentación saludable y un estilo de vida activo. Nos preocupamos de reciclar, de consumir menos plástico y de comprar carne de animales de pasto y que hayan vivido en mejores condiciones. Pero aún así, a pesar de comprar más a granel, de utilizar menos bolsas y de tratar de comprar las cantidades necesarias continuamos generando grandes cantidades de desperdicios. Probadlo un día: preparaos el desayuno, comida y cena y, al final del día, mirad hasta qué punto habéis llenado la basura. Quizás encontréis la piel del zumo de naranja de la mañana, los tallos del brócoli del mediodía o las hojas de la ensalada de zanahoria de la noche. Pero, ¿acaso no se pueden consumir estas partes de los vegetales?

Guía antidespilfarro alimentario

Luchar contra el desperdicio

Seguramente, debido a que vivimos en una sociedad de abundancia, nunca nos hemos preocupado ni planteado la necesidad de consumir la planta entera. De forma cultural, siempre nos han enseñado a descartar las hojas de la remolacha, los tallos de las acelgas, el corazón de la piña e, incluso, la piel de las patatas. Nos han inculcado desde pequeñitos cómo debemos alimentarnos y qué productos son más o menos valorados. Seguro que muchos os sorprenderéis si os digo que la langosta, un alimento muy preciado y al que no todo el mundo puede optar, fue en el siglo XIX la comida que los ricos ofrecían a sus empleados y por la que estos mismos se revolucionaron; del mismo modo que antes se consumían vísceras y diferentes partes de los animales que, hoy en día, muchos miran con recelo. Imaginad la capacidad que tienen la cultura y la sociedad para influenciar sobre nuestros actos y decisiones. El problema de esto es cuando este tipo de acciones implican también un coste medioambiental.

La cantidad de comida que se tira a diario es inhumana. Ya no hago referencia a la que se desprecia en las casas (ya que es un número importante, pero a la vez insignificante comparado con otros sectores), sino a la de supermercados, hoteles, restaurantes… Todos estos lugares funcionan bajo demanda: si nosotros consumimos más, efectivamente, aumentarán los pedidos. Pero si, por el contrario, reducimos el consumo, a la larga se verán obligados a bajar la cantidad de alimentos. Por eso, comprar con consciencia las cantidades necesarias y utilizar y reutilizar (si es necesario) todas las partes de los alimentos ayuda a generar un menor impacto medioambiental (menos litros de agua utilizados, menos talas de árboles, menos cantidad de gases emitidos) y a reducir el cultivo de productos de forma innecesaria.

Cómo reducir el impacto medioambiental

Por ello, del mismo modo que es una pena rechazar las vísceras de los animales o la cabeza y espina del pescado, entre otras cosas, también es una pena rechazar partes de los vegetales que pueden servirnos como alimento y que, además, nos van a aportar grandes cantidades de nutrientes y beneficios. Por ello, os quiero hablar de algunas partes de frutas y verduras que habitualmente se suelen desperdiciar, los beneficios que aportan y cómo podemos aprovecharlas. Pero primero quiero recordar que deben ser de cultivo ecológico libre de pesticidas y transgénicos (ya que en la piel es donde se concentran mayor cantidad de productos químicos), frescos (las hojas son unos buenos indicadores de frescura de la verdura), de temporada y, en el mejor de los casos, de proximidad.

Sacar partido a las frutas

Piel de limón, naranja y lima: Cuando preparamos zumos o nos comemos alguna de estas frutas, siempre descartamos la piel. Sin embargo, es importante saber que, justo en la piel, es donde encontramos mayor concentraciones de vitamina C, A, folato, calcio, magnesio y potasio. Cómo usarlas: Rallada en vinagretas, marinados, batidos; en el yogur, porridge, sopas, bizcochos, té, o para saborizar el agua. Una idea aún mejor para utilizar la piel entera es preparando “chucherías” con ellas.

Corazón de la piña: Muchas personas descartan el corazón de la piña debido a su dureza y carácter filamentoso. A pesar de ello, esta parte de la piña es muy buena para digerir las proteínas (gracias a la enzima bromelina), alivia los gases intestinales y tiene poder antiinflamatorio. Cómo consumirlo: En forma de zumo, en cuadraditos pequeños y añadido a aliños, ensaladas, salsas, chutney o para aromatizar bebidas.

Piel del kiwi: Tenemos la costumbre de partir el kiwi por la mitad y comerlo con cuchara desperdiciando su nutritiva piel, donde las concentraciones de vitamina C y fibra son superiores a las de la fruta en sí; así que es una pena no aprovecharse de ello. Si os da un poco de angustia consumirla entera debido a su textura peluda, añadidlo en algún batido.

Piel de granada: Lo mismo sucede con la granada, una fruta que destaca por su efecto antioxidante y por cuidar el corazón, y que presenta mayores beneficios en la piel que en la fruta en sí. Así que os animo a que, la próxima vez que os preparéis un zumo con ella, añadáis parte de su piel, ya que así podréis disfrutar de una auténtica bomba de antioxidantes.

Sacar partido a las verduras

Brócoli y coliflor (tronco y hojas): El brócoli y la coliflor son crucíferas y se caracterizan por su efecto anticancerígeno (sobre todo el brócoli), y por ser ricas en fibra, vitamina C, vitaminas del grupo B, A y distintos minerales. La pena es que estamos acostumbrados, generalmente, a comernos únicamente las flores y tendemos a descartar el tronco (que contiene más fibra) y las hojas (con más betacarotenos en el caso del brócoli). Cómo puedo consumirlos: Troncos: En el brócoli, pelar para eliminar la parte externa más dura, cortar finitos y comer crudos en ensaladas; cocinado al vapor junto al resto del brócoli o salteado con aceite, guindilla y ajo. También se puede añadir a purés, sopas o preparar un pesto. Hojas: se pueden utilizar como acelgas y saltearlas con ajo y aceite o añadir a caldos o sopas. En el caso del brócoli, si están muy tiernas, se pueden añadir a ensaladas.

Piel de cebollas y zanahorias: Solemos descartar la piel de ambas, pero si queremos aprovecharlas, bastará con añadirlas al caldo; ambas aportarán un sabor agradable. Si no se van a usar inmediatamente, se pueden congelar.

Hojas de zanahoria: Las hojas de las zanahorias contienen clorofila, que presenta propiedades depurativas de la sangre y, además, tienen propiedades antisépticas. Resultan bastante amargas, así que su introducción seguramente se deberá hacer de forma paulatina. Cómo consumirlas: Bien picaditas en ensaladas; en sopas, caldos o guisos; picaditas con ajo y aceite para aliñar tomates; en vinagretas o salsas; en tortillas; zumos o batidos verdes; pesto; mantequilla de hierbas o salteados. Las opciones son infinitas.

Hojas de apio: El apio es un buen desintoxicante del organismo, es diurético, remineralizante y ayuda a reducir la inflamación. Sus hojas son muy aromáticas y tienen un sabor similar al perejil y, por alguna extraña razón, solemos retirarlas de casi cualquier preparado culinario. Cómo utilizarlas: Se pueden añadir a caldos, mezclar con las hojas de la ensalada, preparar salsas, añadir a zumos o batidos verdes o en estofados.

Tallos de acelgas: Las acelgas son ricas en vitamina A, C y contienen diversos minerales, además contienen mucha fibra y tienen propiedades diuréticas, razón por la que se suelen utilizar en dietas adelgazantes o depurativas. ¡Pero la acelga se come entera! Nada de eliminar el tallo. Si queda duro y las hojas demasiado hechas, podéis optar por cocinar los tallos unos minutos antes y añadir las hojas después; o cocinar los tallos en el horno por separado y añadir alguna salsa por encima.

Hojas de remolacha: La remolacha es rica en vitaminas del grupo B y minerales como yodo, potasio y silicio. Sus hojas, además, son altas en fibra, hierro y vitamina A y C. De todos modos, hay que tener en cuenta que la remolacha contiene oxalatos, por lo que aquellas personas que tiendan a formar cálculos renales deben tener cuidado. Cómo utilizarlas: Como si fueran acelgas. Salteadas con ajo, aceite de oliva y sal; cocinadas al vapor, en ensaladas o guisos.

Semillas de calabaza: Cuando pelamos la calabaza, generalmente descartamos sus semillas, que son pequeños tesoros ricos en magnesio, fósforo, vitamina E y con un alto contenido en proteínas. Se consideran beneficiosas para hombres, para aliviar síntomas de menopausia en mujeres y mejorar la piel, entre otras cosas. Cómo utilizarlas: Tostadas en el horno con aceite y sal o cocinadas junto a la calabaza y trituradas.

Piel de calabaza: La piel de calabaza se suele tirar por su dureza, pero existen ciertas variedades con una piel más fina que se puede consumir. Aunque, si investigáis un poco, veréis que hay recetas en las que podréis incluso utilizar las cáscaras de las más duras. Cómo utilizarla: Al horno junto al resto de la calabaza hasta conseguir la textura deseada y triturada hasta obtener una textura cremosa; en una receta de calabaza rellena o de chips.

Hojas de nabos y rábanos: Estas hojas tienen mucha vitamina C, A, magnesio, hierro, fósforo y clorofila. Además, tienen efecto antiinflamatorio, anticancerígeno, diurético y depurativo. Cómo utilizarlas: En potajes, cremas, cocinadas al vapor, crudas en ensaladas, estofadas o salteadas.

Piel de patata: La gente suele pelar las patatas antes de cocinarlas. Sin embargo, es en la piel donde hay más fibra (que ayuda a reducir la velocidad de absorción de la glucosa y provoca sensación de saciedad), minerales como el potasio, zinc o magnesio o vitaminas del grupo B o C (que se conserva en mayor cantidad si cocemos la patata con la piel). Eso sí, aseguraos de que no tenga brotes o sea de color verdoso, ya que esto implica una concentración alta de solanina (un pesticida propio de la patata que puede causar irritación). Cómo utilizarla: Probad simplemente a preparar la patata entera sin eliminar la piel. Si no os apetece, podéis preparar unos nachos con piel de patata: están increíbles.

Hojas de hinojo: El hinojo posee distintas propiedades que lo hacen ideal en dietas depurativas. Tiene efecto diurético, expectorante, facilita las digestiones y ayuda a disminuir las flatulencias, entre otras propiedades. Sus hojas tienen un intenso y atractivo sabor anisado, pero por desgracia, en muchos supermercados venden los bulbos sin ellas. Así que, si tenéis la suerte de encontrarlas, no dudéis en añadirlas a vuestros preparados. Cómo utilizarlas: En ensaladas como si se tratara de perejil o eneldo, como aderezo en platos con huevos, o en cremas, sopas o batidos verdes.

Vainas de guisantes y habas: Aunque parezca increíble, las vainas de estas dos leguminosas se pueden comer. Son ricas en proteínas, favorecen el tránsito intestinal y controlan los niveles de azúcar en sangre, entre otros beneficios. Cómo utilizarlas: Se pueden hacer cremas (con huevo poché y taquitos de jamón quedan increíbles), estofados, salteados, se pueden asar o cocinar a la parrilla. Cuando cocinemos las vainas de las habas, deberemos quitar las hebras de los costados y las puntas. En caso de hacer una crema o utilizarlas para algún risotto será mejor pasarlas por un chino para eliminar las partes más fibrosas.

Troncos y hojas de alcachofa: La alcachofa es conocida por ser utilizada en dietas de adelgazamiento. De propiedades diuréticas, buena para problemas digestivos y protectora hepática, es otra de las verduras que ve desperdiciado parte de su arsenal nutritivo en cada preparado. Cómo utilizarlos: Los troncos de alcachofa suelen ser desechados; sin embargo, si se pelan y se cortan finitos quedan muy buenos añadidos en salteados o cremas de verduras. Por otro lado, las hojas se pueden utilizar para hacer caldos depurativos, cremas de verduras (después se pueden pasar por el chino), se pueden freír o asar.

Parte verde de puerros, cebolletas y cebollas tiernas: Es fácil ver en los supermercados como los trabajadores, casi antes de preguntar, ya están alzando el cuchillo para eliminar la parte verde más oscura de estos vegetales, pero es importante saber que esta parte contiene una gran cantidad de clorofila y que nos ayudar a oxigenarnos y desintoxicarnos; además de aportar vitamina A, C, magnesio y fibra insoluble. Cómo utilizarla: En caldos o potajes, picada muy fina en tortilla, frita sobre pescados o carnes, en rodajas muy finas para decorar ensaladas y dar un toque distinto, en preparados como verduras rellenas, al vapor, salteadas o picadas finas para mezclar con aliños y aderezos.

Espero que, después de leer todas estas opciones, vuestra cesta de la compra se reduzca y del mismo modo lo hagan los desperdicios. Os aseguro que el mundo, y también vuestro bolsillo, lo agradecerán.

Glenn Cots
Glenn Cots

Dietista y divulgadora de nutrición y recetas saludables en glenncots.com

    @glenncots