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Bajo una piel gruesa y dorada con toques rojos, se esconde un interior rebosante de semillas recubiertas de una pulpa dulce y jugosa, de color y brillo similar al de los rubíes. Descubrimos por qué todos los pueblos que han conocido la granada le han atribuido numerosas propiedades y cómo esta fruta tan deliciosa de principios de otoño esconde un potencial antioxidante enorme.

Esta fruta se conoce desde los egipcios (2500 a.C.), que enterraban a las personas con una granada para desearles abundancia en la otra vida. Se cree que los cartagineses la introdujeron en la región mediterránea a raíz de las guerras púnicas y, por ello, su nombre científico es Punica granatum. Los griegos y romanos la incorporaron a la dieta habitual y atribuían la plantación del primer granado a la diosa del amor Afrodita. En el Lejano Oriente, la granada estaba vinculada a la fertilidad y era un presente que se refería a los recién casados ​​para desearles mucha descendencia.

Propiedades nutricionales

La granada destaca porque contiene mucha agua (más del 80%) y es baja en azúcares (solo 31,8 Kcal por 100 gramos). Además, tiene muchas vitaminas y sustancias antioxidantes, hasta el punto de que la podemos considerar una especie de superfruta:

Provitamina A: en forma de betacaroteno (contiene 30 microgramos por 100 gramos de fruta comestible). Se trata de un pigmento que el organismo transformará en vitamina A de acuerdo con sus necesidades. Esta vitamina es necesaria para el buen estado de la retina y de la piel, entre otras cosas.

Vitamina C: la granada contiene 20 miligramos de vitamina C por 100 gramos de fruta comestible (un valor ligeramente por debajo del de la mandarina). Esta vitamina participa en la formación de colágeno (importante para la piel y las articulaciones), glóbulos rojos, huesos y dientes, favorece la absorción del hierro de los alimentos y previene la actividad negativa de los radicales libres, que envejecen el organismo.

Vitaminas del grupo B: se trata de un grupo de vitaminas imprescindibles para el buen funcionamiento del sistema nervioso. De este grupo, la granada destaca por su contenido en vitamina B9 o ácido fólico, que interviene en la producción de glóbulos rojos y blancos, en la síntesis de material genético y en la formación de anticuerpos del sistema inmunológico; así como en niacina o vitamina B3, que favorece el funcionamiento del sistema digestivo, ya que actúa en la conversión de los alimentos en energía.

En cuanto a los minerales:

Potasio y calcio: el primero es un mineral imprescindible para la transmisión y generación del impulso nervioso y la actividad muscular normal, y evita los calambres en las extremidades. Además, interviene en el equilibrio de agua dentro y fuera de la célula. Y el calcio es el mineral más abundante del cuerpo. Su función principal es la de ayudar a construir y a mantener huesos y dientes, al tiempo que interviene en los procesos de coagulación sanguínea.

Magnesio: se relaciona con el funcionamiento del intestino, los nervios y los músculos y, además, forma parte de los huesos y los dientes, mejora la inmunidad y posee un efecto laxante suave.

Efectos sobre el organismo

La granada es una fruta con un potencial antioxidante muy alto: hasta el punto de que en las tiendas especializadas podemos encontrar muchos preparados hechos con extractos de granada que nos ayudan a luchar contra el envejecimiento celular, prevenir determinados tipos de cáncer y mejorar la salud cardiovascular.

La base científica de estas propiedades la encontramos en el hecho de que contiene antocianinas, polifenoles, ácidos orgánicos y taninos, así como las vitaminas y minerales que ya hemos descrito en el apartado de propiedades nutricionales. Veamos, pues, el resto de sustancias antioxidantes:

Antocianinas: se trata de un tipo de pigmentos con propiedades antioxidantes muy fuertes (hasta cincuenta veces superior a la vitamina E y unas veinte veces superior a la vitamina C). De la misma manera que ayudan a las plantas a protegerse contra las radiaciones solares impidiendo su oxidación, también nos pueden ayudar a fortalecer y rejuvenecer los tejidos del organismo.

Polifenoles: la granada triplica el contenido en polifenoles de otros alimentos que se sabe que son muy ricos en este compuesto, como el té verde o el vino tinto. Los polifenoles son unas sustancias que parece que interfieren en la oxidación prematura de las células y que actúan en la prevención de determinados tipos de cánceres, la degeneración macular y las enfermedades degenerativas del sistema nervioso.

Ácidos orgánicos: como el ácido cítrico y el ácido málico, que tienen acción desinfectante, alcalinizan la orina y potencian la acción antioxidante de la vitamina C. También favorecen la eliminación del ácido úrico y de sus sales a través de la orina; así, el consumo de granada es muy adecuado en los casos de hiperuricemia (gota) o litiasis renal por sales de ácido úrico.

Taninos: son sustancias astringentes y antiinflamatorias. Una de las funciones que tienen es la de desinflamar la mucosa intestinal (la capa que tapiza el interior del conducto digestivo), que puede resultar muy útil en caso de enfermedades irritativas. Los taninos se localizan sobre todo en la corteza (malicorium) y en las paredes internas y tienen un sabor áspero y amargo.

Cambios vitales

La granada se ha utilizado en medicina tradicional en los cuidados de regeneración y limpieza interna, así como por los numerosos beneficios que tiene en el tratamiento de diversas patologías:

El famoso médico de la antigüedad griega Hipócrates (460 a.C.) ya la recetaba para tratar las afecciones del aparato digestivo, curiosamente en la misma línea que la medicina tradicional china, para fortalecer las encías y para aliviar las úlceras bucales, entre otras cosas.

Las gárgaras con zumo de granada ayudan a mejorar la tos seca y, además, como hidrata mucho -ya que tiene un contenido bastante alto en agua-, es eficaz en caso de fiebre, diarreas y cólicos (utilizando solo los granos, sin las paredes blancas).

Las fibras insolubles de las paredes blancas de la granada se han utilizado tradicionalmente para tratar el estreñimiento. Se utiliza también como fruta vermífuga para eliminar los parásitos intestinales, ya que contiene alcaloides, que la hacen especialmente efectiva.

Como se cocina

El sabor de la granada varía según la variedad o el punto de maduración: puede tener desde un sabor algo insípido o ligeramente dulce hasta un punto amargo e incluso áspero.

La fruta se come natural, grano a grano, apartando la piel y las láminas blancas y amargas que separan las celdas. A la hora de comprarlas, conviene elegir las granadas que tienen un color rojo oscuro casi marrón; cuanto más grandes sean más jugosa será la pulpa. La piel debe ser muy lisa y brillante, sin golpes ni marcas. Sabemos que la fruta es madura cuando emite un sonido metálico cuando hacemos presión.

Los granos de la granada también se pueden macerar con miel, zumo de limón o mosto de uva y tienen un sabor delicioso.

Un pequeño inconveniente de la granada es la dificultad para pelarla con facilidad, pero os proponemos dos sistemas que pueden ayudaros.

Uno consiste en cortarla por la mitad, coger una de las mitades, hacer un poco de presión para que se aflojen los granos y, sobre un plato, con el corte hacia abajo, dar golpes en la piel con el mango de un cuchillo grande mientras giramos la fruta con la mano.

Otro procedimiento es cortar la granada en cuatro gajos longitudinales (desde el cáliz hasta el pedúnculo), pero solo la piel que la recubre (es decir, intentando no hacer cortes profundos para no romperlos); separar estos grillos; desgranarlos con las manos y, a continuación, eliminar las pieles blanquecinas, que tienen un sabor amargo y astringente.

Cultivo ecológico, cercano y de temporada: la granada es una fruta típica de nuestro país, por lo tanto, podemos comprarla a un agricultor o frutería de confianza y obtener así todas las ventajas de un alimento acabado de cosechar.

Recetas básicas

La granada es una fruta que no admite muchas manipulaciones porque pierde frescura; por tanto, las recetas que os presentamos a continuación son sencillas y permiten mantener el potencial antioxidante de la fruta.

Nuestro chef Bernard Benbassat incorpora la granada en esta ensalada deliciosa:

Ensalada equilibrio

Además os proponemos este zumo antioxidante:

Zumo de naranja y granada

    • 1 granada
    • 4 naranjas
    • 1 limón
    • Azúcar de caña sin refinar y de comercio justo (mascabado o raspadura)

Pelar la granada y reservar los granitos con unas gotas de zumo de limón. Exprimir las naranjas y mezclar los ingredientes con una cuchara o bien pasarlos por la batidora. Si lo deseáis, podéis eliminar las semillas de la granada utilizando un tamiz y, si creéis que es poco dulce, se puede agregar una cucharada de azúcar de caña.

Resumen

La granada es una fruta de final de verano y principios de otoño con muchos antioxidantes, que nos ayudan a prevenir el envejecimiento y a preparar el cuerpo para las agresiones del invierno.

Montse Reus
Montse Reus

Dietista y Ambientóloga

    @montsereusdietista