En la antigüedad, el gazpacho era un combinado rústico que podía improvisarse en función de los alimentos que se tuvieran a mano, los trozos de pan presentes en la mesa harían el resto. Los componentes esenciales eran el aceite, vinagre, sal y pan, además de agua fresca y ajo. Hubo que esperar al siglo XIX para que el gazpacho se tiñera de rojo con la presencia del tomate, una de las hortalizas con las que el Nuevo Mundo enriqueció nuestra alimentación. Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, era granadina y a ella se atribuye poner de moda en Francia el gazpacho hacia 1850. Era un primer paso para su popularización en todo el mundo, donde compite con otras sopas frías, como la vichyssoise de puerros o la bortsch de remolacha, la sopa nacional de Rusia y Polonia. Con el tiempo fue ganando en ligereza, hasta convertirse en lo que hoy es el más universal de los platos andaluces. Hoy, hay gazpacho en Nueva York, París, Sidney o Tokio.

He querido traeros una de las hierbas aromáticas, que, aunque no muy conocida, es una de mis preferidas: el estragón o dragoncillo, que, con su intenso aroma, resulta ideal para perfumar cremas, salsas o incluso conservas o aceites. Además, tiene numerosas propiedades terapéuticas: combate la acidez, la hinchazón de estómago, las malas digestiones y las fermentaciones intestinales. Puede utilizarse incluso para quitar los dolores de muelas y para regular la menstruación. Es diurética, útil contra el reumatismo, la gota, así como para aliviar la artrosis. Podéis hacer maniluvios y pediluvios para aliviar la artrosis y el reuma infusionando un puñado de estragón en agua hirviendo y dejando reposar unos minutos.

En cuanto a las propiedades del tomate, cabe recordar que su color rojo intenso se debe al licopeno, un potente antioxidante que actúa protegiendo a las células del estrés oxidativo y que es más biodisponible cuando se toma con aceite. El licopeno, además de potenciar y proteger las diferentes funciones del aparato reproductor masculino, también ayuda a reducir el riesgo de cáncer gastrointestinal. Su consumo potencia el sistema inmunológico y regula la función intestinal, además de ser diuréticos y depurativos. Aprovechad que empieza su mejor época y buscad tomates que huelan dulces, intensos, un poco acres y incluso picantes. ¡No dejéis pasar esas maravillas de la naturaleza!

La receta

Ingredientes (3-4 raciones)

  • 2 tomates de pera
  • 8 tomates en rama
  • 10 tomates cherry
  • 1 pepino pelado y sin semillas
  • 1 pimiento rojo asado sin semillas
  • 1 tallo de apio
  • ¼ de guindilla roja
  • 2 dientes de ajo
  • 1 zumo de lima
  • Leche de coco
  • 1 puñado de cebollino fresco
  • 1 puñado de hojas frescas de estragón (reservar alguna para decorar)
  • 1 c.s. de aceite de oliva
  • Una pizca de sal marina
  • Una pizca de pimienta blanca

Preparación

  1. Triturar ligeramente los tomates en la batidora. Añadir el pepino, el pimiento, el apio y los ajos troceados, la guindilla, la sal y la pimienta y triturar de nuevo. Añadir el zumo de lima, el cebollino y el estragón y triturar unos segundos más hasta obtener la textura deseada; probar y corregir de sal si es necesario. Servir y añadir un chorrito de leche de coco y decorar con hojas de estragón.
  2. Tropezones: trocitos de verduras frescas para dar un toque crujiente como apio, cebolla tierna, calabacín, pimiento, pepino, rabanitos, germinados, manzana… o incluso un huevo cocido picado.

Que lo disfrutéis,

¡Mucha salud!

Cristina Arroyo
Cristina Arroyo

Dietista y naturópata