ajo

El ajo es rico en minerales

El ajo es uno de los condimentos aromatizados más utilizados en la cocina mediterránea. Descubrimos que, además de añadir un toque muy sabroso a los platos, también tiene efectos medicinales notables. Eso sí, siempre que lo consumamos crudo, aunque después el aliento nos delate. Veremos también como podemos evitar este intenso olor.

Parece que en la época egipcia ya se utilizaba como remedio contra los dolores de tripa. Los griegos hacían comer una cabeza entera cruda a los atletas antes de una competición, porque lo consideraban una fuente de fortaleza física. Así mismo, durante la edad mediana, se utilizaba como remedio contra la peste. Hay la leyenda de cuatro prisioneros condenados a muerte a los que se les prometió que les conmutarían la pena si enterraban los cuerpos de los muertos por esta enfermedad. Los prisioneros se alimentaron a base de vino con ajo, y por eso no enfermaron. Durante las dos guerras mundiales, el ajo se utilizó para tratar heridas, y luchar contra el cólera y el tifus.

Propiedades nutricionales

El ajo sorprende por su elevado contenido energético, gracias a la abundancia de proteínas y de hidratos de carbono en comparación con otras verduras. La cantidad ingerida, sin embargo, siempre es tan pequeña que esta curiosidad resulta irrelevante.

El ajo destaca por su riqueza en minerales: principalmente potasio, fósforo, magnesio, cinc y yodo.Y en el contenido vitamínico: destacaremos las vitaminas del grupo B (sobre todo la B1, B3 y B6), todas muy importantes para el buen funcionamiento del sistema nervioso. Y también en vitaminas antioxidantes como la C y la E.

Las propiedades saludables del ajo están asociadas a su contenido en principios activos ricos en azufre (alicina, entre otros): solo se forma alicina cuando trituramos o cortamos el ajo muy fino porque entran en contacto dos sustancias (la enzima alinasa y el sustrato alina), que se encuentran separadas por una membrana que se rompe al machacar el ajo. Los principios activos tampoco se forman cuando cocinamos el ajo porque destruimos una de las sustancias (la enzima alinasa). El principio activo alicina es el principal responsable de los efectos beneficiosos del ajo sobre el organismo que exponemos en el siguiente apartado.

Efectos sobre el organismo

El ajo tiene múltiples efectos beneficiosos –e incluso medicinales– sobre el organismo siempre que se consuma crudo:

Antibiótico, antimicótico y antivírico: el ajo es eficaz contra varios tipos de agentes patógenos, ya sean bacterias, hongos, virus y parásitos intestinales.
Antihistamínico (antialergénico): los ajos son ricos en antioxidantes, magnesio, vitamina C y su principio activo alicina, que tiene un efecto depresor de la reacción alérgica asociada a la psoriasis.

Anticoagulante, antitrombótico y hipotensor: la alicina tiene como principal compuesto el sulfuro de hidrógeno, que facilita la distensión de las membranas celulares vasculares, de forma que reduce la presión sanguínea y favorece la circulación. Además, parece tener una acción fluidificante de la sangre.

Reduce los niveles de colesterol: la acción reguladora del ajo sobre el hígado parece que logra reducir los niveles de colesterol totales.

Puede revenir determinados cánceres: la ingesta continuada de ajo a lo largo del tiempo podría prevenir la aparición de determinados tipo de cáncer, porque actúa bloqueando la formación de una sustancia –la nitrosamina– y también inhibe la acción de la bacteria Helicobacter pylori, que está asociada a una incidencia más alta de úlcera gastroduodenal y cáncer de colon.

Hay que tener en cuenta los efectos negativos siguientes:

El ajo se ha utilizado tradicionalmente de forma tópica para combatir las verrugas y las infecciones de la piel pero puede ser que utilizado de manera prolongada sobre la piel acabe provocando dermatitis de contacto (irritación de la piel).

No conviene que las personas con irritación de estómago tomen porque les puede estimular aún más el malestar.

Cambios vitales

Según la medicina tradicional china, el ajo es un alimento generador de calor y, por lo tanto, moviliza la energía del cuerpo, desbloquea los estancamientos de la sangre, reduce las coagulaciones y quita el frío.

Su contenido en azufre hace que tenga la propiedad de purificar el cuerpo y ayuda a eliminar los parásitos, los virus y los hongos. Estimula la circulación y la transpiración. En condiciones crónicas, se recomienda tomar el ajo con regularidad durante varias semanas, hasta que haya una mejora considerable.

A pesar de sus virtudes medicinales, según el MTC, también estimula excesivamente los deseos emocionales y, por lo tanto, no se recomienda para las personas que buscan un estado de refinamiento mental y espiritual. Tampoco se recomienda para personas con signos de calor (cara y ojos rojos, sensación de estar acalorado continuamente, aftas, deseo de bebidas frías, etc.).

Como se cocina

A la hora de comprar ajos secos, es preferible escoger los que se mantengan firmes al tacto y que no muestren vacíos en la superficie. Los ajos de más calidad son los que tienen la cabeza firme, sin brotes ni grillos verdes y con la piel seca. Conviene escoger las pequeñas, compactas y pesadas y rechazar los ajos amarillentos y vacíos, ya que es un indicio que están envejecidos.

Para evitar que repitan, podemos abrirlos por la mitad y retirar el brote que contienen, o bien mantenerlos en remojo durante una hora antes de utilizarlos. En cualquiera de estos dos casos, si lo que buscamos son sus propiedades medicinales, debemos ser conscientes de que habrán menguado.

Si queremos que el aliento no nos huela a ajo, podemos masticar hierbas frescas como menta, perejil, albahaca o tomillo. También se puede beber zumo de limón y tomar una cucharada de miel.

Cultivo ecológico, próximo y de temporada: el ajo es un producto tradicional de nuestra tierra. Por lo tanto, debemos fijarnos siempre en su origen y así daremos apoyo a los productores locales. Encontraremos ajos en el mercado durante todo el año, ya sea de la variedad blanca o la morada. La variedad de ajo tierno la podemos encontrar a finales de invierno y a principios de la primavera.

Recetas básicas

Os presentamos dos recetas, una de fresca para la temporada cálida del año y una bien caliente y preventiva de los resfriados para el invierno.

Sopa de ajo y tomillo para el invierno.

Receta extraída del libro Tratamientos naturales al alcance de todos. Sentido común, ciencia y filosofía oriental, escrito por las nuestras especialistas Olga Cuevas y Lucía Redondo. Por su naturaleza tibia y sabor picante, se utiliza para fluidificar las mucosidades y por sus principios activos, como desinfectante. Es adecuad en los procesos de gripe y resfriado habituales del invierno y en cualquier tipo de infección, especialmente de las vías urinarias y respiratorias.

Ingredientes

  • 1 litro de agua
  • 4 cucharadas soperas de ramita de tomillo
  • 1 cebolla grande a cuadraditos
  • 2 granos de ajo
  • 1 rebanada de pan integral tostado por persona
  • 1 cucharada sopera de oliva
  • 1 cucharada sopera de tamari (salsa de soja fermentada)

Elaboración

  1. Ponemos el agua en el fuego. Cuando hierva, añadimos el tomillo y lo dejamos a fuego suave durante cinco minutos. Después, dejamos reposar entre cinco y diez minutos.
  2. Mientras, salteamos una cebolla en una olla con un poco de aceite. Cuando esté blanda, añadimos la infusión de tomillo (dejando caer alguna hoja) y el tamari.
  3. En el fondo del plato de cada comensal ponemos una rebanada de pan integral tostado (o un tostada de arroz para los celíacos), frotada con un grano de ajo. Finalmente, servimos sobre esta rebanada la sopa muy caliente.

Ajoblanco fresco para el verano

Ingredientes

  • 200 g de almendras crudas
  • 1 trozo de pan seco
  • 4 granos de ajo
  • 4 cucharadas soperas de aceite de oliva
  • 2 cucharadas de vinagre de manzana
  • 2 vasos de agua fría
  • Sal y pimienta negra
  • Un puñado de granos de uva blanca por persona

Elaboración

  1. Hervir las almendras en agua durante cinco minutos para después escurrirlas y pelarlas. En un vaso de batidora, poner el pan remojado en agua, las almendras, los ajos, el aceite, el vinagre y los dos vasos de agua fría.
  2. Triturar todo hasta que quede una sopa fina.
  3. Poner al punto de sal y pimienta y servir frío, en tazas individuales, y decorado con cuatro granos de uva.

Resumen

El ajo es un poderoso desinfectante del organismo y además ayuda a mejorar la circulación sanguínea.

Montse Reus
Montse Reus

Dietista y Ambientóloga

    @montsereusdietista