El flúor es un mineral que refuerza la matriz ósea y dental. Como todos los oligoelementos o elementos traza, solo necesitamos ingerirlo en pequeñas cantidades, que cubrimos con creces con una alimentación equilibrada. Encontramos flúor de forma natural en el pescado, el marisco y el té.

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Principales beneficios atribuidos al flúor

Los compuestos fluorados, como la pasta dental, previenen la caries gracias a los siguientes mecanismos:

  • Frenan la placa bacteriana, inhibiendo la capacidad para producir ácidos que debilitan los dientes y los desmineralizan.
  • Favorecen el depósito de minerales durante el período de pH neutro, reforzando el esmalte (remineralización) de los dientes y evitando la caries. Pero la acción primordial preventiva es por la presencia continua de niveles bajos de flúor en la boca después del lavado, ya que disminuye el umbral de la desmineralización.

Preguntando al Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Cataluña (COEC) la opinión que tienen respecto al flúor, su secretario, el Dr. Elias Casals, me ha remitido al documento que tienen como referencia en toda España: “La guía de práctica clínica para la prevención y tratamiento no invasivo de la caries dental”, de la que es coautor. Podéis hacerle un vistazo y veréis toda la justificación del uso de los productos fluorados con tablas de recomendaciones para antes y después de los 6 años, según si se tiene un riesgo alto o bajo de padecer caries con diferentes indicaciones. En algunos casos se combinan diferentes formatos: pasta de dientes, geles, barniz, colutorio, etc. Al final de todo, veréis que ha sido financiada por Colgate-Palmolive España. Sus autores, sin embargo, declaran que no tienen conflictos de intereses y que sus opiniones son libres y no están condicionadas por la marca. Ya hacia los años 80, estudios financiados por Colgate en Estados Unidos contribuyeron a usar el flúor en consultas dentales.

Posibles inconvenientes del flúor

Los beneficios del flúor se cuestionan desde los inicios, ya que entre los sectores más críticos se considera un rechazo de la industria difícil de reciclar y se le dio salida a través del agua fluorada. Además, se dice que era un instrumento para convertir la población en seres más dóciles y obedientes.

En cualquier caso, en los años 40, los Estados Unidos deciden fluorar el agua potable justificando que es una medida preventiva de salud pública para evitar la caries. A finales de los años 60, se extiende a los productos de higiene bucal. Hoy en día también existe la sal fluorada, chicles con flúor, aguas minerales con dosis extra de flúor o las sartenes con teflón (politetrafluoroetileno), que cuando están rayadas van desprendiendo flúor.

El riesgo-beneficio del flúor tiene un margen muy estrecho. La Guía apunta a que antes de prescribir productos fluorados debe valorarse su disponibilidad, ya que un exceso de flúor en el momento de formación de los dientes y las encías (hasta los 8 años) provoca unas manchas blancas opacas llamadas fluorosis dental que las hace más débiles y quebradizas. La fluorosis se agrava cuanto más contacto haya con el flúor (sobre todo por el consumo de aguas fluoradas). Como decía Paracelso: “Nada es veneno, todo es veneno. La diferencia está en la dosis”.

La misma Guía explica que a la hora de usar las pastas de dientes fluoradas se deben tomar unas precauciones, especialmente en menores de 8 años. La legislación española no obliga a poner la concentración de flúor, por lo tanto, tenemos que controlar la cantidad de pasta que ponemos sobre el cepillo: usar el tamaño de un guisante para niños de 3 a 6 años y de una lenteja en menores de 3 años. Nada que ver con la imagen que tenemos de los anuncios de pastas dentales que ponen una “ola” que ocupa todo el cepillo. Por este motivo, la Guía dice que se debe mostrar la dosificación correcta a los padres, ya que estos tienen tendencia a “sobredosificar”. También debemos vigilar los más pequeños para que no se traguen la pasta. En Estados Unidos, desde el año 1997, las pastas dentales con flúor están obligadas a poner una advertencia de riesgo de toxicidad.

La fluorosis dental es la consecuencia más evidente y fácil de relacionar con un exceso de flúor, pero puede ser un indicador de un daño más amplio:

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Como dice el reconocido Dr. Joseph Mercola: “¿Si te mata en grandes dosis, no es razonable pensar que en dosis más pequeñas, probablemente, no es una buena elección?”

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Alternativas saludables

Reducir la caries al flúor es un error. Si hay caries de repetición se debería revisar si la dieta es rica en azúcares, si el cepillado es correcto o el pH de la saliva (si lo tenemos ácido hará proliferar el Streptococcus mutans, la bacteria que forma la placa dental). Por tanto, no se trata tanto de buscar un sustituto del flúor, sino de mejorar el terreno de la persona haciendo prevención antes de que aparezca la caries.

Los odontólogos de la línea más holística-naturista no tienen claro cuál puede ser el gran sustituto del flúor. Los hay que para evitarlo usan xylitol (polialcohol) o derivados de la caseína (proteína de la leche), pero otros dicen que lo de menos es el flúor, en relación con la caries. Por lo tanto, no usan ningún sustituto, sino que dependiendo de cada paciente usan estrategias para mejorar su terreno, como por ejemplo la homeopatía, las sales de Shulsser o la oligoterapia catalítica.

¿Qué podemos hacer en casa? Elegir una pasta de dientes tan natural como sea posible y libre de flúor. En tiendas de productos naturales o herbolarios podéis encontrar de varias marcas y presentaciones: pasta, polvo o aceite.

Si aún sois más puristas podéis hacer vuestras  propias pastas dentales. A continuación os propongo algunos ingredientes interesantes para la salud dental:

  • Arcilla blanca: limpiadora, alcalinizante, desinflamatoria y remineralizante.
  • Clave: antiséptico y analgésico suave. Se puede poner directamente un clavo de olor si hay dolor.
  • Tomillo: Antiséptico y cicatrizante para prevenir infecciones y llagas. También nos servirá para encías sangrantes.
  • Mirra: Antimicrobiana, para infecciones bucales.
  • Aceite de coco virgen extra: antibacteriano y antifúngico. El ácido láurico previene la caries y el sarro.
  • Aceite esencial de menta: aromatizante fresco y antiséptico.
  • Aceite esencial de orégano: es un antibiótico natural apto para uso interno.
  • Propóleos: Refuerza las propiedades antisépticas y cicatrizantes. Muy útil en caso de aftas y flemones.
  • Salvia: Antiséptica, cicatrizante, analgésica y tónica.

Además, podéis enjuagaros con agua de mar (1 parte) reducida con agua natural (4 partes) a modo de colutorio para alcalinizar el pH ácido de la boca, infusión de tomillo si hay alguna infección o podéis hacer una limpieza profunda con aceite de coco.

El bicarbonato de sodio es muy útil para blanquear los dientes, pero mejor no usarlo de manera habitual porque es muy abrasivo y puede dañar el esmalte.

Flúor, más allá de las pastas de dientes

En relación con la caries, hay que aclarar que el flúor solo funciona en el terreno tópico. La misma Guía indica que ya está descartado el efecto preventivo en el terreno sistémico: “el posible efecto es mínimo y el riesgo de reacciones adversas es más elevado”. Por tanto, no tiene sentido que se incorpore al agua potable como medida preventiva contra la caries. Todo lo contrario, el flúor que se añade al agua (también en la pasta de dientes) es fluoruro de sodio que se acumula en el organismo y causa problemas.

El Dr. Casals, secretario de COEC y coautor de la Guía afirma: “Con cualquier flúor que se ingiera hay riesgo. No es el vehículo utilizado sino el total ingerido”.

Después de 75 años de fluorar las aguas en Norteamérica, se puede valorar las consecuencias negativas de la fluorización y la realidad es que en EE.UU. están en una fuerte lucha por abandonar esta práctica  y muchos países de Europa han dejado de hacerlo por precaución. En España, si bien es una práctica que está poco extendida, no está prohibida y depende de la decisión de cada municipio.

Para más información:

 

Lluca Rullan

Periodista y dietista integrativa

Lluca Rullan

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