La diferencia principal entre un cosmético convencional y uno ecológico es el origen de los ingredientes (naturales o sintéticos) y su calidad (sistema de producción y transformación).

Es muy importante dejar de usar cosméticos convencionales porque contienen moléculas tóxicas (xenoestrógenos) con una estructura similar a los estrógenos y que pueden confundir al organismo. Se dice que actúan como disruptores endocrinos porque activan los receptores de estrógenos y crean alteraciones hormonales que afectan desde su fabricación hasta su eliminación.

La exposición a tóxicos ambientales, como la cosmética, pueden desencadenar diversas enfermedades: sensibilidad química múltiple, alteraciones de tiroides, enfermedades autoinmunes, enfermedades degenerativas, fatiga crónica, fibromialgia, infertilidad, diabetes, alteraciones neurológicas y cáncer.

Aunque se argumente que en la cosmética convencional hay ingredientes tóxicos en cantidades ínfimas, su uso diario hace que algunos acumulen en el organismo. No hay una dosis segura, porque no se ha estudiado qué sucede cuando se combinan varios tóxicos, que es lo que se conoce como efecto cóctel.

Por otra parte, hay ingredientes que quizás no representan un riesgo directo para la salud, pero que contaminan el medio ambiente porque no se degradan fácilmente: se acumularán en ríos y mares y, finalmente, nos llegarán a través de la cadena alimentaria.

Cómo hacer la transición y por qué productos empezar

No hay que tirar todos los cosméticos que tenemos en casa, pero sí es importante irlos sustituyendo a medida que se vayan terminando. Podemos empezar por los de uso diario para evitar el contacto continuado con los componentes tóxicos.

  • Cremas de cara: nos las ponemos dos veces al día, de día y de noche.
  • Desodorante: podemos elegir el formato que más nos guste, ya sea spray, roll-on o crema.
  • Gel de baño: aunque nos aclaremos, hay tóxicos que penetran en la piel y es un básico diario muy fácil de sustituir.
  • Pasta de dientes: nos limpiamos los dientes al menos dos veces al día y es importante que la pasta sea ecológica.
  • Leche o aceite corporal: la leche también tiene aceite en su formulación, que hace que penetre en la piel más que las fórmulas acuosas.

Y aunque no sea de uso diario, ahora que viene el verano podemos aprovechar para comprar un protector solar ecológico.

La línea capilar suele ser más complicada y hay que tener paciencia. Seguramente lo que cuesta es el champú, ya que los ecológicos no tienen Sodium Lauryl Sulfate, que es una base detergente para hacer espuma. El pelo necesita un tiempo de transición porque, al principio, queda como un estropajo y mucha gente se rinde. Quizás tendremos que probar más de uno hasta encontrar el que nos va bien. Con la crema suavizante también hay que hacer pruebas.

Podemos dejar para una segunda fase productos más específicos y que no son de necesidad diaria como el maquillaje, mascarillas capilares o exfoliantes, entre otros.

Lavado de imagen verde

¿Y la cosmética natural? En el mercado, hay muchísimas marcas que practican el lavado de imagen verde, o greenwashing, y que destacan que tienen ingredientes naturales y muestran imágenes de frutas, flores o plantas. Abusan del verde y de la naturaleza para hacernos creer que estamos comprando un cosmético inocuo. No nos tenemos que dejar engañar por reclamos publicitarios como 100% natural, cosmética vegetal, cosmética natural, con ingredientes bio u orgánicos.

No basta con comprar cosméticos naturales por varias razones:

  • Que tengan ingredientes naturales no significa que sean seguros; cómo se han cultivado y cómo se han transformado estos ingredientes también es importante.
  • Pueden tener ingredientes naturales y/o ecológicos, incluso en proporciones elevadas, pero el porcentaje restante puede contener todos los ingredientes químicos que queremos evitar: parabenos, derivados del petróleo, vaselinas, siliconas, sulfatos o aluminio.
  • El embalaje también cuenta: debe ser reciclado o reciclable.

A diferencia de la alimentación, la cosmética ecológica no está regulada y palabras como natural, ecológico, bio u orgánico no están protegidas. Pueden destacar que hay un ingrediente bio y no mentirán, pero podemos caer en la trampa de creer que es un producto eco cuando en realidad no lo es.

Para saber diferenciar un cosmético ecológico hay que saber leer las etiquetas. Nos podemos ayudar de las certificadoras privadas (Ecocert es una de las más conocidas) como punto de partida, pero cada sello tiene normas propias y la única garantía es saber interpretar el listado de ingredientes INCI. Hablaremos de la interpretación de las etiquetas en el artículo siguiente.

Lluca Rullan

Periodista y dietista integrativa

  @llucarullan   @llucarullan
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