Aromáticas albahaca y menta combinadas con la intensidad del picante jengibre y la dulzura de las deliciosas chalotas. ¿Es posible que una simple sopa pueda tener el inmenso poder de detoxificar y reconstituir a la vez? ¡Pues sí! ¡Os aseguro que solo el aroma que desprenden las chalotas y el apio en el aceite de coco cura todos los males!

No desaprovechéis la oportunidad de comprar chalotas si las encontráis en el mercado, son muy aromáticas y os sorprenderán con un sabor suave, dulce y delicado que está entre la cebolla y el ajo. Proceden de Asia Central y parece que el origen de su nombre está en la ciudad de Israel en la que se cultivaba: Ascalón. Actualmente se cultivan en muchos países, y en cada uno se valora una variedad, por ejemplo, en Francia prefieren la chalota de forma alargada (que es la que utilizado en esta receta), mientras que en los Países Bajos cultivan mucho más las chalotas redondas. Son muy apreciadas tanto en la cocina tradicional como en la cocina más gastronómica. Aquí son más típicas en Navidad para acompañar asados, pero por si solas son todo un placer.

Del resto de ingredientes, solo deciros que seguro que ya forman parte de vuestra despensa diaria y que el truco de esta sopa no es otro que agrupar el poder de hojas verdes llenas de clorofila. Como ya sabréis, la clorofila es uno de los compuestos químicos fundamentales de todas las plantas; esta biomolécula no solo es la responsable de color verde que tienen la mayoría de los integrantes del reino vegetal, sino que también es la principal involucrada, junto con la luz, en el proceso de fotosíntesis, por el cual las plantas se nutren. Las hemoglobinas son las moléculas responsables del color rojo de la sangre y de transportar el oxígeno y tienen una estructura muy similar a la de la clorofila, excepto por la de su átomo central: en la hemoglobina está compuesto principalmente por hierro y en la clorofila por magnesio, de allí que se denomine la clorofila como “la sangre de las plantas”.

Consumir clorofila con regularidad ayuda a oxigenar la sangre y a aumentar la producción de la misma; y como la principal función de la hemoglobina es transportar oxígeno, si ésta aumenta, las células estarán mejor oxigenadas y, como consecuencia, los órganos y, sobre todo, el corazón se verán muy beneficiados. La abundancia de oxígeno favorece la detoxificación del organismo. Se ha demostrado que ayuda a prevenir efectos nocivos de la exposición a la radiación. Además, es capaz de unirse con los metales pesados y favorecer su eliminación. Favorece también la regulación de los niveles de colesterol, la limpieza del colon y la proliferación de la flora bacteriana beneficiosa, y ayuda a evitar enfermedades graves, como el cáncer.

La mejor forma de incluir la clorofila en la dieta es consumir vegetales verdes frescos y ecológicos; y cuanto más verdes mejor. Algunos de los que aportan mayores cantidades son: espinaca, lechuga, acelga, berro, col rizada, rúcula, perejil, cilantro… También algunas algas, como la espirulina o la Chlorella, poseen grandes concentraciones de clorofila; así como algunos brotes, como la hierba de trigo. Yo siempre recomiendo adquirir el buen hábito de consumir a diario hojas verdes en forma de ensalada, de batido o de cremas. Pero si os cuesta mucho incluirlas en la dieta, os aconsejo empezar por un suplemento de clorofila líquida de un herbolario de confianza y, poco a poco, descubrir recetas tan intensas como ésta para que no os falte la milagrosa biomolécula regeneradora de vida y que, de forma natural y desinteresada, nos ofrecen los vegetales.

La receta

Ingredientes (3-4 raciones)

  • 3 c.s. de aceite de coco
  • 3 chalotas en rodajas
  • 1 trozo de apio
  • 1 l de caldo de verduras
  • 500 g de guisantes congelados
  • 300 g de espinacas
  • ½ c.p. de jengibre rallado
  • 1 diente de ajo picado
  • 4 o 5 hojas de menta
  • 4 o 5 hojas de albahaca
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal marina y pimienta
  • Chips de coco
  • 150 g de quinoa (opcional)

Preparación

  • Cocinar la quinoa y reservar (opcional si se desea un aporte extra de proteína).
  • Saltear en el aceite de coco las chalotas y el apio cortado, añadir sal y pimienta y cocinar hasta que se ablanden.
  • Añadir el caldo de verduras y llevar a ebullición. Añadir los guisantes, las espinacas, el jengibre, el ajo y cocinar a fuego lento durante unos cinco minutos.
  • Retirar del fuego antes de añadir la menta y la albahaca y un chorrito de aceite de oliva.
  • Pasar por la batidora hasta encontrar la textura que más guste. Añadir la quinoa antes de triturar o ponerla por encima después y decorar con chips de coco tostado (en la sartén sin aceite y tostar hasta que cojan color marrón, pero con mucho cuidado de que no se quemen).

Que lo disfrutéis,

¡Mucha salud!

Cristina Arroyo
Cristina Arroyo

Dietista y naturópata