Me encanta probar recetas con la calabaza, en invierno y en verano; recetas dulces o saladas, cocinada o cruda, en cremas o en ensaladas. Cuanto más pruebo con ella más me sorprende. La tengo siempre en la cocina y nunca me falla y, además, si la compráis entera, permanece intacta durante tiempo y decora la cocina. Como entrante o guarnición, en la comida o en la cena, la calabaza se convertirá en la mejor compañera de una dieta ligera, sana y equilibrada. Porque el sabor no está reñido con la figura ni la buena alimentación requiere complicaciones en la cocina. La base de la receta de hoy es calabaza al horno; por sí sola está deliciosa, pero además os va a servir como guarnición o complemento para otros platos o como plato principal.

He utilizado dos tipos de calabazas que tenía por casa: la variedad Potimarron, de piel muy anaranjada, con forma ligeramente de pera y con un sabor que recuerda en cierto modo al de la castaña (no en vano marron significa “castaña” en francés). La otra variedad es la Butternut o cacahuete: de un color mas apagado, entre naranja y amarillo, tiene sabor a frutos secos con notas de nuez moscada que la hacen ideal para preparaciones dulces o cremas especiadas. Para mi gusto, las dos son deliciosas. El asado de este tipo de calabazas permite concentrar mucho mas su intensidad de sabor, pero independientemente de su forma de elaboración, aportan numerosos beneficios: son aliadas en el cuidado de piel y la vista, son bajas en grasa, depurativas y antiinflamatorias. Y, además, importante para estos días, gracias a su acción suavizante y protectora de la mucosa del estómago, está indicada en casos de acidez de estómago, digestiones difíciles o gastritis.

En los recetarios de la gastronomía mediterránea hay ingredientes comunes que cada cocina interpreta haciéndolos genuinamente suyos. Esto es lo que sucede con nueces y piñones, dos productos consumidos prácticamente en todos los países mediterráneos de las dos orillas, creando platos muy distintos, aunque compartiendo el mismo espíritu. La nuez, fruto del nogal, posee una rica composición en nutrientes, que le confieren excelentes propiedades especialmente para la salud cardiovascular gracias a su alto contenido en proteínas, vitaminas del grupo B, aminoácidos esenciales como la lecitina y aceites en la forma de ácidos grasos omega-3.

Cuenta una leyenda oriental que el sultán de Constantinopla se desmayó de placer degustando un plato de berenjenas rellenas de tomates y piñones. El piñón, además de poseer un agradable sabor, destaca por su aporte de proteínas, que puede llegar hasta el 20% de su peso. Los soldados romanos llevaban piñones como parte de sus provisiones, pues además de brindarles un gran aporte proteico, les ofrecían la energía necesaria para continuar con el esfuerzo y un 50% de grasas de buena calidad, ya que predominan los ácidos grasos mono y poliinsaturados. Su gran aporte de proteínas, sus grasas saludables y la gran concentración de vitaminas y minerales junto a su contenido en fibra, convierten al piñón en un alimento ideal para los vegetarianos y personas que realizan un ejercicio físico intenso.

Uno de los ingredientes imprescindibles de mis salsas saludables es la tahina; más allá del hummus, acaba sorprendiendo siempre. Es la pasta que se obtiene de triturar las semillas de sésamo y aporta grasas insaturadas (alrededor de un 55%), entre ellas la lecitina (más que la soja), hierro, proteínas, calcio, zinc, fibra… Es una pasta muy nutritiva y con un gran aporte de energía; se puede untar tal cual en el pan o servir de ingrediente en otros platos, por lo que resulta una alternativa muy saludable a la mantequilla o la margarina. Aquí os dejo una receta con una combinación deliciosa, picante, de textura cremosa y crujiente. Estoy segura de que desaparecerá de la mesa en cuanto la sirváis y sorprenderéis incluso a los paladares más exigentes. ¡Y no os preocupéis ni por las calorías ni por la digestión!

La receta

Ingredientes:

  • calabaza (yo he utilizado media Potimarron y media cacahuete)
  • aceite de coco
  • tahina
  • agua mineral
  • 2 dientes de ajos picados
  • el zumo de un limón
  • 1 pizca de pimienta de cayena
  • 1 pizca de pimentón (y un poco más para adornar)
  • 2 c.s. de nueces (aprox.)
  • 3 c.s. de piñones (aprox.) tostados
  • 1 manojo de hojas de cilantro picadas

Preparación:

  1. Precalentar el horno a 190 ºC. Cortar las calabazas en rodajas de 1 cm retirando todas las semillas. Distribuir en una bandeja de horno y rociar con el aceite de coco. Asar unos 30 minutos o hasta que esté tierna.
  2. Para preparar el aliño: mezclar la tahina con el zumo de limón y añadir unas 6 cucharadas de agua para aligerar la mezcla. Calentar un poco de aceite de coco en una sartén y dorar los ajos, la pimienta y el pimentón. Añadir la mezcla de tahina durante un par de minutos hasta que la mezcla espese. Servir en una fuente la calabaza asada, añadir un poco de salsa por encima y espolvorear con las nueces picadas, los piñones, las hojas de cilantro picadas y un poco de pimentón.

Que lo disfrutéis,

¡Mucha salud!

Cristina Arroyo
Cristina Arroyo

Dietista y naturópata