Sabemos que el protocolo autoinmune (conocido con las siglas AIP) puede ser duro. Eso no vamos a negarlo. Pero también sabemos que los esfuerzos tienen su recompensa y que la recompensa puede ser muy grande.

Vivir sin energía, con malas digestiones, con un peso inadecuado, dolor articular, ansiedad, caída de cabello y muchos otros síntomas puede llegar a convertir el día a día en un infierno. Pero llega un momento en el que hay que poner remedio porque no vale la pena sufrir a diario. Pero, ¿es necesario seguir una dieta restrictiva?

Puede que tengas una enfermedad autoinmune o que haga años que vivas con un malestar constante sin encontrar el origen de tu problema. Tener una enfermedad autoinmune no es agradable, pero tener un diagnóstico te permite tomar cartas en el asunto.

Las enfermedades autoinmunes son una oportunidad para ofrecer las mejores soluciones para nuestro cuerpo y comprender qué necesita para encontrarse bien. Nuestro organismo nos manda señales sobre lo que es bueno y lo que no lo es para nosotros y eso nos permite poder actuar. Y, es cierto, hay que tomar consciencia, porque a veces resulta realmente complicado leer entre líneas y comprender qué nos está queriendo decir. Pero se puede.

Hoy quiero desmontar todas esas razones (o excusas) que vamos encontrando para postergar el momento de poner remedio a nuestro malestar para que veas que tu situación puede cambiar y que el camino no es tan duro como crees.

1-“Me he acostumbrado a encontrarme mal”

Tendemos a normalizar el malestar. Para mí es inquietante. Me ha pasado varias veces que me he topado con personas a las que les he preguntado cómo van al baño (esto quizás también te resulte inquietante, pero cuando te dedicas a la alimentación al final este tipo de conversaciones forman parte de tu día a día) y me dicen que bien.

Pero después, cuando seguimos conversando un poco más, me doy cuenta de que van cada 2 o 3 días, que hacen bolitas de cabra o que van a diario, pero lo hacen de forma medio líquida, que se levantan con cansancio, que tienen la libido baja, que les cuesta agacharse porque les duelen las articulaciones… y creen que eso debe ser así, porque se han acostumbrado a vivir de esta manera. Pero les digo que no, que eso no es normal y que se puede poner remedio a esa “forma de vivir y ese malestar consensuado”.

2-“No puedo cambiar mis hábitos”

Es curioso de qué forma nos autoboicoteamos y nos ponemos creencias limitantes que nos impiden cambiar la percepción que tenemos de nosotros mismos, de cómo nos podríamos encontrar o que no nos dejan alcanzar aquello que queremos.

Al final, es la forma sencilla de enfrentarnos a las cosas y de conformarnos con lo que nos ha dado la vida. ¿Conoces a la típica persona que siempre tiene una excusa para todo? “Yo no puedo hacer deporte porque no tengo tiempo, no puedo comer bien porque comer bien es muy caro, no pierdo peso porque me engorda el aire, etc.”

Al final, aunque suene duro decirlo, ese es el camino fácil. Y el problema es que este camino nos hace entrar en un bucle negativo del que resulta muy complicado salir. Por eso es importante enfrentarnos a nosotros mismos y decirnos que sí, que podemos cambiar y hacerlo por nuestro bien.

3-“El protocolo AIP es demasiado exigente para mí”

Cuando me viene a consulta algún paciente con alguna enfermedad autoinmune, reviso su caso y veo que el protocolo autoinmune (AIP) es la dieta más adecuada para su caso, siempre le pongo en preaviso.

“Te voy a dar unas pautas que te van a parecer imposibles de seguir”, les digo, “pero ¡no apuntes nada en tu hoja!”. En ese momento ya suelen estar nerviosos anotando todo lo que no van a poder comer. Antes de decir que no puedes hacerlo espera a verlas, porque así verás que eres capaz. Y si necesitas que nos adaptemos a tu caso y hagamos los cambios de forma más lenta, así lo haremos (últimamente me he vuelto más benevolente y permito a mis pacientes incluir pan de trigo sarraceno para facilitarles las mañanas). Cuando alguien te facilita el camino, te da opciones y alternativas, al final la senda siempre es mucho más sencilla.

4-“Es tan restrictivo, que no puedo compaginarlo con mi vida familiar o amistades”

Mira la fotografía del plato de pollo envuelto en beicon y relleno de pesto. ¿Te parece un plato restrictivo? ¿Es un plato al que el resto de la familia no le apetecería ni probar? El AIP elimina alimentos, es cierto, pero en esta forma de alimentarse tienen cabida platos muy sabrosos, deliciosos y que, te lo aseguro, gustarán a todos los de tu alrededor. De hecho, no es la primera vez que un paciente me dice: “¿Te puedes crees que mi pareja ha estado comiendo lo mismo que yo y ni se ha dado cuenta de que esta forma de alimentarse formaba parte de una dieta?”

El cambio de alimentación y estilo de vida que implica el AIP es grande. Pero te aseguro que cada esfuerzo vale la pena. Puedes compartir deliciosas recetas AIP con tu familia y tus amigos, llevar un táper o proponer otras maneras de quedar que no estén relacionadas con la comida, por ejemplo.

Tal vez te sea complicado al inicio, pero cuando vean tus mejoras es posible que vuelvan hacia ti con mil preguntas ¡e incluso se suban al carro contigo al ver tu mejoría!

5-“No sé qué comer en el desayuno”

¡Una pregunta estrella entre los pacientes! La comida de la mañana no tiene que ser un sustituto del desayuno de siempre. Sí, sé que es doloroso al principio, pero te sorprenderás.

También me ha pasado que algunos luchadores deciden directamente desayunar una ensalada con un poco de caballa y una taza de caldo de huesos. Pero eso no los convierte en mejores ni en peores personas, cada uno de nosotros tenemos nuestro proceso y debemos aceptarlo (aceptar no quiere decir volvernos inactivos y no hacer nada por cambiarlo). Al final, este camino debemos verlo como una ventaja y una oportunidad para cambiar nuestra situación. No debe convertirse en un estrés más.

6-“¿Vivir sin pan, sin pasta y sin arroz?”

Cuando a alguien se le pregunta qué alimento es el que más le costaría dejar de consumir, muchos piensan directamente en el pan o cualquier plato con harinas o cereales. En AIP prescindimos de ellos y debes saber que existen alternativas para sustituirlos, lo cual facilita mucho las cosas y nos puede ayudar a pasar el mono de los primeros días lo mejor posible, hasta que nos acostumbremos a comer otros alimentos más interesantes.

7-“No merece la pena tanto sacrificio”

El protocolo autoinmune es una dieta muy restrictiva, pero te aseguro que no es tan dura como te crees.

“No tengo hambre entre horas”, me decía Laura, “me siento con energía, me ha bajado el dolor articular, voy genial al baño y me siento relajada”.

“Oye, pues es mucho más fácil de lo que creía seguir esta alimentación”, me comentaba Núria. “Lo que más me costó al principio fueron los desayunos. Pero desde que me he acostumbrado ya no concibo la idea de tomarme una tostada con mermelada o un croissant a la hora de desayunar. Y ¡me siento de maravilla!”

“He encontrado una especie de paz mental, pero ¿eso está relacionado con la alimentación?”, me preguntaba Andreu, sorprendido. “Sí, la alimentación te puede generar esta sensación de bienestar”, le contestaba yo. Al final, al reducir el consumo de muchos alimentos inflamatorios, excitantes y azúcares simples, entre otras cosas, tu energía se estabiliza y, en consecuencia, tu mente también descansa y se encuentra en paz.

El protocolo autoinmune es uno de los caminos que puedes tomar. Un camino que será más o menos largo según tu estado de salud, pero que te puede ayudar a entender qué es lo que no acaba de funcionar para ti y que te descubrirá nuevas formas de alimentarte. El cambio de alimentación y estilo de vida que implica el AIP es grande. Pero te aseguro que cada esfuerzo vale la pena. Encontrarse bien es la gran recompensa del protocolo autoinmune.

Sé proactivo con tu salud y, si fracasas, no te rindas; de todos los errores podemos aprender. Lo importante es seguir adelante y encontrar tu camino.

8- El poder de sentirse acompañado en un cambio de hábitos

Un cambio de hábitos de estas características requiere de una toma de consciencia muy grande y, aunque se tenga toda la voluntad del mundo, es normal fallar durante los primeros intentos. Sobre todo si lo haces solo. Trata de contar tu intención a aquellas personas de tu entorno (pareja, familiares, amigos o compañeros de trabajo) que sepas que van a ser un apoyo en este proceso. Si no encuentras el apoyo que te gustaría o quieres realmente compartir este proceso con más personas que están pasando por exactamente lo mismo que tú, te animo a que eches un vistazo al “Reto AIP“. Donde tendrás la comunidad que necesitas para tu éxito. Puedes ver toda la información en el botón verde de aquí abajo.

Descubre si AIP es para ti

¿Qué es el procotolo autoimmune?

El protocolo autoinmune (AIP) es un método muy famoso y conocido en Estados Unidos por su capacidad para ayudar al sistema inmune a mejorar en enfermedades autoinmunes como la psoriasis, diabetes tipo I, artritis reumatoide, enfermedad de Crohn, hipotiroidismo y para mejorar estados de ansiedad o depresión, entre otros.

Si te encuentras siempre mal, con cansancio permanente, tienes malas digestiones, te cuesta perder peso, se te cae el pelo, te duelen las articulaciones o se te hace un mundo levantarte por las mañanas y no encuentras solución para tu malestar, quizás tu cuerpo te está pidiendo un cambio de hábitos.

Seguro que has experimentado alguna vez que en compañía todo sabe más bueno y hasta parece más fácil. Sentirse acompañado en este camino de mejorar tu salud también es clave. Lo he corroborado tras visitar a muchos pacientes con hipotiroidismo, psoriasis, artritis y muchas otras enfermedades autoimmunes. El “Reto AIP” puede ser un aliado para mejorar tu sintomatología. Me gustaría mucho verte dentro y poder ayudarte. Consulta más información aquí.

 

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Glenn Cots

Dietista y divulgadora de nutrición y recetas saludables en glenncots.com

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