Si os asustan los anglicismos, no desconfiéis. El mindful eating no es una tendencia de última hora destinada a pasar de largo ni ha sido inventada por ningún gurú con el objetivo de ganar fans, seguidores o clientes. No. Alimentarse conscientemente es uno de los pilares fundamentales de filosofías tan tradicionales y milenarias como el Ayurveda o la medicina tradicional china, que, desde siempre, han dado la misma importancia a lo qué comemos que a cómo lo hacemos. Según estos sistemas de salud holística, no fijarse lo suficiente en la forma en la que nos alimentamos, al entorno y a la situación que ocurre, suele ser una de las claves que explican las malas digestiones, la ansiedad, el sobrepeso y algunas emociones como la culpa, la vergüenza o el miedo en relación con la comida.

Por ello, el concepto –que a algunos quizá os suena muy moderno– no es ningún invento, y apela, como el mindfulness, al aquí y al ahora, a lo que está pasando en este preciso momento, a la hora de comer. Porque, aunque nos cueste reconocerlo, somos muy pocos los que lo hacemos bien. Hay muy pocas personas y familias que comen sin mirar la tele y sentadas en la mesa, y aún hay menos que se esfuerzan en comer despacio, dejando el tenedor sobre el plato entre bocados y focalizándose en el sabor de los alimentos. Y de todo esto trata el mindful eating, de cómo poder crear una relación saludable con la comida, convirtiendo la comida en un ritual en vez de un acto impulsivo sin más trascendencia. Por eso también se dice que el mindful eating es la no dieta, porque se preocupa del control de las emociones, sobre todo, del hambre que no es hambre.

Y parece obvio y de sentido común, ¿verdad? Pues lo que parece tan fácil a la teoría, acaba llevándose bien poco a la práctica. ¿Os ha pasado alguna vez llevar una fiambrera 100% saludable al trabajo, comérosla frente al ordenador con prisa y con estrés, y sentir que os sienta igual de mal que la comida rápida? Comer con el móvil en la mano repasando las redes sociales o discutiendo con alguien es como hacerle la zancadilla a la dieta saludable, porque lo más probable es que no nos siente igual de bien que si lo hiciéramos relajados y con plena conciencia.

Pero si somos capaces de frenar la vorágine de pensamientos, de estímulos y de actividad que nos suelen inundar y estresar y nos focalizamos en la experiencia presente, lo más probable es que consigamos mucha más serenidad y paz mental. Y mientras no comamos con serenidad y con conciencia plena, no podremos apreciar de verdad lo que comemos ni podremos disfrutar plenamente con todos los sentidos. Por tanto, tampoco nos nutrirá de la misma manera.

¿Qué debo hacer para comer con conciencia?

Si tomáis el propósito de empezar a disfrutar de verdad de la comida, lo más posible es que tengáis que cambiar bastante los hábitos. Pero aquí tenéis unas cuantas técnicas que os pueden ayudar:

  1. Come despacio y sin prisa: acabarse el plato en 10 minutos hará que, seguramente, comas más de lo que necesitas y acabes teniendo una digestión pesada.
  2. Evita estímulos demasiado intensos: ni tele, ni móvil, ni periódicos, libros, música demasiado fuerte o cualquier otra cosa que te pueda distraer en exceso.
  3. Cuando comas, come, no trabajes: acaba con las reuniones de trabajo a la hora de comer.
  4. Mastica bien los alimentos: se recomienda masticar 25 veces cada bocado. ¡Nada de engullir!
  5. Traga totalmente la comida antes de volver a comer: así también evitarás tragar aire.
  6. Despierta la atención de todos los sentidos: Focalízate en el sabor, pero disfruta también del olor, la textura y la belleza del plato.
  7. Siéntate en la mesa: no sirve ni el sofá ni la mesa de estudio o de trabajo ni, por supuesto, comer de pie.
  8. Coloca la comida siempre que puedas dentro del plato, pero no comas directamente desde la fiambrera ni, mucho menos, desde el paquete.
  9. Deja el tenedor en la mesa entre bocados.
  10. Da bocados pequeños: ayuda a dejar de comer con ansiedad y a poder saborear mejor los alimentos.
  11. Elige bien la compañía: evita comer cerca de personas, objetos o situaciones que te ponen de mal humor o que no te aportan bienestar y tranquilidad.
  12. No cruces las piernas: los órganos digestivos deben poder estar amplios y receptivos, y no en tensión.
Marta Costa
Marta Costa

Periodista