Como comunicadora gastronómica, Michael Pollan es uno de mis referentes: escritor y periodista premiado, profesor en la Universidad de Berkeley, superventas… Sus trabajos son frescos y elocuentes, así que hojear El detective en el supermercado es un placer.
Leo y voy tomando apuntes, como si fueran buenos propósitos de fin de año (¡después de haber terminado de comer lejos del ordenador, claro!):
- No comeré delante del ordenador. Ni en el coche. Ni de pie. Ni de las mil y una maneras diferentes que puedo llegar a inventarme para ser más multitarea. Y siempre que pueda lo haré en compañía (el móvil no cuenta como compañía).
- No comeré por el mero hecho de comer, “porque toca”, como una simple rutina. Como para estar sana.
- Comprar comida-comida. De la de verdad. Nada de preparados que no sé realmente qué llevan y que han nacido en un laboratorio, y no en un árbol, o en un huerto. “No comas nada que tu bisabuela no reconocería como comida”, escribe Pollan.
- Por una vez en la vida, me permitiré ser malpensada. En palabras de Pollan: “Evita los productos alimenticios que exhiban afirmaciones de propiedades saludables”.
- Mi cadena alimentaria incluirá dos atributos básicos: tradición y ecología. “Sale del supermercado tan pronto como puedas” dice Pollan.
Comer sano y bien es una inversión: a la larga, ahorras tiempo, dinero y dolores de cabeza. Soy lo que como, desde hoy mismo. Gracias, Pollan.