El sistema nervioso está formado por una red muy compleja de estructuras especializadas que controlan y regulan el funcionamiento de diferentes sistemas y órganos. De hecho, junto con el sistema inmunitario y endocrino, forma parte de lo que llamamos sistemas homeostáticos (sistemas de autorregulación, que tienen la capacidad de mantener condiciones estables compensando los cambios en el entorno).

concentración y memoria

La neurona es la célula del sistema nervioso y su función principal es recibir, procesar y transmitir información. Y el cerebro forma parte de esta estructura tan compleja que es el sistema nervioso, situado en la bóveda craneal y dividido en dos hemisferios y cuatro lóbulos. Tiene funciones motoras, de integración (emociones, conciencia, lenguaje, pensamiento, inteligencia, memoria) y sensitivas.

El cerebro está formado por ácidos grasos esenciales, proteínas y fosfolípidos y, como veremos, le afecta todo; pensamos que es un órgano aislado, pero los desequilibrios bioquímicos, así como diferentes factores externos lo pueden comprometer.

8 desequilibrios bioquímicos del cerebro

  1. Glucosa: En primer lugar y muy importante está la glucosa. Para mantener la homeostasis del cerebro hay que mantener un equilibrio de la glucosa, ya que es su combustible principal. Una disglucemia o prediabetes –se caracteriza por glucemias alteradas en ayuno– puede generar explosiones de agresividad, dificultad para concentrarse, somnolencia… Un exceso de azúcar refinado es muy tóxico y produce inflamación.
  2. Metales pesados: Otros factores que desequilibran el cerebro son metales pesados ​​como el plomo, el cadmio, el mercurio, el cobre… Ojo, pues, con los utensilios de cocina. La toxicidad de todos estos metales está relacionada con el desarrollo de ansiedad, temores extremos, paranoia, falta de concentración…
  3. Otros tóxicos: El alcohol, el tabaco, la marihuana o los tranquilizantes, por ejemplo, estimulan el neurotransmisor GABA a corto plazo eliminando el exceso de adrenalina y generando sensación de calma, pero a largo plazo provocan depresión y ansiedad.
  4. La deficiencia de las vitaminas B, vitales para el buen funcionamiento del cerebro, afecta enseguida y genera ansiedad, tensión, cambios de humor, sensación de irrealidad…
  5. Un buen equilibrio de ácidos grasos esenciales hace que se puedan producir buenas conexiones y tener buena memoria. El 60% del cerebro es grasa. El sistema nervioso depende de grasas saturadas y monoinsaturadas, colesterol, omega-3 (EPA y DHA), omega-6 (GLA y AA). Así que es indispensable que no nos falten.
  6. La oxidación es otro factor de desequilibrio en la salud del cerebro. No hay que olvidar que no solo oxidan el humo del tabaco o de los coches, sino que la alimentación también: grasas trans de aceites vegetales hidrogenados, alimentos muy fritos… Estas grasas trans bloquean la conversión de las grasas esenciales. El alcohol también oxida, desgasta las vitaminas y dificulta la síntesis endógena de DHA. También el estrés es muy oxidativo, además de disminuir las dendritas (pequeñas ramificaciones que salen del cuerpo celular de la neurona), lo que favorece una mala memoria.
  7. Falta de proteínas: Si no hay suficientes aminoácidos no se pueden fabricar neurotransmisores; por eso también son vitales, ya que una falta de proteínas puede inducir a depresión, apatía, incapacidad para relajarse, falta de concentración y motivación o ansiedad.
  8. Desequilibrio adrenal: el estrés crónico puede conducir a una sobrecarga de las glándulas suprarrenales y a unos niveles constantemente elevados de cortisol. Esto, además de alteraciones de la tiroides, sobrecarga hepática e inflamación crónica son factores que pueden alterar la salud cerebral.

Nutrientes para el cerebro

En primer lugar, hay que asegurarse un buen equilibrio de la glucosa en sangre y evitar un exceso, tomar un complejo de vitaminas y minerales así como de ácidos grasos esenciales. Hay que tener presente que la vitamina que protege a las grasas de la oxidación es la vitamina E, que encontramos en las semillas y su aceite prensado en frío, germen de trigo, nueces, judías y pescado. Refuerzan la acción de la vitamina E antioxidantes como los betacarotenos (zanahoria, albaricoque seco, boniatos…) y la vitamina C de los pimientos, kiwis, bayas, tomates, cítricos… La PQQ (pirroloquinolina quinona), un nutriente vital también antioxidante con muchos efectos fisiológicos, nos protege el cerebro y además mejora la producción de energía en las neuronas. La encontramos en el perejil, pimientos verdes, apio, kiwis o papaya, entre otros.

Menos presentes en la dieta pero con una gran actividad neuroprotectora, están los pigmentos naturales como la astaxantina, un carotenoide presente en el alga Hematococcus pluvial que puede atravesar la barrera hematoencefálica; el selenio (ostras, nueces de Brasil, semillas o atún), el glutatión (atún, legumbres, nueces, semillas, ajo y cebollas), el ácido lipoico (carne roja, patatas, zanahoria, boniatos, remolacha y espinacas), la coenzima Q10 (sardinas, caballa, nueces, semillas de sésamo, girasol y calabaza).

Para mantener una buena memoria, el piroglutamato aumenta el número de receptores de la acetilcolina. Cuanta más acetilcolina, mejor memoria, más capacidad de concentración, de aprendizaje y mejores reflejos. Lo podemos encontrar en el pescado, lácteos, fruta y vegetales.

No hay que olvidar el ejercicio, una buena relación con el entorno, respirar adecuadamente y practicar el agradecimiento.

Y para ponerlo en práctica, como suplemento muy completo para el bienestar y rendimiento cerebral, Nature’s Plus presenta su línea de suplementos alimenticios con todos los nutrientes mencionados y más.

Por ejemplo, Brain Ceutix Multi contiene las combinaciones de antioxidantes necesarias que ayudan a reducir y combatir el estrés oxidativo; el Brain Ceutix Omega+ proporciona omega-3 (EPA + DHA), que, como hemos dicho, son los ácidos grasos principales que forman parte de las estructuras cerebrales, y para completar la trilogía, está el Brain Ceutix PQQ, con la innovadora molécula PQQ, investigada durante los últimos años por sus aplicaciones en terapias de nutrición antienvejecimiento. Un tratamiento de 360 ​​grados para el bienestar cerebral.