Detesto la leche de soja. Con todas mis fuerzas. Bebí soja un tiempo cuando empecé a tomar bebidas vegetales, pero enseguida supe que no era especialmente recomendable y empecé a probar otras hasta que, ya hace unos cuantos años, encontré la de avena. Tomo muy poquita porque enseguida mi barriga, que es hipersensible, me dice que pare. Siempre la busco baja en azúcar; la leche vegetal no debe tener más de 4 o 5 gramos por cada 100 ml. Y no es fácil de encontrar.

Volvamos a la soja. Esta semana he tomado porque en la redacción de Etselquemenges tenemos de todos los tipos, pero no quedaba de avena y la de coco no me gusta porqué canibaliza el sabor del café. ¡Qué horror! El olor me transportó a aquellos primeros años de aprendizaje en los que en casa me hacía cortados con leche de soja, pero, cuando iba al bar y pedía, como todavía había poca cultura de bebidas vegetales, me miraban mal. Pero realmente no me gusta ni me gustaba entonces.

Después, la industria alimentaria la hizo muy popular y cada vez más cafeterías tenían. Y allí nos quedamos. Una vez empezamos a advertir que la soja no era tan buena y a promover otras bebidas como las de arroz, de frutos secos, de espelta, de avena y de coco, los bares continuaban con la soja. Hace unos meses que veo un cambio. La bebida de soja de los bares se ha transformado en bebida de avena. ¿Os habéis dado cuenta? ¡Lo aplaudo! Adoro la avena como alimento, aunque, si veo una buena leche de vaca ecológica en algún bar, también tomo, ya que siempre pido café americano con una gota de leche, sea cual sea.

La avena en copos tiene un recorrido culinario enorme, muchos nutrientes y es un bálsamo para el sistema digestivo. Aquí os dejo dos recetas con copos de avena: un porridge de Gina Estapé y un pastel de zanahoria de Adriana Ortemberg.

Núria Coll
Núria Coll

Directora de soycomocomo.es

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