¿Cuántos de vosotros esperáis a tener sed para beber agua? ¿Sabíais que, si estamos bien hidratados, no deberíamos tener nunca? La sensación de sed es la forma que tiene el cuerpo de pedirnos líquido, que perdemos de forma constante por el sudor, la orina o el consumo de las funciones vitales.

La importancia de la hidratación

Como ya hemos contado otras veces, el agua es uno de los componentes principales del cuerpo humano (el cerebro se compone de un 90% de agua; la sangre, de un 83%, la masa muscular, de un 75%, y los huesos, de un 22%); por lo que tenemos que asegurarnos de consumir suficiente a lo largo del día. A pesar de que es imprescindible para todos, los niños, los ancianos, las mujeres embarazadas o lactantes y los deportistas son los colectivos con más riesgo de deshidratación y que deben estar más atentos a consumir el suficiente líquido durante el día. ¡Sin agobios! Si os es difícil beber cuando no tenéis sed, tened en cuenta que también podéis complementar el consumo de agua con infusiones, caldos caseros de verduras o caldos de huesos, comiendo bastante fruta y verdura (mejor si es ecológica) y reduciendo los alimentos que deshidratan (como el alcohol, la cafeína, los refrescos azucarados o la sal).

Aunque a menudo se le da poco valor, activar el chip de la hidratación es básico si queremos hacer un cambio hacia un estilo de vida más saludable. Estar bien hidratado ayuda a mantener la salud, a evitar lesiones, a asegurar que las funciones vitales se desarrollen correctamente, a evitar los golpes de calor o la retención de líquidos, a diluir mejor las sales minerales, a mejorar la circulación sanguínea y a proporcionar al cuerpo los minerales y oligoelementos que necesita.

La amenaza medioambiental del plástico de un solo uso

Ahora bien, ¿qué agua debemos beber y cómo lo tenemos que hacer? ¿Son saludables y sostenibles las botellas de agua de plástico que se comercializan? Estos envases tan cómodos, que nos podemos llevar donde sea, que no pesan y que tiramos (en el mejor de los casos) al contenedor amarillo, tardan nada menos que 450 años en descomponerse, y generan un impacto medioambiental desorbitado en comparación con su efímera vida útil de un solo uso. Como os contábamos en el artículo “Bye bye plástico“, muchos de estos envases acaban yendo a parar a mares y océanos, donde a menudo son ingeridos por peces. De hecho, se estima que el número de mamíferos que mueren cada año ahogados o intoxicados por comer plástico alcanza los 100.000.

Pero la presencia del plástico en los mares y océanos no sólo afecta a la fauna marina: como no se descompone al 100%, las micropartículas que quedan flotando son también ingeridas por los peces y, de rebote, ingeridas por los humanos que consumimos pescado o que cocinamos o bebemos agua del grifo (para más información, leed el artículo “Un estudio alerta que el agua del grifo contiene fibras de plástico“).

Por si no es suficiente, más allá de la amenaza medioambiental que el plástico de un solo uso supone para el planeta, tampoco resulta un material especialmente saludable: como ya os hemos ido contando, hay estudios que vinculan el uso del plástico con problemas hormonales o de reproducción y fertilidad, ya que se trata de un material peligroso que actúa como disruptor endocrino. Y, por cierto, una curiosidad más que quizás no sabíais: la materia prima con la que se hace el plástico es el petróleo.

¿Cómo llega el plástico al cuerpo?

Como comentábamos, podemos acabar ingiriendo tóxicos procedentes del plástico a través del consumo de pescado (cuando lo cocinéis, acompañadlo de verduras de hoja verde y de algas, que ayudarán a reducir los metales pesados), del agua del grifo y, muy especialmente, de los recipientes de plástico que contienen BPA y que usamos para guardar alimentos, calentar en el microondas o someterlos a otros cambios de temperatura, como la congelación.

El BPA es un componente químico que llevan algunos plásticos (especialmente, los de un solo uso o la mayoría de las fiambreras convencionales) que, en determinadas condiciones, como los cambios de temperatura que comentábamos, migra a los alimentos o a las bebidas. Esta migración es especialmente peligrosa, ya que el BPA es un componente difícil de eliminar por el cuerpo y puede terminar acumulándose y produciendo los temidos efectos adversos en la salud hormonal.

¿Qué material saludable y sostenible hay que utilizar?

Nuestros abuelos vivían sin plásticos y usaban el cristal como material principal para almacenar y guardar alimentos. Y, ciertamente, el cristal es un material saludable que no traslada ningún elemento tóxico y que tampoco altera el sabor ni el organoléptica de los alimentos. Ahora bien, el cristal pesa. Y esto hace que sea un material muy adecuado para tener en casa, pero quizás poco útil para llevar encima o en la bolsa, ¿verdad? ¿Qué podemos hacer?

Tenemos la suerte de que ya hay marcas que comercializan envases de plástico de larga duración y sin BPA, por tanto, seguros, saludables y sostenibles. Si hacéis un poco de búsqueda, encontraréis varios, pero nosotros recomendamos las botellas “infinitamente” reutilizables de la marca Nalgene, que se encuentran fácilmente en diferentes puntos de venta y que también se pueden comprar por internet (es una buena idea de regalo saludable para esta Navidad, ¡y muy útil!).

El propósito del año nuevo que nos hemos planteado la redacción de Soycomocomo es el de asegurarnos una buena hidratación diaria con agua de calidad (nos gusta darle sabor con trozos de limón, naranja, una rama de apio, menta, etc.), transportada en un envase saludable y libre de BPA. ¿Os apuntáis a nuestro reto?

Marta Costa
Marta Costa

Periodista y posgrado en Comunicación Alimentaria
Coordinadora de contenidos de Soycomocomo