La Rhodiola rosea, también conocida como la raíz de oro o raíz ártica, es una planta medicinal de la familia de las Crassulaceae que crece en regiones frías y de elevada altitud en el hemisferio norte. Tiene sus orígenes en las regiones montañosas de China, Himalaya y Siberia, pero también se encuentra comúnmente en Escandinavia, Islandia, Groenlandia, Reino Unido, Irlanda y Norteamérica.

Esta milenaria planta se conoce desde la antigüedad: su uso medicinal ya aparecía en los libros de medicina de la Antigua Grecia. Los emperadores chinos enviaron expediciones al Himalaya para recuperar la raíz de oro y poder hacer preparaciones medicinales; los vikingos dependían de ella para aumentar su fuerza y ​​resistencia física; en Rusia se usó para resistir el clima siberiano. En Mongolia la usaban para tratar la tuberculosis, y en la Unión Soviética fue estudiada y utilizada con los atletas y fuerzas de élite para competir contra Occidente durante la guerra fría. Por este motivo, sus propiedades quedaron bajo estricto secreto, pero, con la caída del muro de Berlín, sus sorprendentes cualidades se difundieron hacia Occidente.

A la Rhodiola rosea se le atribuyen un amplio abanico de beneficios y propiedades para la salud; ha sido una de las plantas medicinales más estudiadas y ha sido aceptada como un adaptógeno natural muy potente. Una planta o sustancia adaptógena es la que ayuda al organismo a responder y a adaptarse a cualquier estresor normalizando las funciones fisiológicas. Aumenta la resistencia inespecífica mediante la supresión de estresores físicos, químicos y biológicos, modulando y equilibrando los sistemas energético, nervioso e inmunológico.

Muchas de las plantas que hoy en día conocemos como adaptógenas han sido utilizadas por la medicina tradicional china (MTC) y el ayurveda desde hace miles de años. Entre las principales plantas adaptógenas existe la ashwagandha, la schisandra y varias especies de ginseng, junto con la albahaca sagrada y el hongo reishi.

Propiedades nutricionales

La parte que contiene más principios activos es la raíz. También contiene carbohidratos, grasas, proteínas, minerales, vitaminas y diversos ácidos orgánicos. Pero lo que realmente destaca son los fitonutrientes, ya que contiene al menos seis grupos diferentes de fitoquímicos que son los responsables de sus propiedades medicinales: fenilpropanoides, derivados de feniletanol, flavonoides, monoterpenos, triterpenos y ácidos fenólicos.

Aunque trabajan en sinergia, entre todas las sustancias biológicamente activas, las que se consideran más relevantes por razones terapéuticas son las que pertenecen al grupo de los fenilpropanoides (rosavin, rosarin y rosin), y que sólo se encuentran en la Rhodiola rosea y no en ninguna otra especie del género Rhodiola. Junto con el rosavin, también se consideran críticos para el efecto medicinal de la planta y sus propiedades adaptógenas, el salidrosilde y el tirosol.

Los fitonutrientes, en general, nos ayudan a proteger el organismo de la oxidación, la inflamación, enfermedades degenerativas y participan también en la eliminación de tóxicos.

La Rhodiola rosea es, por tanto, una fuente sorprendentemente alta de compuestos antioxidantes. Ayuda a reducir la acción de los radicales libres y previene el estrés oxidativo; por tanto, retrasa el envejecimiento celular. Destacas flavonoides como las procianidinas (un flavonoide que también encontramos en la uva negra) y las catequinas (presentes también en el té verde), ácidos fenólicos como el ácido gálico, el ácido cafeico y el ácido clorogénico y también el salidroside, que podría revertir el ADN dañado.

Efectos sobre el organismo

La Rhodiola es una planta medicinal que ha sido ampliamente estudiada y se le reconocen muchos beneficios para la salud, pero los más destacables son los siguientes:

Estrés y fatiga

El estrés es un factor difícil de evitar hoy en día, pero puede llegar a tener consecuencias graves en la salud física y mental. El extracto de Rhodiola ha demostrado que es eficaz para hacer frente a síntomas relacionados con el estrés como la fatiga, la ansiedad, el cansancio, dolor de cabeza, irritabilidad, bajo rendimiento o trastornos del sueño, entre otros.

La Rhodiola rosea se considera una de las mejores hierbas medicinales para reducir el estrés. Su actividad adaptógena mejora las capacidades homeostáticas del individuo y permite adaptarse mejor a una situación de estrés ya que reduce la cantidad excesiva de cortisol y catecolaminas liberadas por las glándulas suprarrenales. Si hay demasiadas hormonas del estrés circulando en sangre durante períodos largos de tiempo el cuerpo se acaba deteriorando, y aparecen varios problemas de salud como desequilibrios hormonales, deficiencia física, poca memoria, inestabilidad mental, depresión, microbiota alterada y debilitamiento del sistema inmunitario.

Depresión

El extracto de Rhodiola menudo se utiliza para tratar la depresión leve a moderada y el trastorno afectivo estacional, ya que estimula la producción de neurotransmisores como la serotonina y dopamina. Cuando la serotonina está en equilibrio, tenemos sensación de satisfacción y facilidad mental. Pero, demasiada serotonina o demasiado poca ha relacionado con varios estados mentales como la depresión clínica.

En Rusia es casi tan común tratar la depresión con Rhodiola rosea como con medicación convencional, y se considera que el efecto antidepresivo de la planta es igual o más potente que la hierba de San Juan (Hypericum perforatum), el ginkgo (Ginkgo biloba) o el ginseng (Panax ginseng).

Recuperación muscular y rendimiento físico

El extracto de Rhodiola también mejora el rendimiento aeróbico, el metabolismo energético y la resistencia física. Según un estudio publicado en la revista International Journal of Sports Nutrition and Exercise Metabolism, tiene beneficios antiinflamatorios que participan en una recuperación muscular más rápida después de un entrenamiento intenso y una resistencia mayor. Además, estimula la síntesis de glucógeno en músculos e hígado y la síntesis de proteínas musculares.

Memoria

Estudios científicos han demostrado que la Rhodiola rosea puede mejorar la capacidad de memorización y concentración a largo plazo, y también el estado de alerta mental. También podría ser útil como tratamiento natural en enfermedades como el Parkinson, el Alzheimer, la demencia y el TDA/TDAH. Pero hace falta más investigación en este campo.

Problemas cardiacos

La Rhodiola rosea tiene actividad cardioprotectora en situaciones de estrés. Tiene la capacidad de disminuir la cantidad de catecolaminas y corticosteroides liberados por las glándulas suprarrenales durante un episodio de estrés. Un exceso de estas hormonas puede llegar a causar daños cardiacos, aumentar la presión arterial, el colesterol, y desregular los niveles de potasio en sangre. La Rhodiola regula los latidos del corazón y contrarresta las arritmias; también podría ser útil para la aterosclerosis.

Cáncer

La Rhodiola parece que tiene acción antitumoral ya que aumenta la resistencia del cuerpo a las toxinas. Su variedad de compuestos antioxidantes es muy útil en la lucha contra los radicales libres y también parece que estimula la reparación del ADN dañado. Investigadores rusos observaron que la administración oral de Rhodiola inhibía el crecimiento tumoral en ratas en un 39% y disminuía la metástasis en un 50%. También hubo un aumento significativo de la tasa de supervivencia.

También es útil a la hora de aliviar síntomas relacionados con el cáncer, como la fatiga, la ansiedad, la depresión y el estrés. Sin embargo, hacen falta más estudios para determinar el potencial de la planta en el tratamiento del cáncer.

Sistema inmunitario

La Rhodiola estimula y protege el sistema inmunitario, ya que restaura la homeostasis del organismo. Aumenta la producción de defensas y la cantidad de células NK, las células de vigilancia del sistema inmune encargadas de destruir bacterias, virus y células tumorales.

Otros beneficios

Se han encontrado muchos otros beneficios en el uso de la Rhodiola, incluyendo la capacidad de regular los niveles de azúcar en sangre en diabéticos y proteger el hígado de las toxinas ambientales.

El uso de la Rhodiola rosea también es conocido como tratamiento natural para mejorar la función sexual: impotencia, disminución del libido e infertilidad, que suelen asociarse a la depresión y el estrés crónico.

También parece útil para tratar la obesidad, ya que puede aumentar el metabolismo basal y utilizar las grasas almacenadas. Estudios recientes sugieren que también podría ser muy útil para el síndrome de fatiga crónica y la fibromialgia.

Cambios vitales

Su capacidad para aumentar la tolerancia al estrés es importante, ya que éste suele ser una de las causas de la ansiedad y la depresión. Cuando las glándulas suprarrenales están sobrecargadas, la capacidad del cuerpo para resistir el estrés se deteriora y aparecen varios problemas de salud, como la fatiga general o el síndrome de fatiga crónica, un sistema inmunológico debilitado y dolores musculares y articulares.

Pero, como comenta Marc Vergés en este artículo, la ventaja de utilizar un adaptógeno como éste es que se puede tomar por períodos largos sin temer el descenso o agotamiento que sigue una etapa de estrés elevado, ya que no sobreexcita el sistema nervioso ni agota las glándulas suprarrenales. Ayuda a mejora el equilibrio del organismo.

La Rhodiola también tiene una gran utilidad como terapia en condiciones asténicas, en las que suele predominar una disminución del rendimiento laboral, trastornos del sueño, poco apetito, irritabilidad, hipertensión, dolores de cabeza y fatiga.

Como se cocina

La Rhodiola normalmente se toma en forma de suplemento, a partir del extracto obtenido de la raíz. Se consideran eficaces los productos que contengan al menos un 3% de rosavin y un 1% de salidroside, los principios activos responsables de la respuesta adaptógena de la planta sobre el organismo.

Generalmente se encuentra en forma de extracto, hojas secas o la raíz, pero sus hojas frescas y suculentas, así como las raíces, los brotes y los tallos son totalmente comestibles. Se pueden cocinar como si fueran espinacas o un vegetal amargo, también se pueden consumir las hojas en una ensalada cruda o hacer una especie de chucrut con las hojas y brotes.

Recetas básicas

Como ya hemos dicho, la mejor manera de beneficiarnos de las múltiples propiedades de la Rhodiola rosea es consumiendo el extracto gracias a un suplemento de buena calidad. Otra forma de disfrutar de los maravillosos beneficios de esta planta medicinal es en infusión. Con las raíces se elabora el conocido té de Rhodiola, una bebida muy popular en las zonas árticas europeas y asiáticas, donde se consumía de forma habitual. Este té se ha utilizado tradicionalmente para calmar los nervios y combatir la ansiedad; y también para prevenir la gripe, resfriados y reforzar el sistema inmunitario.

Té de Rhodiola

  • 1 cucharadita llena de raíz de Rhodiola desecada y molida
  • 250 ml de agua

Poner la raíz de Rhodiola seca y molida en un filtro de té, en una taza o tetera. Por otro lado, poner el agua a hervir. Cuando empiece a hervir, apagar el fuego y dejar enfriar durante unos segundos. Agregar el agua caliente encima de la raíz de Rhodiola, tapar y dejar reposar entre 2-4 horas, para que los principios activos de la Rhodiola pasen al agua. Retirar el filtro, o colar, y ya está listo para beber. Se puede consumir esta preparación repartiéndola a lo largo del día. Si tiene un sabor demasiado fuerte, se puede diluir con agua mineral.

También se pueden encontrar bolsitas de té de Rhodiola ya preparadas, aunque normalmente contienen menos cantidad de extracto.

Resumen

La Rhodiola rosea es un adaptógeno natural, y gracias a su cantidad y variedad de fitonutrientes la raíz es considerada una fuente muy rica en antioxidantes. Entre todos los beneficios que se le atribuyen destacan la capacidad para controlar el estrés, mejorar los síntomas de la depresión y disminuir la ansiedad. También es bien conocida su eficacia para combatir la fatiga y la debilidad. Además, potencia la inmunidad, mejora los niveles de energía y el rendimiento físico y mental.

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