manzana

A simple vista parece muy sencillo y matemático, pero nuestra maquinaria es mucho más compleja y se enriquece de otras calidades a menudo olvidadas y desconocidas por la mayoría de nosotros como, por ejemplo, la energía vital de los alimentos.

No solo nos nutrimos de la energía química de los alimentos, sino también de la energía vital propia del alimento. Nos referimos a la capacidad que tiene, por ejemplo, un grano de arroz integral de crecer y dar vida; si lo plantáramos, claro está. No pasará lo mismo si decidimos plantar un macarrón… Por lo tanto, cereales como el mijo, el arroz integral, la avena, la cebada y la espelta; la quinoa, el amaranto y el trigo sarraceno (que, de hecho, no son cereales, aunque se incluyen en este grupo), las legumbres, los germinados, las frutas y las verduras tienen esta energía vital, esta capacidad de dar vida que no tienen la pasta, el pan, las galletas ni otros alimentos de consumo diario habituales.

 

¡Pruébalo!

  1. Cuanto más variada sea la alimentación más rica será nutricionalmente.

  2. Siempre es mejor comer el grano en su estado más natural para poder beneficiarse de todo el paquete nutritivo que contiene.

  3. Por lo tanto, para empezar a vitalizar el cuerpo debemos reducir la ingesta de cereales refinados.

  4. El consumo reiterado de este tipo de alimentos provoca que el organismo tenga que echar mano de sus reservas de vitaminas y minerales para satisfacer la demanda metabólica.

Las dietas siempre se han basado en los clásicos cálculos de balance de calorías. Más o menos, todo el mundo ha seguido dietas de 1.200 calorías, incluso de 1.000, para lograr adelgazar. Pero el cuerpo no es tan simple y sabe que necesita otras cosas que solo puede encontrar en los alimentos. De hecho, la palabra caloría nos indica la cantidad de calor que transmite un alimento durante el proceso de oxidación, de metabolización. Si nos regimos solo por la parte calorífica del alimento, daría lo mismo comer 100 g de pasta como 100 g de arroz integral o 100 g de pan blanco o 100 g de pan germinado. Pero es evidente que, para el cuerpo, el resultado no es el mismo.

Pero, además de la energía vital que proporciona el alimento –y que el cuerpo aprovecha–, también es importante recibir nutrientes esenciales como vitaminas, minerales, oligoelementos y enzimas. Estos pequeños personajes nutricionales tienen un papel protagonista a la hora de obtener la máxima retribución de los alimentos para la salud del organismo. Sin, el cuerpo debe trabajar mucho más para poder digerir, asimilar, organizar, almacenar y utilizar correctamente todos los principios inmediatos (hidratos de carbono, proteínas, grasas).

Desafortunadamente, los productos que habitualmente se consumen más son los refinados y procesados, como el arroz blanco, la pasta blanca y el pan blanco, que no tienen la testa ni el salvado y que han perdido la mayor parte del valor nutricional del grano, es decir, vitaminas del grupo B, minerales, fitonutrientes y fibra. Comer repetidamente este tipo de alimentos hace que el organismo deba recurrir a sus reservas de vitaminas y minerales para satisfacer la demanda metabólica. Por eso, siempre es mejor comer el grano en su estado más natural para poder beneficiarse de todos los nutrientes que contiene. De hecho, cuanto más variada sea la alimentación más riqueza nutricional nos proporcionará. Por lo tanto, para empezar a vitalizar la dieta diaria os recomiendo ampliar el abanico de cereales integrales y no tirar solo del típico plato de pasta, que tan bueno es y que tanto gusta a la gente.

Jordina Casademunt

Nutricionista

    @jordinacasa
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