Consejos para obtener unos niveles de hierro óptimos

  1. Evitar beber café o té después de comer, ya que dificultan la absorción del hierro.
  2. Eliminar los ladrones de nutrientes: azúcares refinados, harinas blancas, pan blanco, arroz blanco, pasta blanca, productos de pastelería industrial…
  3. El primer paso para tratar la anemia es eliminar las toxinas que interfieren en las funciones básicas de todas las células. Por lo tanto, es recomendable seguir una dieta exenta de tóxicos y de alimentos desvitalizados como el alcohol, el azúcar, el café, los productos refinados, los lácticos, los aditivos…
  4. Consumir alimentos ricos en vitamina C (pomelos, naranjas, fresas, rábanos, papaya…).
  5. Si se tienen niveles de hierro bajos y se debe tomar un suplemento de hierro, es preferible uno orgánico –como el gluconato ferroso–, porque se asimila mejor y no tiene los efectos secundarios del sulfato ferroso típico: dolor de estómago, estreñimiento, náuseas, vómitos… Se recomienda tomar durante un mínimo de 90 días.
  6. Una buena opción es tomar un complemento alimenticio de clorela o espirulina, fuentes ricas en hierro y en clorofila.
  7. Aumentar el consumo de alimentos ricos en hierro: legumbres, verduras, hortalizas, carne de buena calidad, frutos secos (almendras, piñones), algas (sobre todo la dulse).
  8. Aumentar el consumo de alimentos ricos en clorofila: germinados, algas –especialmente la clorela–, verduras y hortalizas.

admin-ajaxApatía, rostro pálido, ojeras, pelo frágil. Todo parece apuntar hacia un bajo tono energético acompañado de unos niveles pobres de hierro. Si nos hacemos una analítica quizá nos detectarán valores de ferritina y hemoglobina bajos, y en caso de que nos salgan valores normales o en el límite, puede ser que nuestro cuerpo nos esté avisando de una futura anemia aún no diagnosticada que, si no hacemos nada para evitarlo, seguramente nos confirmará la próxima analítica. Una buena forma de cambiar el rumbo de esta situación y de ayudar al cuerpo a recuperar su vitalidad es abordar la anemia a través de la alimentación.

Primero de todo, hay que descartar aquellos alimentos o “comestibles” que sobrecargan el hígado y que roban nutrientes, que, casualmente, suelen ser los que se consumen más a menudo, como el café, los azúcares refinados, los alimentos procesados, el alcohol… Evitar los ladrones de nutrientes será la mejor inversión para deshacernos de este cansancio crónico y tan molesto. Así lograremos depurar el organismo de los tóxicos acumulados y lograremos un cuerpo más vital y con más capacidad para absorber los nutrientes que necesita para funcionar adecuadamente; además, ayudaremos a normalizar las funciones digestiva, renal y hepática. También es interesante prestar atención a los alimentos que nos proporcionan más hierro, como la carne, las legumbres, las verduras verdes, los frutos secos, las algas… Así, damos un respiro al hígado y nos aseguraremos una buena oxigenación de los tejidos.

También hay que fijarse en los miligramos de hierro de los alimentos y si se encuentra en forma “hemo” –más biodisponible, se absorbe un 15%–, principalmente en los alimentos de origen animal como carnes y peces, o “no hemo” –menos biodisponible, se absorbe un 4-5%–, más presente en la dieta: frutos secos, huevos, verduras y cereales integrales. A pesar de todo, deberemos tener en cuenta las posibles interferencias con los carbonatos, fosfatos, oxalatos y amojonados presentes en los alimentos vegetales, ya que impiden una buena absorción de este mineral. Un buen recurso para favorecer la absorción del hierro “no hemo” de los cereales es dejarlos en remojo, porque de esta manera los fitatos del salvado se neutralizan y no interfieren en la correcta absorción de hierro.

Sin embargo, además de estos consejos básicos, hay uno muy importante: potenciar el consumo de alimentos ricos en clorofila, un pigmento que confiere la coloración verde a las verduras y hortalizas –en algunas, el color verde queda tiznado por la presencia de carotenoides, como es el caso de las zanahorias– y que se encarga de realizar la fotosíntesis, proceso que ayuda a transformar la energía luminosa en energía química, de forma que las plantas liberan oxígeno a la atmósfera y fabrican los azúcares necesarios para su crecimiento. Para tener una idea de la importancia de la relación que hay entre la clorofila y la mejora de los casos de anemia, solo hay que ver su estructura molecular, muy similar a la de la hemoglobina. Su centro está formado por un único átomo de magnesio rodeado de átomos de nitrógeno, y de este núcleo central parten átomos de carbono y de hidrógeno –en el caso de la hemoglobina, el centro está formato por un átomo de hierro. De aquí la gran capacidad que presenta para combatir la anemia. Además de estimular la formación de glóbulos rojos, la clorofila nos ayuda a desintoxicar el organismo y a depurar la sangre. Los alimentos ricos en clorofila son los vegetales, los germinados –sobre todo el de alfalfa–, la espirulina y la clorela.

En definitiva: si evitamos el consumo de alimentos refinados y potenciamos el de verduras, legumbres, frutos secos, carne o pescado de buena calidad y cocinamos bien todos los alimentos, no solo obtendremos una buena fuente de hierro, también nos aseguraremos una excelente fuente de vitaminas y minerales que favorecerán la asimilación de todos los nutrientes.

Fuente: El equilibrio a través de la alimentación, de Olga Cuevas

Jordina Casademunt

Nutricionista

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