Dentro de la dieta omnívora, el consumo de pescado es generalmente muy valorado como fuente de proteína animal, pues, en comparación con otros alimentos del mismo grupo, es más fácil de digerir, tiene un perfil de grasas altamente interesante –es rico en omegas– y da menos trabajo a los órganos de eliminación.

Hasta hace unas décadas se pensaba que los recursos marítimos eran infinitos, pero hoy en día se sabe que esto es falso. El informe de la FAO “El Estado Mundial de la Pesca y la Acuicultura” de 2016 destaca que, en los últimos años, se alcanzó el nivel máximo de capturas anuales de pescado y la proporción de las poblaciones de peces que se mantienen dentro de los límites de la sostenibilidad biológica ha seguido una tendencia descendente en las últimas décadas.

El marcado aumento en la demanda mundial de pescado ha sido parcialmente compensado por un aumento en la producción de piscifactoría, que hoy en día representa el 50% del pescado que se consume en todo el mundo. Pero los recursos marinos no son infinitos y la industria pesquera requiere una explotación biológicamente más sostenible y razonable, si queremos continuar beneficiándonos de una dieta con pescado de calidad en nuestros hogares.

El pescado de granja o piscifactoría tampoco ha sido la solución

Existe una gran diferencia en términos calidad entre el producto de piscifactoría y el de pesca de captura. Las granjas acuáticas crían a los peces en condiciones muy polémicas para conseguir una máxima producción (algo similar a lo que sucede en la industria ganadera actualmente): engordados en piscinas, hacinados y medicados… Resulta un modelo de producción con un pescado mucho menos interesante desde el punto de vista nutricional que el salvaje. Y, además, tiene un impacto medioambiental que no puede pasarse por alto, pues las piscifactorías situadas sobre el mar contaminan las aguas con residuos y medicamentos, y las que son continentales también contaminan el suelo y el entorno fluvial. Es decir, la producción de piscifactoría no parece ser la mejor solución a la pesca de captura, ya que solo consigue dar respuesta a una mayor demanda, pero con un producto mucho menos interesante desde el punto de vista nutricional y con un impacto medioambiental negativo.

¿Qué significa hacer un consumo responsable del pescado? El poder de la demanda

La sostenibilidad de la producción pesquera es crucial para los medios de vida, la seguridad alimentaria y la nutrición de miles de millones de personas. La Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo la define como “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.

Como consumidores tenemos un gran compromiso frente a esta problemática. Si el estado mundial de la pesca y la acuicultura se encuentra en una situación de alarma, tal y como indican los informes de los organismos internacionales, será fundamental que trabajemos desde la demanda, promoviendo un modelo más responsable y sostenible. ¿En qué se traduce esto en el día a día? Básicamente tenemos tres vías de acción muy concretas para ayudar a nuestros mares a reponerse de la explotación pesquera y promover un modelo de producción de granja más sensato.

  • Limitar el consumo de pescado en la dieta

Desde el punto de vista nutricional, el pescado es muy recomendable y, si es cierto que un consumo mínimo es interesante (decimos, por ejemplo, que deberíamos hacer un consumo semanal de dos raciones de pescado azul pequeño para conseguir niveles óptimos de omega-3), también es verdad que no hace falta consumirlo excesivamente. Existen otras fuentes de proteína completa tanto en el mundo animal como vegetal que pueden perfectamente reemplazar el consumo de pescado con resultados excelentes también a nivel nutricional.

  • Escoger especies menos explotadas y que habitan en nuestros mares

Según el citado informe de la FAO, existen algunas especies que están sobreexplotadas y, por tanto, en serio peligro si se continúa con la misma tendencia. La organización internacional Greenpeace tiene una lista roja de especies pesqueras, es decir, de especies que se consumen en España y que están al límite de su explotación. Es el caso del bacalao del Atlántico, algunas especies de atún, las gallinetas, los langostinos, el lenguado europeo, merluzas, rape, salmón del atlántico… Por ello, a la hora de comprar pescado, deberíamos optar por los que no forman parte de esta lista y que, en cambio, se encuentran dentro de un margen de explotación controlado.

Además, el gasto energético que supone el transporte y la pérdida de acceso de las poblaciones locales a sus propios recursos, invitan a priorizar un consumo local de las especies marinas. En los mares del Estado español, afortunadamente, existen muchas especies marinas y, por tanto, no hace falta recurrir a pescados que deben hacer largos viajes.

  • Priorizar el consumo de pescados certificados

Existen numerosas guías, ecoetiquetas y sistemas de certificación para productos alimentarios marinos que tienen como finalidad informar si una empresa de productos del mar está gestionada de forma sostenible o no. Su objetivo es que, al distinguir las empresas pesqueras sostenibles de las que no lo son, los mercados obliguen a mejorar el modelo de producción de estas últimas. Las certificaciones no siempre se realizan a partir de los mismos criterios, y algunas son más exigentes que otras, según lo que se evalúe. De todas formas, aunque existen diferencias, un producto certificado siempre será más conveniente que uno que no haya pasado este tipo de control.

Un ejemplo de este trabajo es el de la Organización Friend of the Sea, que certifica aquellos productos de pesca y acuicultura sostenibles, es decir, productos que provienen de poblaciones de peces que no son explotados en exceso y pescados con métodos que no capturan especies en peligro de extinción y que no generan impacto en el fondo del mar, además de que respetan a los trabajadores y tripulaciones. Se trata de certificaciones que controlan los productos pesqueros, pero también los alimentos empleados en la cría de animales, suplementos de omega-3 (para los que se utiliza pescado y krill), algas, el servicio de transporte marítimo…

Esta asociación ha declarado recientemente en un comunicado de prensa que “la biomasa de algunas poblaciones de peces ha vuelto a alcanzar un nivel sostenible (gracias a sus certificaciones). Se ha salvado de una muerte segura a aproximadamente ochenta mil delfines y a dos mil tiburones por año. Puertos y flotas han mejorado su gestión y reciclaje de residuos, y se han eliminado sustancias nocivas para el ozono. Las empresas certificadas han mejorado el nivel de trabajo de la tripulación”.

Pilar Rodrigáñez

Dietista con perspectiva integrativa

   
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