Siempre pensamos que nuestras defensas tienen mucho trabajo en invierno y poco o casi nada en verano, pero no es así del todo. Desde la primavera podemos venir arrastrando una alergia, hasta que en verano se dispara el termómetro y, con ello, los cambios de temperatura, con lo cual pasamos de los aire acondicionados helados (oficinas, tiendas, centros comerciales…) al calor ambiental natural, prácticamente sin tiempo a que el cuerpo se aclimate. Si a eso sumamos el hecho de que salimos más a cenar fuera o que nos desviamos de nuestra dieta saludable y comemos o bebemos en exceso, la flora se resiente. Entonces el desayuno de este mes propone cuidar a nuestros pequeños habitantes con una leche probiótica que hay que preparar con antelación.

Foto: Becky Lawton

Y como todo siempre entra por los ojos, me he inspirado en mis clases de pintura, que hago y disfruto como una niña para que quede un batido “manchado” como si un pincel travieso hubiese penetrado en mi vaso a jugar con los colores. Además, se lo dedico a mi profesor Quico y lo comparto con todos vosotros.

Para ese efecto “pintura”, podemos aprovechar restos de fruta; que en verano nos entusiasmamos con la cantidad de oferta que hay en el mercado y seguro que tenemos de sobras.

A continuación, os cuento qué lleva este batido:

  • Leche vegetal: yo he utilizado la de avena y coco, pero podéis escoger la que más os guste. Además, una cápsula de probióticos o una cucharadita de probiótico en polvo.
  • Fruta fresca: que ahora está buenísima, madura y con una oferta muy variada. El consejo es aprovechar los colores diferentes para crear un impacto visual.
  • Alga espirulina en polvo: un pequeño –pero no por ello menos importante– aporte de verde y de otros tantísimos beneficios (para el estrés, la oxidación, las defensas, la toxicidad…). Eso sí, la dosis que utilizaremos es pequeña, pero si os interesa potenciar sus efectos y no os desagrada el sabor, podéis añadir un poquito más.
  • Jengibre: superraíz con beneficios sobre el sistema digestivo y con cierto efecto antiinflamatorio. También podéis utilizar cúrcuma, cardamomo, canela u otra especie al gusto para enriquecer el batido.

¿Endulzante? Siempre prefiero evitarlo si puedo usar algo que endulce naturalmente, como en este caso la fruta madura o la leche vegetal, que aún sin llevar endulzante añadido tiene un dulzor suave.

Además de todo esto, se pueden añadir otros extras como semillas de cáñamo, chía, o unas escamas de coco tostadas, que podéis servir para acompañar el batido.

Que tengáis un buen verano, ¡y a vivirlo con salud!

Batido pincelado de Quico

Foto: Becky Lawton

Para la leche probiótica:

  • 1 litro de leche de coco y avena
  • 2 cápsulas de probióticos

Para el batido:

  • 300 ml de leche probiótica
  • 2 cucharadas de frutos rojos variados
  • 2 cucharadas de fruta variada cortada, como mango, piña y papaya
  • 1 c.c. de espirulina en polvo
  • 1 c.c. de jengibre en polvo

Preparación

  1. Entibiar la leche vegetal y añadir los probióticos. Si son en polvo, poner dos cucharaditas; si son cápsulas, abrir y verter el contenido. Remover bien y dejar en un lugar tapado a temperatura ambiente durante 24 horas.
  2. Pasado ese tiempo, refrigerar la leche.
  3. Triturar la fruta por separado para obtener dos purés.
  4. Para el batido, poner un poquito del polvo de espirulina y de jengibre en el fondo del vaso. Luego, poner la pulpa de frutos rojos en un lateral del vaso, y la otra pulpa en el otro lateral. Verter con cuidado la leche para que no se mezcle todo sino para que quede como tintado.
  5. Poner el resto de espirulina y de jengibre en la superficie del vaso. Servir de inmediato y revolver poco a poco hasta mezclar los colores al gusto.
  6. Para acompañar, tostar escamas de coco a temperatura baja hasta que tengan un color dorado.
Adriana Ortemberg
Adriana Ortemberg

Naturópata, escritora de libros de alimentación y vida saludable e instructora de cocina vegetariana

    @adriana_ortemberg