Pilar Rahola es vegetariana desde hace quince años. Lo es por el compromiso personal en favor de los animales y contra su sufrimiento. Está vinculada a varias entidades animalistas y tiene información de primera mano de lo que pasa en la industria alimentaria. Pilar es una entusiasta de los arroces y las legumbres, y cuando describe ciertos platos cien por cien vegetarianos, ¡se le iluminan los ojos!

¿No los has convencido, a ellos?

Mi marido es de Navarra. ¡Si le quito la carne se muere! Pero la compro ecológica, por internet. Es de Gerona, y los animales, como mínimo, han comido verde y no han estado encerrados. Y comen muy poquita. Ahora bien, al final la carne es muy aburrida y los platos de arroces o legumbres son mucho más divertidos.

Todo fue porque se te despertó esta sensibilidad en pro de los animales…

Sí, y, además, la carne nunca me había sentado bien. No le encontraba el qué, me parecía tóxica. El cambio no es de un día para otro. Vas llegando y poco a poco el compromiso personal se va acompañando de una vida más sana. Y, de golpe, sin carne, ya no tenía digestiones pesadas y me encontraba mucho mejor.

Mucha gente no come carne, pero con el jamón hace una excepción…

Algún día que en casa hemos tenido jamón de primer nivel he intentado hacer el esfuerzo por un día, puesto que el menú era delicatesen, ¡y no puedo! ¡Me da repelús la textura y todo! La textura del animal, cuando lo has dejado de comer, es una cosa muy rara. No he vuelto a la carne y no me veo capaz de volver.


“Eso que se hace con la langosta de ponerla viva al fuego me horroriza”.

Pero comes pescado...

Como tan pocos animales como puedo. Si puedo comer huevo, mejor. Pero de vez en cuando también como pescado, porque las proteínas no sólo las saco del tofu y la proteína vegetal. Como merluza o rape cada dos o tres semanas. Y quizás un bocadillo de atún, como hoy. Pero pasará mucho tiempo hasta que vuelva a comer, porque el atún blanco del Mediterráneo está en peligro de extinción. Si algún día veo alguna lubina… y marisco, nunca. ¡Nunca! Soy incapaz de comer un animal entero. La alegría con la que nos comemos el marisco me hace sufrir. Me da vergüenza contarlo y quizás es un exceso de sensibilidad, pero no podría comer gambas vivas, y eso que se hace con la langosta de ponerla viva al fuego me horroriza. No puedo concebir el placer de la comida con el dolor animal. Si hay dolor, no tengo placer. Ya sé que una merluza pescada también ha sufrido, pero es lo máximo que permito de dolor.

¡Me han dicho que eres la reina del tofu!

El tofu nos ha salvado la vida, a los vegetarianos. Además, como ahora incluso hay embutido de tofu… La comida vegetariana actual tiene mucha más gracia. Recuerdo un debate con Cuní en el que yo le dije: “Josep, hoy me he tomado un bocadillo con salami de tofu, vaya, de mortadela”. Y él me respondió: “¡La palabra mortadela y la palabra tofu son un oxímoron!” Y le dije: “No es verdad. Primero, porque la mortadela que tú comes vete a saber si ha visto el animal alguna vez, y segundo: todo ha evolucionado mucho y ahora se hacen filigranas, ¡con el tofu!” La verdad es que cuando como un bocadillo de pan de cereales y tofu y no hago daño a ningún animal y me aporta proteínas, hidratos… estoy contenta. Me da una cierta felicidad. Tengo la impresión de que me estoy alimentando bien.

¿A qué hora comes este bocadillo? De hecho, no debes madrugar tanto como Cuní, pero vaya…

Me levanto a las seis de la mañana y escribo el artículo mientras bebo un café aguado con leche de soja (la de vaca no me sentaba bien), hasta las ocho y media, que es cuando como un bocadillo con aceite de los olivos que tenemos en la finca familiar de Cadaqués. Allí tenemos un poco de huerto…

[Le intento explicar que la leche de soja no es muy recomendable, pero ella, convencida e impaciente, me cuenta que la de vaca no la toleraba nada bien y que ahora se encuentra mucho mejor.]

El carácter de Pilar

Tengo hipotiroidismo, en concreto, la enfermedad de Hashimoto, que es autoinmune y bastante habitual en mujeres como yo: nerviosas, con mucho estrés, gente que estamos a primera línea y sometida a una gran presión, etc. Este tipo de vida lo ha fomentado. Y me lo tengo que controlar, porque, si no, se me dispara el colesterol. Eso sí: cuando he ido a los médicos por la tiroides y les he comentado mi dieta, no me han tocado prácticamente nada.

¿Tienes alguno otro hábito especial a la hora de comer?

Sí. Yo como tres colores cada día. El rojo (pimiento, tomate), el verde, en abundancia, y el multicolor, es decir, mucha variedad: cereales, legumbres, soja, frutas… Esta voluntad de tener siempre más de tres colores en el plato es un buen sistema. El verde y el rojo, si no te obligas, a menudo no los comes. Te tienes que obligar. El resto de colores vienen solos: todo el mundo come arroz, pasta, cereales…

¡Y los colores de la fruta!

¡Sí! Mira, por la noche, a menudo sólo como fruta. O un caldito y fruta. Una recomendación que me hizo la dietista cuando quería perder peso, la doctora Folch, y que he mantenido siempre, es que antes de comer y antes de cenar me tome un caldo vegetal. Ayuda a perder peso y es un hábito muy saludable; y aquel caldito caliente, aunque estemos en verano, me sienta estupendamente. Me lo hago yo misma con apio, bastante perejil y cualquier verdura: cebolla, zanahoria…

Fuera de casa, ¿cómo te organizas para comer? Debes tener muchas comidas de trabajo…

No tengo muchos problemas para escoger. Siempre pido pasta o arroz con ensalada. Y ya está. Aquel día, lo sé, no habré comido proteína, pero da igual. Arroz y pasta hay en todas partes y, aunque sea blanca, me la como. Y si en la paella o en la fideuá me ponen animalitos, los aparto y listos.

Núria Coll
Núria Coll

Directora Soycomocomo.es, la Consulta.
Creadora de Cómo Como Foods

    @nuria__coll