Odile Fernández, doctora reconocida por su libro Mis recetas anticáncer, acaba de publicar Mi niño come sano (Urano). Con el nacimiento de su primer hijo, empezó a interesarse por el mundo de la alimentación saludable, pero no fue hasta que le diagnosticaron cáncer de ovario con metástasis que no se puso seriamente a investigar y a formarse en nutrición. Su nuevo libro es un manual de consulta completísimo para potenciar la salud de los más pequeños desde la concepción hasta la adolescencia. Una obra didáctica y muy accesible para ir leyendo y crear hábitos saludables para toda la familia. Cuenta con casi noventa recetas creadas en colaboración con Heva Hernández.

© OKOA Fotografía

 

Fuiste pionera en constatar la relación entre alimentación y cáncer con varios libros creando una revolución en tu vida y en la de muchas personas (ya fueran pacientes oncológicos o personas que quisieran basar su alimentación en la prevención), ¿todo este bagaje cómo lo has trasladado en tu nuevo libro que nos sorprendes hablando de alimentación infantil?

Tras escribir varios libros sobre la relación cáncer-alimentación e impartir charlas por toda la geografía española, fueron los propios lectores los que me pidieron un libro sobre alimentación infantil, pues se sentían que entre tanta información y tanto bombardeo comercial en torno a la alimentación infantil se sentían confusos.

El cáncer y otras enfermedades crónicas pueden ser prevenidas en un alto porcentaje cuando se inicia una nutrición saludable desde edades tempranas. Siendo esto tan importante para el correcto desarrollo del niño y su salud, no había ningún manuscrito en el mercado español que fuese conciso, veraz y exhaustivo sobre el tema, así que decidí ponerme manos a la obra, revisar la bibliografía disponible, y con la información, la formación y el bagaje de ser madre de 3 hijos me dispuse a escribir, Mi niño come sano, con el deseo de ofrecer una guía amplia y practica sobre alimentación saludable desde el embarazo hasta la edad adulta.

Hablas de la alimentación de los mil primeros días de vida para empezar con buen pie. ¿En qué consiste?

Los mil primeros días en la vida de un niño constituyen la fase más importante de su desarrollo. Comienzan en el momento de la concepción hasta el nacimiento (270 días) y continúan hasta el segundo año de vida (730 días). Lo que comemos durante el embarazo y todo aquello con lo que alimentamos a nuestros hijos durante sus primeros mil días de vida determina su salud, bienestar y el desarrollo del cerebro para el resto de su vida y es la clave para una futura vida sana.

En esos mil primeros días, la alimentación de la embarazada debería basarse en la dieta mediterránea y dar prioridad al mundo vegetal con abundante fruta, verdura, legumbres, frutos secos y aceite de oliva. Hay que elegir productos frescos, de temporada y, a ser posible, locales y ecológicos, para cocinarlos en casa a fuego lento y con mucho amor.

Una vez que nace el niño, lo ideal es alimentarlo de manera exclusiva y a demanda con leche materna y, a partir de los seis meses, mantener mínimo hasta los dos años la lactancia materna. A partir de los seis meses, podemos empezar a introducir poco a poco la alimentación complementaria, basándonos, igual que en el embarazo, en la dieta mediterránea.

Apuestas por la dieta mediterránea como la mejor de alimentación infantil de 2-18 años, pero ¿crees que la gente sabe realmente qué significa, más allá del aceite de oliva?

No. Hay mucha desinformación sobre lo que significa comer mediterráneo. Por vivir en el área mediterránea no estamos comiendo mediterráneo. Esta dieta se basa en un alto consumo de hortalizas, frutas, legumbres, cereal integral, aceite de oliva virgen, frutos secos y pescado azul, así́ como en un consumo bajo de lácteos, carnes rojas, embutidos, alimentos calóricos y azucarados.

Fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2010 y se ha demostrado que puede ayudarnos a prevenir enfermedades tanto infantiles como del adulto, como la obesidad, que se está convirtiendo en una epidemia global.

En tu libro cuentas que hay potitos que son menos nutritivos que un Big Mac. ¿Cómo es posible?

La mayoría de potitos convencionales son básicamente agua y almidón al que añaden algo más, como verdura, pollo, leche, queso y aditivos. La dilución con agua y almidón, además de ser un engaño al consumidor, significa una reducción de la calidad nutricional del producto, porque se diluye la densidad nutritiva.

Diversos estudios han mostrado que la mayoría de marcas comerciales contiene menos de una quinta parte de las necesidades diarias de minerales que necesita un bebé. Algunos estudios han concluido que muchas de las marcas más populares son menos nutritivas que una hamburguesa Big Mac.
Cuando los potitos son ecológicos no se usa el truco de la dilución; por eso, si vamos a optar por potitos industriales, mejor que sean eco.

La dieta de la madre durante el embarazo influye en el riesgo de padecer alergia en el niño 

 

Siempre confiando en la autorregulación del bebé y su saciedad, utilizas el método de la mano como orientación de las raciones que debemos ofrecer a los más pequeños para que no falten nutrientes. ¿Cómo funciona?

Un bebé no tiene las mismas necesidades nutricionales que un adulto: su estómago es muy pequeño si lo comparamos con el nuestro y no necesita comer tanto como nosotros. Además, partimos de la premisa de que su alimentación durante los dos primeros años de vida va a estar basada en la lactancia materna o artificial y los alimentos solo serán un complemento, por eso no hay que obsesionarse con que se coma entera la papilla que tan amorosamente le hemos preparado.

Podemos recomendar las raciones diarias de alimentos que necesita un bebé de menos de dos años en función del tamaño de su mano, no de la nuestra. Por ejemplo, necesita 5-8 raciones de frutas y verduras al día del tamaño de su mano ahuecada, 2-3 raciones de cereales al día, contando que un ración es que lo que cabe en el puño cerrado de su mano. De queso podemos ofrecer una ración al día del tamaño de sus dedos índice y corazón. Pero esto es orientativo; si confiamos en él, veremos que sabe autorregularse y comerá muchas veces al día, pero en pequeñas cantidades.

¿Por qué no recomiendas la carne de ternera ni lácteos derivados de la vaca hasta los dos años?

El investigador alemán Harald zur Hausen, premio Nobel de Medicina en 2008 tras descubrir que las infecciones víricas, bacterianas y hasta los parásitos pueden generar tumores, afirma –fruto de sus investigaciones– que en los dos primeros años de vida podemos contagiarnos por virus de la familia del papiloma presentes en las vacas europeas. Ese virus no produce síntomas en animales ni humanos y puede quedar latente durante más de treinta años creando una inflamación que puede derivar en cáncer de mama y/o colon. Estos dos cánceres son más frecuentes en los países que más carne de ternera y leche consumen.

Según Zur Hausen, se estima que cerca del 21% de los casos de cáncer puede relacionarse con infecciones. Aconseja no introducir ningún alimento procedente de la vaca hasta los dos años, cuando el sistema inmune es más maduro y puede enfrentarse a estos virus. Estos virus bovinos potencialmente oncogénicos son resistentes al tratamiento con calor; es decir, no desaparecen aunque la carne se cocine y la leche se trate a alta temperatura. Por eso aconseja esperar hasta mínimo los dos años antes de introducirlos. Si se dan lácteos, recomienda que procedan de la vaca u oveja.

© Jose Santopalomo

En el libro explicas qye hay alimentos aparentemente sanos como el pescado, las algas o el arroz que son controvertidos en la alimentación infantil, ¿por qué?

Cada vez más encontramos restos de plásticos y metales pesados en el pescado y, si este es de piscifactoría, como el salmón o la panga, podemos encontrar restos de dioxinas, que son carcinógenos potenciales. Si vamos a comer pescado, mejor que sea pequeño y de pesca extractiva, no de piscifactoría.

El arroz puede tener un alto contenido en arsénico, otro metal pesado, que está clasificado como un cancerígeno de categoría 1 por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer. También puede causar problemas relacionados con el desarrollo, neurotoxicidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Se aconseja no ofrecer tortitas ni bebida de arroz a los menores de tres años. Para reducir el contenido en arsénico del arroz, lo ideal es remojarlo la noche antes, cocerlo en abundante agua (proporción 5:1) y elegir arroz cultivado en España, pues tiene menos arsénico que el proveniente de Asia.

Respecto a las algas, se pueden consumir, pero con moderación; un consumo excesivo puede afectar al funcionamiento de la glándula tiroides.

¿Qué piensas de los alimentos especialmente diseñados para niños tipo “mi primera galleta”, leches de crecimiento o yogures para bebés?

Muchos de ellos son poco nutritivos y aportan un exceso de azúcar, calorías o proteínas. Debemos aprender a revisar las etiquetas y a no fiarnos de todo lo que venden en un lineal, ya que, por estar expuesto, no es saludable. Para no equivocarnos, hay que buscar siempre alimentos mínimamente procesados.

Si padres, maestros y pediatras, entre otros, tuviésemos una formación sólida en alimentación saludable, la salud de nuestros hijos saldría beneficiada

 

En el libro explicas que de cada vez hay más niños con dermatitis atópica, alergias alimentarias, alergias al polen o rinoconjuntivitis. ¿Por qué ocurre?

La dieta de la madre durante el embarazo influye en el riesgo de padecer alergia en el niño. Cuando la dieta de la madre es rica en grasas omega-3, en especial en pescado azul, probióticos y prebióticos (plátano, ajo, cebolla), hay un efecto protector en la aparición de alergias. Los niños amamantados con leche materna tienen menos riesgo de desarrollar alergia.

La microbiota intestinal también juega un papel importante en este tema. Cuando la dieta de los niños es rica en oligosacáridos no digeribles, presentes en la leche materna, cuando su alimentación es rica en fibra (legumbres, cereales integrales, frutas y verduras) e ingieren alimentos probióticos (yogur, kéfir, verduras fermentadas, vinagre de manzana…), el riesgo de eczema disminuye de manera considerable. Cuando la dieta es rica en verduras, fruta y ácidos grasos saludables como omega-3 y 9, la incidencia de alergias es baja. Cuando la dieta es rica en alimentos ultraprocesados, el riesgo de alergia aumenta. Cada vez comemos más comida basura y esto puede explicar el aumento del número de casos de alergia.

Viendo los índices de obesidad, todavía hay poca conciencia sobre el daño que provoca el azúcar y las grasas vegetales en la salud de nuestros hijos, porque si los padres lo supieran no darían bollería para merendar, ¿verdad?

Sí. Falta información. Los alimentos ultraprocesados son una bomba de calorías, azúcares y grasas vegetales refinadas, lo que conduce a un mayor riesgo de obesidad y sobrepeso. Por desgracia, estos alimentos son muy baratos y son sabrosos. Comer mal es muy barato.

Es preocupante que cada vez haya más niños con enfermedades de adultos: colesterol, hígado graso, diabetes o problemas de articulaciones. ¿Cuál es la solución?

La solución pasa por la divulgación. Si padres, maestros y pediatras, entre otros, tuviésemos una formación sólida en alimentación saludable, la salud de nuestros hijos saldría beneficiada. Si hubiese políticas que limitasen la venta de productos insanos en supermercados, cafeterías, centros de ocio, habría menos problemas de obesidad. El sedentarismo también es un problema: los niños cada vez se mueven menos y pasan más horas sentados frente a una pantalla.

En el libro recalcas varias veces que te basas en evidencia científica, ¿te has sentido atacada por el sector más conservador de la nutrición que cree que la alimentación anticáncer es una pseudociencia o una magufada? ¿Con el nuevo libro te quieres reinventar o vas a compaginar las dos áreas (infantil/cáncer)?

En este país hay mucha desinformación, poca gente que consulte fuentes contrastadas antes de opinar y sin embargo, hay mucha rumorología, muchas afirmaciones acientíficas por parte de profesionales no médicos que se creen con autoridad para hablar de cáncer, sin tener formación ni experiencia. ¿Qué puedes esperar en este caso? Que denosten todo lo que se sale de la norma, de lo “de toda la vida”. Cuando me rebatan algo de lo que afirmo con estudios científicos, lo discutiré con ellos, mientas sigan difamando sin base científica no me molestaré en responder, no vale la pena hablar con alguien que lo hace desde la ignorancia.

Este nuevo libro pretende ayudar a las familias a comer mejor, pero seguiré compaginando las dos áreas, porque la disfruto muchísimo.

Lluca Rullan
Lluca Rullan

Periodista y dietista integrativa

  @llucarullan   @llucarullan