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Cuando empezamos a comer más saludable y a ser consciente de que hay ciertos alimentos que digerimos mejor que otros, o que unos nos dan energía y que otros nos la sacan, no queremos renunciar a este bienestar físico durante los viajes; incluso lo contrario, ya que queremos encontrarnos lo máximo de bien para disfrutar de todos y cada uno de los momentos de las vacaciones.

Cuando cuidarse es una prioridad es inevitable pensar el destino de viaje en términos de nutrición y salud también; como mínimo en mi caso es así. Eso no quiere decir dejar de ir a países o ciudades por el hecho de que no haya opciones saludables de comer –que de hecho, hay en todas partes–, sino que se trata de tener en cuenta algunas cosas. Así, lo que podría parecer una limitación o un inconveniente, que es seguir una serie de pasos a la hora de organizar un viaje y también una vez llegados al destino, pasa a ser un hábito más que integramos en el estilo de vida.

¿Qué debemos hacer, pues, para disfrutar de un viaje sin dejar de comer saludable ni renunciar a los placeres gastronómicos del lugar al que vamos?

1. Escoger un alojamiento que nos permita hacer un buen desayuno saludable, energético y nutritivo, o bien alquilar un apartamento o un hotel con nevera a la habitación para poderlo preparar. Otra alternativa interesante es intentar encontrar un alojamiento veggie con una oferta de desayuno natural, con opciones ecológicas, veganas, vegetarianas, y para intolerantes al gluten o a la lactosa, por ejemplo, si fuese preciso.

2. Buscar restaurantes saludables, vegetarianos o con opciones veganas, y supermercados o tiendas ecológicas a través de esta guía: http://www.happycow.net. Una vez localizados los lugares que se ajusten al viaje, es buena idea ubicarlos en Google Maps y guardar la búsqueda en el dispositivo que nos llevemos de viaje o imprimirla. Además, otro consejo también es apuntar en un documento (digital o en papel) los lugares a los que queremos ir, web y dirección, para que una vez allí ya sepamos donde podemos ir y no perdamos el tiempo. La clave es una buena organización previa para disfrutar al máximo sin tener la sensación de “perder tiempo” intentando encontrar lugares saludables para comer.

3. Preparar una fiambrera con comida saludable para el vuelo. Ya sea un vuelo de larga distancia o uno corto, siempre es interesante llevar alguna pieza de fruta, frutos secos, semillas, barritas energéticas caseras o también un bocadillo con un buen pan integral y ecológico con un poco de verdura, por ejemplo. Así nos ahorraremos comprar en aeropuertos, comer lo que dan en el avión e incluso buscar bar o restaurante una vez allí. Ah, y muy importante, si es un vuelo largo nos evitaremos el jet lag.

4. Una vez ubicados, es muy útil comprar alimentos saludables para los desayunos y los “snacks”, como fruta, semillas de chía y de cáñamo, frutos secos naturales, alguna leche vegetal, tortitas de arroz o crackers de semillas deshidratadas y agua de buena calidad. Llevar siempre encima algo de comer ajustado a las necesidades de cada uno ahorra el riesgo de recorrer a cualquier cosa si de repente tenemos hambre.

5. Hacer un botiquín con alimentos medicinales. A veces, si no estamos acostumbrados a la gastronomía del lugar podemos sufrir indigestiones, diarrea, estreñimiento… Es tan fácil como poner en la maleta algunos comprimidos de ciruelas umeboshi para las digestiones pesadas y alcalizar el organismo, o semillas de lino o Psyllium para tomar en ayunas y solucionar el estreñimiento, por ejemplo. Conviene preparar un buen botiquín o añadir algún complemento nutricional rico en probióticos, prebióticos y L-glutamina para proteger la flora intestinal.

6. Ir a los restaurantes o comer fuera con actitud proactiva. Eso incluye diversas cosas: leer la carta con calma y preguntar todo lo que nos genere dudas, explicar al responsable de cocina del restaurante o el hotel si tenemos alguna necesidad especial, hacer buenas combinaciones de platos que sean ligeras y fáciles de digerir –lo mejor sería un solo plato o como máximo uno principal y otro a base de ensalada o verdura–, no comer demasiado, evitar salsas, y también es importante no comer ningún ingrediente extraño por primera vez si creemos que nos puede provocar malestar.