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Se han terminado las vacaciones: es el momento de la vuelta al trabajo o a los estudios y época de buenos propósitos, de fijar nuevos objetivos de salud y de estilo de vida, y de ponernos las pilas. Así pues, necesitamos energía para afrontar todo lo que nos espera este “nuevo curso”, y no hay nada mejor que obtenerla gracias a una alimentación saludable.

Además, después del desenfreno gastronómico propio del verano, a la mayoría nos apetece o bien retomar las rutinas de alimentación que nos hacen sentir ligeros y con energía, o bien poner en práctica algunos hábitos que creemos que nos serán beneficiosos pero que aún no hemos encontrado el momento de incorporar y que quizá ya es hora de hacerlo. Queremos hacer recetas muy saludables y a la vez sabrosas que hemos visto por internet, incorporar algún superalimento que hemos leído que tiene muchos beneficios, apuntarnos a clases de yoga, comprar algún electrodoméstico para hacer zumos o batidos verdes, etcétera. Pero, ¿por dónde empezamos? Pues muy fácil: por el principio y paso a paso. ¿Cuál es el principio?

Para ayudaros a adoptar estos hábitos de alimentación y poner en práctica las recetas saludables que proponemos desde SCC, lo primero es llenar la despensa de los alimentos básicos de una alimentación sana, para que, cuando veáis una receta, la podáis hacer sin tener que ir a comprar ni que eso sea la excusa para ir postergándolo. Sí, así de fácil, una vez con la despensa llena, ya veréis que las recetas son rápidas y nada complicadas de elaborar.

Con la lista de alimentos que encontraréis a continuación podréis hacer una gran variedad de platos con base de cereales, elaborar croquetas y hamburguesas, hacer recetas increíbles con legumbres; experimentar con el tofu, el tempeh y el seitán; adentraros en el mundo de los zumos y batidos verdes variados y enriquecidos; hacer helados, turrones, bollos, mouses de chocolate, pasteles, gelatinas, flanes; elaborar canapés y tapas festivas como los hummus de legumbres o de verduras y aprender a hacer guacamole; preparar sopas y cremas que gusten a toda la familia, hacer patés tanto verduras como de pescado; versiones de platos de pasta y pizzas más ligeras; y, por supuesto, hacer salsas y condimentos saludables en un momento, y meriendas y snacks muy nutritivos.

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No es preciso comprarlo todo el mismo día, podéis empezar por el que os llame más la atención o podéis elegir una cosa de cada grupo de alimentos, es decir, una fruta seca, un tipo de fruto seco, una semilla nueva, incorporar un edulcorante natural y tirar el azúcar refinado que tenéis en casa, probar una leche vegetal, elegir un aceite diferente del de oliva que ya conocéis, comprar un paquete de pasta sin gluten, cambiar la sal refinada por la marina sin refinar, escoger un superalimento y, también, por ejemplo, tener más hierbas y especies.

El siguiente paso es pasar a la acción: hacer recetas simples y que se ajusten a vuestras necesidades, tanto físicas (constitución, edad, peso, ejercicio físico o vida sedentaria) como logísticas (tiempo para ir a comprar, cocinar y comer). Es importante que, a la hora de hacer la lista de la compra, tengáis presente el tiempo del que dispondréis aquella semana para elaborar los menús. Si sabéis que tendréis poco tiempo, comprad botes de legumbres ecológicas y verduras que se puedan comer crudas o que necesiten poca cocción, optad por un cereal rápido de hervir y cocinad para algunos días, aseguraros de tener en casa una semilla que no tengáis que tostar ni moler (como la de cáñamo), aseguraros fruta para comer entre horas (es la mejor “comida rápido” que podéis tomar), haced cremas de verduras para tres días, comprad el tofu y el tempeh ya macerados o aliñados para que no los tengáis que cocer veinte minutos con alga kombu, etcétera.

Lo más importante es planificar la compra de la despensa siempre teniendo en cuenta la semana que os espera y hacer caso de aquel refrán que dice que “más vale tener que desear”; es decir, por no caer en la alimentación rápida poco saludable el mejor remedio es tener una buena despensa con cereales de cocción rápida, lentejas –que no necesitan remojo y se cuecen rápido–, otras legumbres de bote ecológicas, diferentes tipos de semillas ya preparadas (tostadas o molidas), fruta seca, frutos secos, alga kombu para cocer legumbres, aceites vegetales de primera presión en frío, alguna leche vegetal, verdura y fruta en la nevera (siempre), e incluso fruta congelada para poder hacer un batido o un helado y saciar las ganas de dulce en cualquier momento.