La zanahoria es una raíz de un color naranja-rojizo y llena de vida. Es muy rica en nutrientes como hidratos de carbono de absorción lenta, minerales (Fe, K, Na, Ca y Mg), vitaminas (ácido fólico), antioxidantes y también tiene un efecto alcalinizante muy beneficioso para el organismo. Por lo tanto, ayuda cuando la dieta es demasiado rica en cereales, proteínas animales o azúcares equilibrando el pH sanguíneo.

De todos modos, la propiedad estrella de la zanahoria es su contenido en betacarotenos, unos precursores de la vitamina A: la razón de su maravilloso color naranja. Esta provitamina aporta muchos beneficios y se ha utilizado durante muchos años para mantener la salud visual y ayudar al buen funcionamiento del sistema inmunitario, muy importante en casos de cáncer, por ejemplo. Los betacarotenos tienen un gran poder antioxidante y ayudan a aportar nutrientes en todas las etapas de la vida: desde la infancia hasta la edad adulta, y especialmente en la vejez. Esta aportación es muy relevante en nutrición deportiva, ya que ayuda a regenerar tejidos.

¡Pero aún hay más! Según la medicina china, la zanahoria es un gran tonificante digestivo, ya que ayuda a mantener saludables las mucosas digestivas. Esto es porque contiene una fibra llamada pectina, que se considera la más fermentable de todas, y potencia, así, la diversidad microbiana. ¡La zanahoria es un regalo para el ecosistema intestinal!

Una cuestión que se debe tener en cuenta es que las pectinas se encuentran atrapadas en su pared celular en forma de fibras no fermentables. Pero, como a nosotros nos interesa que fermenten, tenemos que buscar la forma para facilitar este proceso y que la microbiota la pueda fermentar con facilidad. ¿Cómo lo podremos conseguir? Pues es tan simple como cocinar la zanahoria, ya que el calor hace que estas fibras se transformen en fermentables.

Además, con la cocción también liberamos mejor sus betacarotenos e incrementa su absorción. Si añadimos algún tipo de grasa saludable –como, por ejemplo, semillas oleaginosas, frutos secos, aguacate o aceite de calidad y de primera presión en frío– aún facilitaremos más esta llegada de provitamina A a nuestros tejidos.

¿Y por qué nos interesa tanto este superalimento, especialmente en verano? Los betacarotenos protegen la piel de los rayos solares; por esta razón la llaman “la verdura autobronceadora”. Tomad siempre, ¡especialmente en verano!

Así, podemos resumir que la zanahoria es un gran alimento para consumir regularmente. Contiene muchas propiedades beneficiosas especialmente para el sistema digestivo, inmunitario, visual y protege piel y mucosas.

Con la llegada del calor, lo mejor que podemos hacer es aprovechar todas estas propiedades incorporando un buen caldo natural de zanahoria en nuestras recetas de verano favoritas; por ejemplo, una crema fría de verano o un batido vegetal. Si añadís un buen caldo de zanahoria de calidad como el de Aneto, además de aportar un sabor buenísimo a vuestras preparaciones las enriqueceréis con un extra de nutrientes.

Al comprar un caldo de zanahoria envasado, tened presente que es importante que haya sido hecho de manera similar a cómo lo preparáis en casa: con verduras frescas y ecológicas, habiendo lavado cuidadosamente los ingredientes, cocinándolos a fuego lento durante más de tres horas, sin conservantes, aditivos, azúcares o exceso de sal. Si utilizáis como base el de Aneto, ¡ya tendréis todo esto asegurado!

Batido de zanahoria (para 4 personas)

Ingredientes

  • 1 L de caldo de zanahoria Aneto
  • 2 manzanas
  • 2 naranjas
  • 200 g de fresas
  • 8 g de jengibre

Paso a paso

  1. Preparar todos los ingredientes.
  2. Pelar y cortar los ingredientes.
  3. Poner en la licuadora (si no se dispone de licuadora se puede utilizar una batidora) y añadir el caldo de zanahoria. Mezclar bien hasta obtener un zumo suave.
  4. ¡Disfrutar! Recomendación: reservar alguna pieza de fruta para decorar el batido.
Berta Bertran
Berta Bertran

Nutricionista y PNIE clínica, técnica en farmacia, divulgadora en charlas sobre nutrición y cocina saludable.