El mar es uno de los protagonistas de nuestra cultura; siempre presente, de una forma u otra; un elemento indispensable para la salud que nos nutre, nos cuida y nos acompaña.

El silencio azul como fuente de bienestar

Ahora que entramos en verano es un buen momento para acercarse y sumergirse en él; dentro de sus aguas, dentro de su belleza. Pero cuando decimos sumergirse, no nos referimos solo a ponernos gafas y tubo y a disfrutar de la riqueza subacuática, no. El mar lo podemos disfrutar de muchas formas diferentes, tanto dentro como fuera del agua. En este artículo os quiero proponer dos maneras de vivirlo con repercusiones positivas para el bienestar físico, mental, emocional y espiritual.

Un estudio pionero de los profesores Jo Burton y Jules Pretty para Environmental Science and Technology (2010) mostró que la actividad en la naturaleza, cerca del agua, mejora la autoestima, estimula la confianza en uno mismo y levanta la ánimo, concretamente, ya que reduce la tensión, las emociones que nos hacen sentir mal y la depresión. Leer esto no debería extrañarnos, ya que todos, más o menos, tenemos sensaciones positivas cuando nos acercamos al mar.

Ejercicio acuático: el gimnasio azul

Si os gusta el deporte, os propongo hacer ejercicio físico en el agua. Ahora que hace tanto calor y salir a correr o en bicicleta se hace cuesta arriba por las altas temperaturas, os recomiendo, como dicen los anglófonos, entrar en el “blue gym”; es decir, en el gimnasio azul. Hacer ejercicio en el mar es muy estimulante y más sencillo, ya que el peso de la persona queda reducido en un 90%, lo que disminuye la tensión en las articulaciones. Además, aumenta la resistencia cardiovascular, la fuerza y ​​la flexibilidad.

Los estudios demuestran que, aunque nos parezca que no hacemos tanto esfuerzo y que no es tan intenso, en realidad, quemamos las mismas calorías. Además, contribuye a rehabilitar los músculos y articulaciones en proceso de curación, e incluso la presión del agua ayuda a hacer que los pulmones trabajen.

“El ejercicio azul”, como se denomina la actividad física relacionada con el mar, entiende el potencial de los espacios acuáticos naturales a la hora de estimular y mejorar la salud y el bienestar, a la vez que aumenta la conciencia de la gente en cuanto a los problemas del mar –contaminación ambiental, acústica, lumínica, exceso de plásticos…–, que tienen consecuencias directas en la vida global del planeta y, de rebote, en todos nosotros.

Atención plena cerca del mar

Como decía antes, una de las cosas bonitas e interesantes es que disfrutar del mar no es solo entrar en él. Estar cerca, sin tocarlo, también aporta muchos elementos interesantes para la salud. Y, además, si lo hacemos con conciencia, los beneficios serán aún mayores. Practicar mindfulness con el sonido del mar en un estado de presencia consciente nos hará vivir experiencias de bienestar personal de un grado muy elevado. Además, es bueno hacer esta actividad fuera de la temporada estival, ya que la masificación de los espacios naturales en época de vacaciones crea distracciones para poder disfrutar de ellos adecuadamente. En verano, buscad momentos como la salida del sol, o el atardecer, cuando el calor es menos sofocante y hay mucha menos gente. El resto del año, es un lujo tener estos espacios casi en exclusiva.

Si podéis sentaros en la playa, en una roca a pocos metros de donde rompen las olas, o incluso sobre un acantilado, donde la vista se pierde y se difumina en el horizonte azulado, la experiencia será mucho más intensa.

El sonido del mar tiene unas características muy importantes a la hora de procurarnos ratos de bienestar y de conexión con nosotros mismos. Eso sí, debemos buscar días, o noches, en los que el mar esté tranquilo, sin mucho oleaje, ya que el chasquido de las olas fuertes por un mar agitado o con mucho viento no nos calmará; sino todo lo contrario. Hay que buscar mares calmados. Caroline M. Hägerhäll, en su estudio Human Physiological Benefits of Viewing Nature (2015), explicó cómo las melodías sutiles que nos regala un mar en calma ayudan mucho a rebajar el estrés y la ansiedad, así como a ralentizar, también, el ritmo cardíaco. Escuchar activamente estas melodías tiene un efecto directo en la mente; ayuda a crear un silencio muy terapéutico, muy eficaz a la hora de reducir el ruido de los pensamientos.

Los beneficios del mar

Antes de compartir un ejercicio para integrar los sonidos de la naturaleza para el bienestar personal, apuntaré algunos elementos importantes para ser más consciente de lo que ocurre cuando estamos en el mar.

  • La exposición al sol –de forma moderada y en horas en las que los rayos no inciden directamente– es fuente de vitamina D, que ayuda a regular la cantidad de calcio y fosfato del cuerpo, muy importante para tener huesos, dientes y músculos sanos. Esta vitamina tiene una influencia directa en el sistema inmunológico, la salud intestinal y el bienestar mental, tal como apunta el sistema nacional de salud británico (2018).
  • El magnesio es un mineral muy presente en el mar y que el cuerpo necesita para funcionar correctamente. Hay personas que no lo pueden digerir bien, y el hecho de que a través de la piel pueda acceder a las células hace que un buen baño nos proporcione una buena dosis.
  • Las algas, ya sea de forma comestible o a través de baños o terapias, también aportan muchos minerales, vitaminas y proteínas. Nos podemos aprovechar de ellas cuando no tengamos el mar cerca.

Ejercicio práctico de meditación delante del mar

Ejercicio práctico de atención plena junto al mar

¿Qué debemos hacer para que el sonido del mar nos aporte la calma, la salud y la plenitud que necesitamos?

  1. En primer lugar, tenemos que buscar un lugar donde nos podamos acomodar, con toda la grandiosidad del mar enfrente, y comenzar a respirar lentamente, siempre por la nariz.
  2. Tenemos que mantener la mirada al horizonte, sentir el ahora y el aquí. La respiración debe ser cada vez más lenta y profunda y, poco a poco, cerraremos los ojos mientras la imagen del mar se va volviendo borrosa hasta que la oscuridad de los ojos cerrados nos conecte con nosotros mismos. Vaciaremos la cabeza de pensamientos, sobre todo de los que nos distraen de poder disfrutar plenamente del presente.
  3. Con la respiración lenta y profunda, sintiendo como el abdomen crece cuando inspiramos y decrece cuando expiramos, nos fijaremos en los sonidos que nos llegan. Trataremos de identificarlos todos, de los más fuertes a los más sutiles, sean los que sean, mirando de dónde vienen: de delante, de detrás, de la derecha o de la izquierda… Cuando los hayamos escuchado, identificado y situado todos, nos centraremos en el mar; en las olas. Nos fijaremos en las que rompen a la izquierda, a la derecha, delante… Prestaremos atención a las intensidades, a la espuma, a las piedrecitas que se lleva la corriente… y analizaremos cómo nos hace sentir todo esto.
  4. Con la respiración, visualizaremos como si, al inspirar, lleváramos el mar dentro. Inspiraremos y sentiremos como su vibración, su sonido, entra en nuestro cuerpo y dejaremos que vaya donde necesite. El cuerpo es inteligente y lo sabe. No tenemos que hacer nada, solo abrir la puerta para que entre, y observar sin ninguna intención. Observaremos dónde, cómo nos hace sentir, y nos regalaremos todo el tiempo que podamos; cuanto más tiempo, mejor nos sentiremos.
  5. Cuando acabemos, haremos una respiración profunda para sentir todo el cuerpo, y antes de abrir los ojos, nos volveremos a escuchar; cómo nos sentimos, cómo estamos. Y lo podemos comparar con nuestro estado inicial antes de hacer la actividad.
  6. Antes de movernos, podemos agradecer al mar su compañía y pensar un momento en lo importante que es para nuestro bienestar.

 

Edgar Tarrés
Edgar Tarrés

Creador de experiencias “mindful travel”

    @edgar.mindfulkit