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Es muy versátil y fácil de preparar, y debería ser un elemento imprescindible en cualquier nevera. Nos sacará de un apuro y dará un toque sabroso y nutritivo a preparaciones de emergencia.

Ingredientes

  • 1 taza de avellanas (u otros frutos secos: almendras, nueces, pistachos, nueces de macadamia)
  • 2 cucharadas de semillas de sésamo
  • ½ cucharada de cominos
  • 1 cucharada de semillas de coriandro
  • ½ cucharadita de pimienta negra recién molida
  • 1 cucharadita de sal marina
  • Un puñado de hojas de menta fresca, picadas muy finas

Preparación

  1. Tostar ligeramente las avellanas en una sartén o en un horno precalentado a aproximadamente 170 ºC unos minutos, hasta dorarlas y que se les parta la piel. Envolverlas en un paño y frotarlas hasta que la piel se desprenda del todo. Dejar que se enfríen. Mientras tanto, en una sartén, tostar las semillas de comino y de coriandro a fuego bajo o moderado hasta que comiencen a desprender su olor característico. Esto tarda aproximadamente 1 minuto. Retirarlas de la sartén y dejarlas enfriar. Se puede aprovechar la misma sartén para tostar las semillas de sésamo hasta que tomen un color dorado, cosa que lleva unos minutos.
  2. Cuando todos los ingredientes estén fríos (esto es muy importante, si no los ingredientes soltarán aceite y el dukkah no quedará suelto), machacar las especias en un mortero y, luego, agregar el sésamo, los frutos secos, la sal y la pimienta y trabajarlo hasta que quede con una textura de harina gruesa, con las semillas enteras y los trozos de las avellanas bien visibles. Por último, agregar la menta e incorporarla suavemente al dukkah. Esto se puede hacer también con un robot de cocina, pero teniendo en cuenta que procesarlo demasiado tiempo puede provocar que se liberen aceites, y eso arruinaría su consistencia.

Como ya hemos dicho, la receta es versátil y adaptable, se le pueden agregar otras hierbas como tomillo seco, o especias como escamas de pimientos picantes. También se puede jugar con la variedad de frutos secos que existen o cambiar las proporciones de especias y sésamo hasta encontrar la versión que más os guste.

El dukkah se consume tradicionalmente sirviéndolo en un cuenco, acompañado de aceite de oliva y de pan de pita. Se moja el pan en el aceite y luego en el cuenco de dukkah. También se puede usar como aderezo para ensaladas, espolvoreado sobre verduras crudas o asadas, para rebozar carne, pescados y mariscos, sobre pizza con verduras, en un wrap de pan de pita con hummus, etc. Vuestra imaginación es el límite.

Si se guarda en un recipiente de cristal hermético, el dukkah se conserva bien en la nevera durante algunas semanas (aunque no creemos que os podáis resistir tanto tiempo).

Referencias:

Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard.

FEARNLEY-WHITTINGSTALL, Hugh. River Cottage Every Day . New York: Random House, 2011. ISBN: 978-1-60774-099-5

soledadSoledad Etchemendy

Traducción y adaptación