Somos lo que comemos, y actualmente la alimentación no cubre todas las necesidades de nuestro organismo, con predominio de los alimentos industriales, exceso de grasas saturadas e hidrogenadas, alimentos hipercalóricos, azúcares refinados… por lo tanto, el objetivo que queremos conseguir es cuidar el estilo de vida y la nutrición.

El equilibrio a través de la alimentación se consigue siguiendo la lógica del sentido común: elección de los alimentos más adecuados a la constitución y a la condición de cada uno para conseguir un estado de salud óptimo.

Una nutrición adecuada se consigue con la alimentación, y una nutrición óptima se consigue con la suplementación.

Esta suplementación diaria, habitual y continuada se basa en cuatro pilares:

  1. El multinutriente: Micronutriente formado por vitaminas y minerales. Dirigido a un conjunto amplio de la población y subdividido al menos en dos grupos, adultos y niños, ya que las necesidades y las dosis en cada etapa son diferentes. Incluyen vitaminas liposolubles A, D, E y K; vitaminas hidrosolubles B y C. También minerales y oligoelementos como el magnesio, el zinc, el selenio, el calcio, el cobre, el manganeso…
  2. El antioxidante: En cada proceso vital, el organismo genera reacciones químicas, y forma así nuevos productos llamados radicales libres que deben ser neutralizados y equilibrados para evitar el daño celular. Aparte, estamos también expuestos a otros factores oxidativos externos como la contaminación, el tabaco, la alimentación, el estrés… ¡No podemos llegar al estrés oxidativo! Los deportistas también generan muchos radicales libres fruto de la actividad celular en la fabricación de energía (ATP). La necesidad de tomar un antioxidante como suplemento es casi obligatoria, ya sea una vitamina C, un Co-Q10 o un ácido alfalipóico.  
  3. El omega: Nos centramos en los ácidos grasos esenciales omega-3 y 6, ya que los podemos obtener sólo de la dieta. Son fundamentales para el buen funcionamiento del sistema inmunológico, función cognitiva, sistema nervioso, procesos inflamatorios, sistema cardiovascular… Actualmente, en el mercado, encontramos muchas clases de omega-3 con variedad de procedencias y dosificaciones, por lo tanto, tenemos que saber cómo valorar la calidad del omega que nos estamos tomando.
  4. El probiótico: Seguimos con el mismo concepto sobre el hecho de que el estrés, la contaminación, la mala alimentación, tratamientos antibióticos, entre otros, hacen que la flora se vea afectada y se desencadene una sintomatología asociada. Una microbiota autóctona sana, de probióticos y prebióticos, es la base para reforzar el sistema inmunológico, favorecer la absorción de nutrientes, regular el tránsito intestinal y otras alteraciones digestivas.

 

Mireia Segarra

Farmacéutica especialista en Nutrición Ortomolecular y creadora de la web www.degustasalud.com