Se llama Roche SalmoFan y es un abanico colorímetro exacto al que se usa cuando se quiere escoger el color para pintar las paredes de casa. La diferencia es que este muestra a los empresarios del cultivo de salmones en piscifactorías las tonalidades de color salmón que pueden conseguir que adopte la carne de estos peces usando más o menos suplemento de un antioxidante sintético, la astaxantina, en el pienso que se suministra a estos animales cautivos. No es un capricho: parece que el tono más o menos asalmonado es un factor decisivo en la compra.

La dieta de los salmones de piscifactoría se basa en soja

Y es que, mientras los salmones salvajes tienen ese color anaranjado porque se alimentan de pequeños crustáceos, los salmones de acuicultura no tienen una dieta tan exquisita. Hasta no hace tanto, se les alimentaba exclusivamente con pienso hecho a base de harina de otros pescados; una locura más del supuesto eficiente sistema alimentario industrial, que, para engordar un kilo de salmón, le tiene que dar de comer, al menos, tres kilos de otros pescados comestibles, como sardinas o jureles. Pero, como cada vez hay menos pescados –y el auge de la acuicultura tiene mucho que ver con ello–, para abaratar costes de producción, estas empresas de salmonicultura utilizan un nuevo ingrediente en la dieta de estos animales carnívoros: harina de soja. ¿Han resuelto adecuadamente su problema?

Tal y como explica la organización Rainforest Foundation, no. Según sus pesquisas, al menos tres empresas brasileñas que se destacan como los exportadores principales de soja para el engorde de salmones en las jaulas-balsa de las empresas de Noruega, tienen, entre sus proveedores, productores de soja que han sido denunciados por trabajar con mano de obra esclava, que son responsables de deforestación ilegal y que han provocado graves conflictos de tenencia de tierras en comunidades indígenas. La receta para poder vender salmones baratos por todo el mundo es peligrosa: sustituir miles de hectáreas de campos de cultivos para la alimentación local por monocultivos de soja, o destruir una parte importante de selva amazónica para ganar más lugares donde cultivar soja, y finalmente aliñar con abundantes pesticidas.

Pensemos que Noruega es el productor principal de salmones en cautividad, y pensemos que, a este paso, a las próximas generaciones les enseñarán las miles de tonalidades de verdes amazónicos en un abanico de Pantone.

Gustavo Duch
Gustavo Duch

Coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas. Autor de libros como Lo que hay que tragar, Alimentos bajo sospecha, Sin lavarse las manos y Mucha gente pequeña.

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