Hoy en día es imposible desconocer las consecuencias sociales, económicas y ambientales negativas que provoca nuestro modelo alimentario actual en términos de producción, distribución, comercialización y consumo. Frente a esto, existe una idea bastante generalizada de que es necesario cuestionar y deconstruir este modelo, y replantearlo. La escuela ofrece una plataforma de cambio profundo y prometedor, pero incluir esta temática es un desafío que, hasta el momento, no ha conseguido ser implementado.

La guía

La guía “Sistemas alimentarios: efectos sobre nuestra salud y la del planeta” elaborada por Justicia Alimentaria ofrece un conjunto de sugerencias útiles para incorporar la soberanía alimentaria con enfoque de género en las asignaturas que pueden contribuir a la comprensión de la temática y al logro de objetivos, durante algún trimestre de tercero de la ESO.

Concretamente, el documento propone que el alumnado realice, en grupos, una investigación sobre los sistemas alimentarios con tal de identificar propuestas para transitar hacia modelos más justos desde el punto de vista social y ambiental. Todo ello, con un margen de flexibilidad suficiente para que cada equipo docente y centro educativo pueda realizar las adaptaciones que considere oportunas.

La guía propone una metodología y fases de trabajo y se inscribe en el conjunto de recursos que se ofrecen dentro del programa “Alimentacción, que impulsan conjuntamente Justicia Alimentaria y Hegoa, y que se está desarrollando en Illes Balears, Comunitat Valenciana, Catalunya y Euskadi.

¿Qué es la soberanía alimentaria? ¿Por qué con enfoque de género?

La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a tener alimentos sanos y culturalmente adecuados, producidos mediante métodos sostenibles, así como su derecho a definir sistemas agrícolas y alimentarios propios. Desarrolla un modelo de producción campesina sostenible que favorece a las comunidades y su medio ambiente. Da prioridad a la producción y consumo local de alimentos. Sitúa las aspiraciones, necesidades y formas de vida de aquellos que producen, distribuyen y consumen los alimentos en el centro de los sistemas y de las políticas alimentarias por delante de las demandas de mercados y empresas.

La guía propone, en este sentido, dar a conocer un modelo de economía circular, que sea respetuoso con los ciclos naturales, para reemplazar un modo de producción capitalista basado en una economía lineal (extraer-producir-consumir-tirar) que no toma en consideración los límites del planeta, ni tampoco las necesidades de las personas y las comunidades.

En relación con el enfoque de género, el documento explica que “para el análisis crítico de la realidad y para comprender mejor las problemáticas de la alimentación es imprescindible incluir una mirada feminista en el análisis de las lógicas socioeconómicas de uno y otro modelo”. En este sentido, la guía propone dejar atrás un modelo de desigualdad entre hombres y mujeres en favor de uno con corresponsabilidad en las tareas de cuidados, reconocimiento del trabajo de las mujeres campesinas y empoderamiento de estas.

Por la salud de las personas

La propuesta hacia un modelo de producción más justo y sostenible tiene repercusión directa sobre la salud de las personas, ya que el tipo de alimento que consumiría la población desplazaría una buena parte de los productos ultraprocesados, extremadamente baratos y dañinos para la salud, que actualmente invaden despensas y neveras.

Entre los anexos del documento, el artículo “Los pobres son obesos” del periodista y profesor Javier Mato, explica cómo, en los últimos años, el modelo de producción actual ha permitido transformar los alimentos en productos ultraprocesados con ingredientes que dan una gran rentabilidad a la industria, pero a un costo muy alto en términos de salud. En España, sin ir más lejos, un 17% de la población es obesa y más de la mitad tiene sobrepeso. “Desde 1970 a hoy, la obesidad en España se ha triplicado en paralelo a la mercantilización del negocio de la alimentación”, revela Mato.

Ahora solo hace falta ponerlo en práctica

A través de “Sistemas alimentarios: efectos sobre nuestra salud y la del planeta”, Justicia Alimentaria exige a la administración pública que incluya la temática de la alimentación en el currículum escolar, de una manera formal y obligatoria. El documento está redactado en términos muy prácticos y tiene en cuenta los decretos curriculares de cuatro comunidades (las que forman parte del programa “Alimentacción”), aunque puede ser aplicable fuera de estos territorios.

Pilar Rodrigáñez

Dietista

    @pilarrodriganez
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