La bióloga Elisabet Silvestre es experta en biología humana, bioconstrucción y biohabitabilidad. Ha trabajado en distintos hospitales y centros sanitarios y es docente de distintos másteres y posgrados. También es autora del portal www.habitatsaludable.info y acaba de publicar el libro “Tu casa sin tóxicos”, destacado en nuestra selección de Sant Jordi Healthy.

Este libro es la biblia de los tóxicos, Elisabet. No había encontrado un libro tan completo y específico como este. Aquí está todo lo que nos estropea la salud individual y la del planeta: desde los conocidos tóxicos como el humo del tabaco, los tóxicos de los materiales de cocina y los de los propios alimentos, hasta tóxicos menos explicados como el gas radón. ¿Qué es el gas radón?

Es un elemento químico natural presente en la corteza de la tierra, un gas que puede entrar a través del subsuelo o las grietas de las estructuras de las casas hacia su interior. Es inodoro y, por tanto, no nos damos cuenta que lo tenemos dentro de casa, que lo estamos respirando, y la problemática está en el hecho de que sea radioactivo. Cuando respiramos, entra en contacto con los alvéolos pulmonares y los perjudica. Ser fumador es la primera causa asociada al cáncer de pulmón; y la segunda es inhalar gas radón.Un hábito tan simple como ventilar la casa a diario es la forma más eficaz de evitar su exposición, de esta forma se evita que se concentre en los espacios interiores de casa y edificios. Hay zonas geográficas más afectadas que otras, en función de la geología natural del terreno; por ejemplo, Galicia destaca por ser una zona dónde el riesgo de radón es más elevado.

Tampoco se suelen incluir en las clasificaciones estándares de tóxicos los campos eléctricos y electromagnéticos. Explicas que la OMS, ya en 1982, declaró el síndrome del edificio enfermo. Se refería a lugares de trabajo, pero hoy sabemos que nuestro hogar también puede sufrir este síndrome. ¿Cómo es un hogar saludable?

Sí, desde hace unos años, la ciencia ha empezado a hablar del síndrome de la casa enferma. Hay personas que cuando cambian de casa o hacen una rehabilitación, notan que su estado de salud cambia y experimentan síntomas como jaquecas, problemas respiratorios, de sueño, de cansancio, etc. Estos síntomas pueden ser originados por factores intrínsecos del espacio en que vivimos. Y evitarlos ayuda a recuperar el equilibro del organismo. Las sustancias químicas como los compuestos orgánicos volátiles de las pinturas, por ejemplo; microorganismos como los hongos; o también las radiaciones artificiales como los campos eléctricos o magnéticos son agentes a considerar. Garantizar la calidad del aire interior favorable es un requisito para un hogar saludable. Por tanto, ventilar o dejar entrar el sol en casa son hábitos que ayudan a respirar un aire más sano. Las plantas de interior purifican el aire y ayudan a regular la humedad relativa. Y una medida eficaz es evitar introducir tóxicos dentro de casa, por ejemplo, con hábitos cotidianos como limpiar la casa. La paradoja es que, para eliminar los microorganismos, acabamos ensuciando con sustancias químicas. De hecho, se acaba de publicar un estudio de la Universidad de Bergen, Noruega, que indica que limpiar el hogar con productos químicos puede ser tan nocivo como fumar. Y sobre los campos eléctricos y electromagnéticos, sí que podemos utilizar la tecnología, pero debemos evitar una exposición permanente. Un hogar saludable incluye instalaciones más biocompatibles.

¿No existe un protocolo para saberlo?

Sí, desde la disciplina de la biohabitabilidad trabajamos con un protocolo que permite evaluar el espacio, detectar posibles factores de riesgo, también tomar medidas ambientales en los casos necesarios, y aportar opciones para mejorar la calidad del aire.

En el libro propones un test para saber, por ejemplo, si estamos afectados de radiación terrestre. Preguntas sobre todo cómo dormimos y cómo duermen nuestros hijos… ¿Qué significa que durmamos especialmente mal?

Un signo de un buen descanso es levantarnos con energía. Mientras dormimos, se ejecutan funciones de reparación en el organismo, y más que descansar, deberíamos tener un sueño reparador. Si nos cuesta dormir, nos levantamos más agotados que cuando hemos ido a dormir. Además de evaluar las causas orgánicas, tenemos que tener en cuenta causas ambientales que pueden no ayudarnos a disfrutar de un descanso reparador. Los niños especialmente son muy sensibles a las radiaciones naturales. Algunos niños que se despiertan a menudo durante la noche o que cambian de posición –se giran, poniendo los pies en la almohada y la cabeza en la zona de los pies, o duermen en un rincón de la cama-, con un cambio de ubicación de la cama, evitando la exposición a estas radiaciones, revierten estas situaciones y descansan mejor.

También hablas de los materiales de construcción que tenemos que evitar para no convivir con tanta toxicidad. ¿Pero es realista querer evitar tantos impactos? ¿Tú lo consigues sin sentirte esclava del conocimiento?

El conocimiento, y más como consumidores, es una herramienta que nos ayuda a elegir los productos. De la misma manera que aprendemos qué alimentos son más saludables, sus propiedades, aprendemos a leer las etiquetas o a cocinarlos, deberíamos hacer lo mismo con los productos de limpieza. Cuando vas al mercado puedes elegir productos de proximidad, ecológicos o convencionales, ¿verdad? En mi caso ha sido una evolución. Empecé con la alimentación y luego continué con los productos de uso habitual como los de la limpieza o los cosméticos. Lo que más afecta la salud es a aquello a lo que más te expones: la comida (que ingerimos varias veces al día), o los productos de cosmética diaria. Con el resto, vamos haciendo a medida que vamos necesitando. Por ejemplo, en el caso de los materiales de construcción, cuando toca pintar, poner parqué o hacer una reforma en la cocina, puede ser el momento para interesarnos por las opciones más naturales, más sostenibles y más saludables. Piensa que cuando hay algún miembro de la familia con asma, alergia, sensibilidad química múltiple o tenemos niños en casa, es especialmente importante hacer bien esta elección. Uno de los objetivos del libro ha sido el poder ofrecer una guía de consulta, especialmente pensando en las personas más sensibles, y también las que quieren empezar a hacer cambios pequeños, poco a poco. Tengo claro que como consumidores tenemos mucho que decir, con nuestra compra damos soporte a unas o a otras formas de producción, a empresas más o menos sostenibles. Es una vía de apostar por la salud del planeta.

Nos explicas cada sustancia especialmente nociva de algunos productos estrella. ¿Con qué debemos fijarnos cuando compramos dentífrico?

Con productos como el triclosán, un antibacteriano con conocidos efectos de disrupción endocrina; el fluoruro o flúor, que frena la placa bacteriana; o las micro perlas, partículas de plástico que acaban contaminando el medio ambiente.

El champú no debería hacer espuma….

No, no hace falta, que haga espuma no es indicador de una mejor limpieza. Normalmente se utilizan derivados de sulfatos como detergentes, así que podemos mirar la composición que no contenga Lauril sulfato de sodio (LSL), irritante para la piel y también un disruptor endocrino.

 ¿Y el tinte para el pelo?

Debemos evitar el PPD –irritante y considerado carcinógeno-, y el amoníaco –irritante, alérgeno-, los parabenos o el resorcinol, de efecto disruptor endocrino.

¿Pintauñas y productos para quitar el esmalte?

Suelen llevar sustancias irritantes y nocivas como los formaldehidos, el tolueno o el xileno. De hecho, en la composición de los productos de higiene personal y cosmética, se utilizan cientos de productos, por eso es muy difícil conocerlos todos. Una opción es portar por productos con base vegetal, que eviten derivados del petróleo. Hay una buena oferta de marcas que ya especifican que no incluyen parabenos, amoníacos, aluminio, formaldehid, o que tienen certificación de cosmética ecológica.

¿Qué respondes o cómo te defiendes de las críticas de las personas escépticas que creen que estos tóxicos, si están permitidos, no pueden ser tan nocivos como decimos que son?

Mi tarea profesional se ha desarrollado en el campo de la salud, primero como citogenetista y luego en la salud ambienta en relación a las conocidas enfermedades ambientales emergentes, como la sensibilidad química múltiple o la fatiga crónica. La evidencia indica que en casos de más sensibilidad a un agente determinado o de pérdida de tolerancia, puede haber desequilibrios en el organismo, e incluso con una exposición a dosis permitidas y consideradas como bajas.

El umbral de sensibilidad del organismo no es igual para todos. Cuando una persona tiene síntomas adversos de salud, ya sea por una intolerancia a una sustancia presente en un alimento o en un cosmético, aunque sean dosis bajas, debemos considerarlo. Es interesante señalar que, aunque se conocen cómo actúan o qué efectos tienen algunas sustancias químicas de forma individual, no se conocen las repercusiones del llamado efecto cóctel, es decir, el efecto de la exposición cuotidiana a muchas dosis bajas de sustancias distintas (presentes en alimentos, cosméticos, ambientadores, detergentes, etc.). Y ésta es la realidad, que estamos expuestos a dosis muy altas. A medida que la investigación científica avanza, se han ido detectando productos, sustancias que, habiendo sido comercializadas, se han acabado prohibiendo porque se ha constatado su efecto tóxico –como el plomo o el asbesto-, o se ha restringido en ambientes interiores –como el tabaco-.

Antes citaba el estudio de la Universidad de Bergen que indica que la exposición a productos de limpieza del hogar tiene impactos en los pulmones tan graves como fumar. También en el caso de la alimentación, a medida que hay más estudios, se van revisando las dosis recomendadas de ingesta de determinadas sustancias o productos, como el azúcar, los productos cárnicos o recientemente, la acrilamida.

También a raíz del conocimiento de las sustancias que actúan como disruptores endocrinos, sabemos que el efecto disruptor se produce justamente con dosis muy, muy bajas, porque es así como consiguen mimetizar el efecto de las hormonas de nuestro cuerpo. En definitiva, no es cuestión de creencias, es cuestión de abordar la salud con una mirada integrativa, teniendo en cuenta que los hábitos y los factores ambientales juegan un papel relevante, abordar las nuevas evidencias que va aportando la ciencia y, como consumidores, tener información que ayude a escoger entre una amplia oferta de productos que, por mucho que cumplan la normativa, pueden diferir mucho en la composición y la dosis de una misma sustancia.

Núria Coll
Núria Coll

Directora de soycomocomo.es