Se define como mujer, madre y bloguera (www.ninyacolorita.com). Carlota Sala tiene treinta y tres años y tres hijos de seis, cuatro y un año, que educa en casa junto con Jordi, su pareja. Hace un año y medio que vive rodeada de naturaleza, en Sant Sadurní d’Osomort, Osona. Su interés por la crianza y la educación libre, junto con la experiencia personal, la ha llevado a impartir el taller «Madres felices, hijos felices«, en el que dedica un apartado exclusivo a hablar de energía, salud y alimentación durante la maternidad.

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Eres mujer, madre, bloguera y también te defines como vegetariana no estricta…

Sí, como carne solo cuando el cuerpo me lo pide. He aprendido a escucharlo y lo respeto. Es mi medio de transporte en esta vida y la tengo que cuidar.

¿Y cómo lo cuidas?

Con una dieta que me genere la energía que necesito para poder criar a mis tres hijos con la máxima plenitud.

¿La carne no te da esa energía?

Al revés. Me la quita, porque mi cuerpo necesita mucho tiempo para digerirla. Los días que como carne, tengo que hacer siesta. Y mientras a mí se me cierran los ojos, mis hijos me reclaman para jugar. Para ellos el día continúa…

¿Una dieta basada en los cereales, entonces?

He ido elaborando la dieta que a mí me funciona, y creo que todo el mundo debería hacer lo mismo, dentro de unos parámetros que sean coherentes, claro. Cada cuerpo es único e irrepetible. ¿Qué necesidades tienes? ¡Detéctalas y te encontrarás mejor!

Y tu fórmula mágica, ¿en qué consiste?

Hago cuatro comidas al día, compro alimentos ecológicos, de temporada y de proximidad (con las mínimas toxinas posibles); consumo cereales integrales, verdura (en gran parte cruda o poco cocida) y legumbres. La proteína, una vez al día, casi siempre vegetal. Y a media mañana o a media tarde, una pieza de fruta. Los germinados y las semillas también están presentes.

¿Y en casa todos hacéis lo mismo?

Desde que soy madre, la nutrición se ha convertido en un pilar básico de mi vida. He comprobado que, si yo me alimento bien, me encuentro en condiciones para dar lo mejor de mí a mis hijos. Y la de educar no es una tarea que hago porque «toca» porque ahora soy madre, sino porque realmente me apetece y me siento feliz disfrutando de esta etapa vital. Además, he comprobado que mi dieta es un modelo para mis hijos. Si yo como brócoli, ellos muestran interés por probarlo; si no lo hiciera, seguramente no lo tendrían.

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¿No tienen problemas con la verdura Ot, Aran y Auró?

Como la mayoría de los niños, les encanta la pasta con tomate, pero comen de todo y −lo más importante− ¡tienen interés por probar alimentos nuevos! En casa no compramos ni carne, ni pescado, ni lácteos –los consumimos de manera excepcional. Apostamos por los cereales, las legumbres, la proteína vegetal, la fruta y la verdura.

¿Y cómo lo consigues?

La fruta la suelen comer a media mañana o por la tarde. Tienen un cuenco al alcance para coger la pieza que más les apetezca. Durante las comidas, la verdura siempre está en la mesa. Les dejo que escojan la textura que prefieran: a Ot le encantan los triturados (cremas, hervidos, etc.), mientras que Auró es amante de todo lo que sea crudo, como la zanahoria o la ensalada. Es curioso, pero ¡eso también dice mucho de su forma de ser!

¿Los horarios también son importantes?

¡Sí! Solemos hacer horarios más europeos que mediterráneos. Desayunamos fuerte y temprano: cereales integrales, fruta, frutos secos, leches vegetales, patés vegetales, guacamole casero, zumos de fruta naturales, huevos, pan integral… ¡Nos encanta desayunar! A media mañana, si hay hambre, un poco de fruta y hacia la una comemos (arroz, mijo, cuscús, pasta de espelta o integral) con alguna verdura de acompañamiento y proteína vegetal. ¡Sin postre! A media tarde, meriendan pan con olivada, frutos secos o fruta de temporada. La cena la hacemos ligera y mínimo dos horas antes de acostarse.

Pareces nutricionista…

¡Ja, ja! No lo soy pero he aprendido a autorregularme simplemente observando a mis hijos. Son el mejor ejemplo. Cuando un niño tiene hambre, come; cuando su cuerpo necesita moverse, se mueve; y cuando está cansado, duerme. Los adultos hemos perdido esta sensibilidad porque hemos olvidado escuchar a nuestro cuerpo.

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Y, ahora mismo, ¿qué te dice el cuerpo?

Que me quiero nutrir de este sol tan fantástico que hace hoy. ¡Eso también es alimentarse! En el taller explico que hay que alimentarse para nutrirnos físicamente pero también espiritualmente, a través de lo que nos gusta y nos proporciona energía. Digo a las madres que dediquen una parcela a sí mismas, a hacer lo que más les gusta, ¡a llenarse! Los niños también captan estas cosas.

¿Y si no se puede?

La crianza es agotadora y desgasta mucho. Para dar, te tienes que llenar. La energía la incorporas a través de la alimentación, pero la cabeza también necesita momentos para evadirse y desconectar. Quien no lo haya hecho todavía, que lo pruebe. Que vaya a nadar, caminar o coser aquella bufanda que tanto le gusta, y ya verá como después disfruta de sus hijos con otra mirada. Madres: ¡cuidaos!

Gemma Castanyer
Gemma Castanyer