revolutionary day

El cocinero inglés Jamie Oliver no se lo inventa. Ha pasado por muchas escuelas inglesas, norteamericanas y australianas y ha comprobado que los niños no conocen los alimentos. Cuando, en más de una ocasión, les ha enseñado peras, coliflores, acelgas o tomates, nunca han acertado los nombres. Una vez le llegaron a decir que un tomate era una patata. Es más, cuanto más insistía en los tomates, menos respuestas correctas obtenía. En cambio, cuando preguntaba si sabían qué era el kétchup, todos le sabían responder bien. Él mismo cuenta que en Australia un 20% de los alumnos de Primaria piensan que la pasta es de origen animal, mientras que el yogur es vegetal.

Oliver aconseja a las familias que enseñen a comer a los hijos de la misma forma que los educan a saber cruzar las calles, por ejemplo. Él mismo argumenta con mil y un motivos.

  1. Los niños de hoy son la primera generación que tienen una esperanza de vida más corta que sus padres por culpa de la dieta y la falta de ejercicio.
  2. Las cifras de sobrepeso y obesidad son altísimas. De hecho, la  OCDE cree que en 2020 habrá aumentado un 10% el sobrepeso y la obesidad en el Estado español.
  3. Cada vez más criaturas a partir de los ocho años tienen diabetes de tipo 2, considerada generalmente una enfermedad específica de los adultos.
  4. Hay muchas otras enfermedades relacionadas con la mala alimentación, como los problemas cardiovasculares.

Por supuesto, las verduras y las hortalizas son primordiales en la alimentación de los niños. Como también lo son los cereales y las harinas integrales. He aquí el problema. ¿Cómo lograr que los niños coman verduras? Porque es sabido que el sabor amargo de muchas no les convence. De hecho, hay una teoría que sostiene que el amargo empieza a gustar en la edad adulta. Así pues, ¿cómo hacerlo? El cocinero Jamie Oliver vuelve a hacer una lista, ahora de consejos, para lograrlo.

  1. Los niños que aprenden a cocinar comen mejor y entienden cómo la comida afecta al organismo.
  2. Si hacen comidas nutricionalmente correctos tienen mejor rendimiento escolar.
  3. Mejorar la dieta y aumentar la actividad física es más efectivo que tomar medicación para reducir el riesgo de diabetes de tipo 2.
  4. La comida hecha en casa no tiene ningún aditivo desconocido, ni ninguna grasa trans, como acostumbra a pasar con la comida preparada.

Por todo ello, pide a la sociedad que se involucre en la alimentación saludable, en la comida de verdad, que no es la procesada, ni la azucarada, que la industria alimentaria ha logrado hacer llegar a todos sitios, como cuenta Oliver. Mediante la web Food Revolution Day pide a escuelas y otras comunidades que organicen actividades. En Barcelona y en Valencia hay dos embajadores designados que están promoviéndolo, y con los cuales el cocinero recomienda ponerse en contacto.

Si no, en la misma página web, el cocinero mediático aporta todos los materiales necesarios para crear, por iniciativa propia, actividades sobre comida de verdad. Y también para hacer en casa, como averiguar de dónde provienen los alimentos, de qué estación son, cuándo crecen y cuándo no, como afectan al organismo y cómo cocinarlos. La información de cada uno de estos apartados es muy completa, y está pensada para ser impresa en formato póster.

 

Trinitat Gilbert
Trinitat Gilbert

Periodista