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La merienda es la comida que sirve de intervalo entre el almuerzo y la cena y, por tanto, es imprescindible. ¿Por qué? Nos responde el jefe de la Unidad de Endocrinología Pediátrica del Hospital Germans Trias, Joan Bel: “Si los niños no meriendan, llegan hambrientos a la hora de cenar, y es entonces cuando se termina comiendo más de la cuenta y sin criterio”.

Así, la merienda se parecería al desayuno de media mañana. Es el refuerzo que permite llegar a las grandes comidas. Justo por este motivo, “la merienda debe estar compuesta por una porción de hidratos de carbono de absorción lenta, como el pan, combinado con proteína”, afirma el doctor Joan Bel.

Otra posibilidad también es una fruta, porque aporta fibra y también es de absorción lenta. “Lo que hay que eliminar de las meriendas son la bollería industrial y los zumos, porque se absorben rápidamente, son azúcar rápido sin ningún interés nutricional”.

Marta Ramón, jefa de la Sección de Endocrinología del Hospital Sant Joan de Déu, explica que tradicionalmente y erróneamente las criaturas han comido más dulce a la hora de la merienda. “Es una mentalidad que ha existido siempre, incluso en familias que hacían comidas saludables durante el resto del día”.

Y es erróneo, porque la bollería deriva en grasas saturadas, la ingesta de las cuales está demostrado que conlleva un riesgo cardiovascular. “A una criatura le puede provocar colesterol o tensión alta, por citar dos consecuencias”.

Y hay más. “La merienda es una comida que siempre se ha hecho caminando o jugando o trasladando los niños de una lado para otro”, continúa Ramón. “¿Por qué uno o dos días de la semana no nos vamos a casa y nos sentamos a la mesa tranquilamente para comer una pieza de fruta, por ejemplo?”.

La dietista-nutricionista de la Agencia de Salud Pública de Cataluña, Gemma Salvador, afirma que si los adultos no meriendan es porque comen más tarde al mediodía. “Si comieran tan pronto como lo hacen los niños escolarizados, necesitarían una ingesta antes de llegar a la cena, que es lo que les pasa a los pequeños”.

“La recomendación básica para las meriendas es pan y derivados, fruta fresca y frutos secos; puntualmente, muy puntualmente, algún lácteo”. Y todo hecho con unos criterios personalizados. “Si la criatura cena muy pronto, a las 19 h, por ejemplo, tampoco tocará una merienda muy copiosa; pero si se cena tarde y, además, de manera escasa, entonces la merienda debe ser importante y sobre todo debe contener una pieza de fruta fresca”.

Por último, la pediatra y médico naturista Gemma Baulies, aconseja a las familias que den un giro hacia una alimentación saludable de manera conjunta. “Siempre les aconsejo que hagan una alimentación familiar, es decir, que no haya una dieta para cada uno, sino que todos coman lo mismo”. Si quieren dar a los hijos una alimentación más saludable, es el momento de que los padres se planteen un cambio de hábitos alimenticios.

“Una alimentación saludable significa comer de todo, y cuanto más variado, mejor”. También está bien que las familias opten por los alimentos ecológicos, porque “nos aseguramos que contienen en proporciones altas los micronutrientes (el hierro, el magnesio, el calcio, etc.) que necesitan las células para su correcta función”. Así que si las criaturas comen una rebanada de pan integral ecológico para merendar, ¿por qué no lo pueden hacer también los padres? Si todos los argumentos nutricionales defienden la merienda, todos juntos podemos empezar a practicarla.

Trinitat Gilbert
Trinitat Gilbert

Periodista

  @trinigilbert