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Como padres, tendemos a pensar que los productos destinados a bebés y niños son muy seguros: están etiquetados, testados dermatológicamente, cumplen unos criterios de calidad y han pasado controles sanitarios. Sin embargo, en los estudios no hay unanimidad: unos países prohíben algunas sustancias por considerarlas peligrosas, mientras que otros las siguen permitiendo porque consideran que en pequeñas cantidades el producto no es dañino.

Mientras tanto, organismos internacionales como el Grupo de Trabajo Ambiental (EWG) se muestran muy críticos con la cantidad de substancias tóxicas que contienen los productos de higiene infantil y alertan que pueden causar desequilibrio hormonal, trastornos del sistema nervioso e inmunitario, y afectar al desarrollo del bebé. Recientemente, este organismo rebeló que los niños están expuestos diariamente a casi 27 ingredientes químicos, pero que estos ingredientes jamás han sido evaluados en cuanto a su seguridad.

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El peligro de los tóxicos en los bebés

Lo cierto es que tanto los bebés como los niños son mucho más vulnerables a los efectos de los productos químicos tóxicos que los adultos. Su sistema inmunológico y el sistema nervioso central aún se están desarrollando, lo que significa que sus cuerpos son generalmente menos capaces de eliminar las toxinas. Además, los niños tienen casi el doble de la superficie de la piel que los adultos por unidad de peso corporal, por lo que un niño puede absorber proporcionalmente más productos químicos.

Según el Grupo de Trabajo Ambiental (EWG) disminuir la exposición de los niños a los productos químicos desde el primer día, e incluso en el útero, podría significar un menor riesgo de alergias y sensibilidades químicas, y un menor riesgo de cáncer y otras enfermedades.

Cosméticos ecológicos: la alternativa saludable y segura

Para evitar que todos estos ingredientes dañinos entren en contacto con la piel del bebé, es aconsejable optar por productos naturales y ecológicos, libres de tóxicos y, a poder ser, con certificación ecológica. Las certificaciones ecológicas más internacionalmente valoradas son Icea Ecobio Cosmetics, Ecocert, Cosmebio, BDIH o Natrue. El sello ecológico indica que su composición proviene de un sistema de producción medioambientalmente respetuoso y que, además, no ha sufrido alteraciones genéticas. Además, pasan estrictos controles que garantizan la ausencia de componentes químicos e ingredientes internacionalmente reconocidos como nocivos. Así, los productos ecológicos ayudan a prevenir rojeces, irritaciones y alergias incluso en las pieles más sensibles. Cada vez hay más oferta de cosméticos para bebés ‘libres’ de sustancias tóxicas, incluso se pueden encontrar opciones con precios más asequibles porque no tienen intermediarios.

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¿Cómo sé qué productos pueden ser potencialmente dañinos?

El primer paso para proteger la piel del bebé es evitar todos los productos que contengan ingredientes que ya han sido considerados como potencialmente peligrosos y/o dudosos por los organismos internacionales. Entre ellos, cabe destacar los siguientes: los PEG, los parabenos, el phenoxyethanol, los SLS/SLES, los DEA, TEA, y MEA, y la palabra fragancia o perfume. Es posible comprobar ahora mismo si las cremas, jabones y champús que usáis actualmente contienen estas substancias. Para detectarlos, hay que leer bien las etiquetas y fijarse sobre todo en el INCI –el listado de ingredientes–. No debemos caer en trampas publicitarias que utilizan algunas marcas al incluir términos como natural, más suave, sano, etc.; hay que guiarse por la lista de ingredientes para descartar substancias sospechosas. Si el producto es ecológico, buscad el sello que lo certifica y así os aseguraréis que ya ha pasado controles previos de calidad.

Para saber valorar el contenido del producto, hay que saber que en el INCI los componentes aparecen ordenados por la proporción en la que están presentes; así, el producto contendrá más cantidad de los que están escritos en primer lugar, y mucha menos de los que se encuentran al final de la lista. De entrada, deberíamos evitar los productos que entre los primeros ingredientes se incluyan perfumes y derivados del petróleo, además de las substancias mencionadas. Como ayuda, al final de este texto, hay una lista de substancias que aconsejamos evitar y la explicación de lo que significan y por qué están consideradas potencialmente nocivas.

En el caso de las toallitas, hay que tener especial cuidado, ya que según un análisis del EGW, el 95% de toallitas de bebé podría estar potencialmente contaminado con productos químicos peligrosos y alertan de que hay muchos ingredientes que no salen en el listado pero que están allí. Los que son considerados más peligrosos son el óxido de etileno y 1,4-dioxano, el formaldehído, los ftalatos y ciertos conservantes. En este enlace os contamos dónde se suelen esconder estos componentes. En este caso, recomendamos firmemente usar toallitas 100% naturales, porque pueden ser útiles hasta los tres años de edad. Muchas marcas han hecho cambios en sus composiciones y han sacado componentes que se han prohibido recientemente, pero siguen incluyendo substancias que se consideran dañinas para la salud de los recién nacidos.

Otro producto que deberíamos vigilar son los pañales, y evitar los que contengan colorantes, fragancias sintéticas o plástico en la parte que está en contacto directo con la piel. Según el sistema de blanqueado que utilizan pueden liberar dioxinas, un conocido carcinógeno. Un estudio publicado en la revista Archives of Environmental Health encontró que los pañales desechables liberan químicos orgánicos volátiles (COV), que pueden causar irritación de ojos, nariz y garganta, daños en hígado, riñones y el sistema nervioso central. También hay que evitar que contengan derivados del petróleo como las parafinas, ya que taponan la piel e impiden que respire correctamente.

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Lista de ingredientes a evitar

La siguiente lista os ayudará a descubrir qué es lo que se esconde tras los nombres más habituales que componen los productos de higiene infantiles y por qué es aconsejable evitarlos:

  • Parabenos: son utilizados como conservantes y su función es impedir el crecimiento de microbios en los productos. Algunos estudios indican que estos compuestos pueden alterar la función hormonal, un efecto que está vinculado a un mayor riesgo de cáncer de mama y a problemas reproductivos. Dado que el sistema hormonal de un bebé aún no está maduro, los parabenos pueden causar daños en su sistema endocrino en desarrollo. ¿Cómo detectarlos? Los parabenos se pueden encontrar bajo los siguientes nombres: etilparabeno, butilparabeno, metilparabeno, propilparabeno y otros ingredientes que termina en –paraben.
  • Perfume o fragancia: Aunque estas palabras puedan parecer inofensivas, detrás de ellas se pueden esconder hasta 12.500 ingredientes diferentes, la mayoría químicos sintéticos. Lamentablemente, las marcas no están obligadas a especificar cuáles, porque la fragancia se considera un secreto comercial. Sin embargo, el cóctel químico que integra suele ser muy irritante para la piel del bebé. Muchas madres escogen los productos en función del olor, sin tener en cuenta que justamente es ese ‘buen olor’ el que puede causar problemas dermatológicos. Es aconsejable evitar cualquier producto que contenga perfume o fragancia, y optar por los que contengan esencias naturales de plantas.
  • Ftalatos: Existen una gran cantidad de investigaciones científicas que asocian sustancias de este grupo a problemas de salud fundamentalmente por sus efectos como disruptores hormonales: causan daños en el ADN de la reproducción masculina, así como malformaciones en el feto. De hecho, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (DHHS), así como numerosas organizaciones internacionales, han determinado que los ftalatos son ingredientes tóxicos cancerígenos en los seres humanos, y la UE prohibió su uso en chupetes, tetinas y mordedores infantiles, pero no se han adoptado medidas restrictivas para otros muchos usos. De hecho, se ha relacionado el uso de productos de cuidado infantil aplicados por vía dérmica con concentraciones de metabolitos de ftalato en la orina infantil, así que está muy presente en nuestra vida cotidiana. Lamentablemente, ésta es una de las substancias más complicadas de detectar a la hora de comprar un producto, porque suele ser un componente de una fragancia, así que no se menciona en la lista de ingredientes. Para evitarlos, es mejor escoger productos que sean “libres de ftalatos” o “libres de fragancia”. De todas maneras, algunas nomenclaturas con las que se pueden encontrarlos en las etiquetas son: DEHP, BBP, DBP, BDP, DUB, etc.
  • SLS y SLES: En realidad estamos hablando de lauril (éter) sulfato de sodio 4, una sustancia sintética que se utiliza en productos de higiene (sobretodo champús) por su capacidad emulsionante y de creación de espuma. Sin embargo, los SLS / SLES pueden causar irritación en los ojos, erupciones en la piel, pérdida del cabello, y reacciones alérgicas. Para detectarlo, hay que buscar en la etiqueta SLS, SLES, dodecilsulfato de sodio o PEG lauril sulfato de sodio.
  • Aceite mineral: se trata de un derivado del petróleo y se usa en muchos productos de higiene para el bebé como cremas hidratantes, las cremas para el pañal, toallitas húmedas, aceites y lociones. Las empresas de cosméticos suelen usar este ingrediente por su bajo coste y su acción lubricante. Sin embargo, el aceite mineral actúa como una capa sobre la piel y con ello bloquea los poros y el proceso de la respiración natural de la piel. En las etiquetas se suele encontrar bajo el nombre de: aceite mineral, vaselina, parafina o paraffinum liquididum.
  • Polietilenglicol (PEG): es una mezcla de compuestos químicos que se utiliza como emulsionante y que mejora la penetración de otros ingredientes, tanto los buenos como los malos. Y este es el problema: su grado de toxicidad depende de los ingredientes que lo acompañan. Pero por sí solos ya no son muy recomendables, ya que se consideran irritantes para la piel sensible del bebé. Para encontrarlos en la etiqueta, buscad PEG seguido de un número. Cuanto menor sea el número, más fácilmente será absorbido por la piel.
  • Phenoxyethanol: Se usa como conservante y está presente en multitud de productos cosméticos de todo tipo. Sin embargo, cada vez se evita más en productos infantiles porque se ha relacionado con la toxicidad reproductiva y del desarrollo. De hecho, se ha restringido en Japón y en algunos países de la UE, pero seguramente los veréis en muchas de las etiquetas de productos de higiene para bebés.