gallinasHoy día, crece la preocupación sobre lo que comemos y cada vez más gente se decanta por los productos bio porque no termina de fiarse de los convencionales. Pese a los numerosos controles que pasan los alimentos, cada vez hay más médicos y especialistas que alertan del efecto acumulativo de residuos químicos que llegan con la comida. Detrás de productos catalogados como saludables, hay tóxicos en pequeñas cantidades; de todas formas, estas dosis, sumadas a lo largo del día y de los años, pueden sobrepasar el límite permitido: es como un microenvenenamiento que afecta a mucha gente sin que se dé cuenta. De hecho, entre el 90-95% de los contaminantes que recibimos diariamente nos llegan a través de la alimentación.

En el año 2002, Miquel Porta, catedrático de Salud Pública, dirigió un estudio único en el Estado español por encargo de la Generalitat que analizó la sangre de 919 catalanes en busca de contaminantes químicos que se acumulan en el organismo. Todo el mundo tenía como mínimo uno de los contaminantes y también se vio que un 34% de los catalanes acumulaba por lo menos tres contaminantes en concentraciones altas.

Los doce alimentos que es mejor consumir ecológicos

No todos los alimentos presentan el mismo contenido en plaguicidas: podemos reducir notablemente la ingesta de plaguicidas optando por la versión ecológica de las doce frutas y verduras que acumulan más residuos químicos. El Environmental Working Group (EWG) ha publicado una lista de los alimentos más y menos contaminantes.

Los doce más contaminados. Las manzanas, el apio y las fresas son las frutas y verduras más contaminadas. Como solo se cultivan unas cuantas variedades clonadas de manzanas en el mundo, los manzanos no pueden desarrollar la variedad genética que les permitiría resistir las plagas y que está presente en cada uno de sus frutos, incluso si proceden del mismo árbol. Los siguen en la lista melocotones, espinacas, nectarinas, uva, pimiento rojo, patatas, arándanos, lechuga y col rizada.

Los quince menos contaminados. Los alimentos con menos plaguicidas son cebollas, maíz, piña, aguacate, espárragos, guisantes, mango, berenjena, melón Cantaloupe, kiwi, col, sandía, boniatos, pomelos y champiñones. Este ranking de frutas y verduras se establece a partir de alimentos lavados.

Otros alimentos. Además de esta lista, EWG también recomienda otros alimentos que es preferible consumir con el sello ecológico: leche y productos lácticos, porque no tienen antibióticos, hormonas y plaguicidas procedentes de la alimentación de las vacas; carnes, incluyendo el pollo; café, porque se suele cultivar en zonas que regulan poco el uso de plaguicidas y de fertilizantes; y semillas y frutos secos, porque los plaguicidas y fungicidas se usan masivamente en la producción convencional.

Pesticidas en frutas y verduras

Hace treinta años se prohibió el DDT (diclorodifeniltricloroetano), un insecticida que se utilizaba en la agricultura intensiva y que se comprobó que se acumulaba en el organismo. A pesar de ello, ha dejado enfermedades y contaminación, y aún ahora perviven su efectos.

Hoy en día, todo lo que llega a la mesa ha pasado por decenas de estrictos controles de seguridad alimentaria tanto locales como internacionales. En el caso de las frutas y verduras, según la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria se ha disminuido el número de sustancias tóxicas autorizadas en la agricultura intensiva (ha pasado de un millar a menos de 300), se han prohibido productos persistentes y también han aumentado las técnicas que integran insectos como método para evitar las plagas. Si comemos una manzana, debemos saber que en la piel pueden haber restos de pesticidas, pero que están regulados.

En el caso de la agricultura ecológica, para mantener las plagas a raya, se utilizan sistemas de confusión sexual con feromonas para evitar que el macho encuentre a la hembra. Una técnica, dicen, incluso más eficaz que los pesticidas.

El efecto acumulativo

Muchos especialistas alertan de lo que llaman efecto acumulativo, o efecto combinado de la suma de residuos tóxicos que vamos consumiendo a lo largo del día y de los años. Por ejemplo, si analizamos la cantidad de residuos químicos que puede ingerir un niño en una comida veremos que, por ejemplo, una ensalada tiene cinco residuos químicos; un salmón con arroz, 36 residuos químicos; y un poco de queso de postre, seis residuos químicos. En total, en una sola comida, un niño puede acumular un total de 47 residuos químicos. Muchos de estos contaminantes no se eliminan fácilmente. Eso explica que, a medida que crecemos, acumulamos más carga tóxica.

Aspartamo: un veneno dulce

También conocido con el código E-951, aparece en más de seis mil productos, entre los cuales destacan bebidas refrescantes, lácteos… e incluso algunos medicamentos. Hace treinta años, en 1992, Betty Martini creó Mission Posible en Estados Unidos, una organización internacional que recopila estudios independientes que aseguran que este edulcorante no es seguro.

Los estudios dirigidos por Morando Soffriti, director de la Fundación Europea de Oncología de Bolonia, que observan una relación clara entre el consumo de aspartamo y cáncer, tampoco han sido suficientes para frenar la utilización de este edulcorante en la industria alimentaria. La FDA (Food and Drug Administration) ha aprobado su consumo porque no ha encontrado estudios concluyentes que relacionen directamente la ingesta de aspartamo y problemas de salud. Sin embargo, detrás, hay una potente influencia de la industria alimentaria.

Al mismo tiempo, crece el interés por la estevia, una planta con un gran poder endulzante y muchas propiedades para la salud. Josep Pàmies, campesino y promotor de la introducción de la estevia promueve la campaña Dolça Revolució para dar a conocer las innumerables propiedades de esta planta tan perseguida por los lobbies de las grandes industrias alimentarias, que, por fin, ya se puede encontrar en muchas tiendas.

Pescado azul y mercurio: ¿debemos comer o no?

Últimamente comer pescado es sinónimo de salud: todos los médicos y nutricionistas lo recomiendan. De todas formas, las alarmas se han disparado en el caso de los pescados azules grandes, como el salmón o el atún, porque acumulan más cantidad de metales pesados, sobre todo de mercurio. En un estudio, se vio que el 64% de los niños de Cataluña nacían con una concentración de mercurio más elevada de la que recomiendan algunas agencias internacionales, y como este metal es un neurotóxico, la preocupación es si afecta a su comportamiento neuronal.

Jordi Sunyer, codirector de Recerca Epidemiologia Ambiental, comenta que las embarazadas son un grupo sensible, ya que cuando se forma el cerebro del futuro bebé es un momento crucial, y el mercurio es aún más tóxico. Por lo tanto, se recomienda no comer o comer menos atún, emperador y salmón durante el embarazo, pero no reducir del todo el consumo de pescado.

Josep Lluís Domingo, catedrático de Toxicología y Salud Medioambiental de la Universitat Rovira i Virgili actualmente dirige un estudio en el que se analiza el consumo de residuos tóxicos del total de la dieta diaria. Además, para mirar el nivel de contaminantes recomienda el programa Ribepeix, que hace un balance entre los riesgos por exposición a contaminantes químicos y los beneficios derivados de la ingesta de ácidos grasos omega-3 a través de pescado y marisco, y que está al alcance tanto del profesional como del público en general.

Conclusiones

Los defensores de los pesticidas dicen que, sin, no habría comida para todos. ¿Utopía? Lo que debemos tener claro es que no podemos comprar sin saber qué hay detrás de cada alimento. Nos debemos hacer algunas preguntas: “¿Qué hace tanta gente enferma con treinta, cuarenta o cincuenta años?” o “¿Qué escogeríais: una manzana con restos de pesticidas u otra que ha crecido sin químicos?”. Debemos tener en cuenta que, aunque los alimentos que encontramos en los supermercados y mercados han sido sometidos a muchos controles de calidad, presentan un mínimo de residuos tóxicos que se van acumulando y sumando a lo largo de los años. Como comenta Judit en el documental “Què mengem?”, las personas afectadas por el síndrome de sensibilidad química múltiple –una enfermedad relacionada con la carga de tóxicos que es capaz de asimilar el organismo– son los “canarios de los mineros, que, con su muerte, avisaban a los mineros que debían salir de la mina por falta de oxígeno”, los que nos están avisando de los peligros que puede suponer consumir estos alimentos cada día. Por lo tanto, una buena opción es introducir alimentos de procedencia ecológica: invertir en alimentación es invertir en salud.

NOTA: Soycomocomo.cat colaboró asesorando al equipo del documental Què mengem? (¿Qué comemos?), emitido hace un año en la cadena catalana TVC. Vea aquí, el reportaje íntegro (en catalán).

 

 

Jordina Casademunt

Nutricionista

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