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La maduración del sistema inmunológico infantil es un proceso individual y muy delicado. Dentro de del útero, el sistema inmunológico de la madre y el niño son inmunotolerantes, lo que permite una simbiosis entre ambos. Durante el primer año de vida, el niño debe pasar de este estado de inmunotolerancia a una capacidad para limitar el organismo exterior. Si las barreras naturales (la piel y las mucosas) y el sistema inmunitario no aprenden a limitar y no maduran correctamente, se originará la alergia.

El primer estímulo necesario para el desarrollo inmunológico es a través de las sustancias naturales ingeridas por la madre durante el embarazo. Una vez nacido, y durante los dos primeros años de vida, esta maduración depende del esfuerzo y aprendizaje del propio sistema inmunitario, principalmente gracias al estímulo que supone la superación de las enfermedades infecciosas agudas. Lo que lo hará fuerte en el ámbito inmunitario es conquistar la naturaleza.

Aconsejar prebióticos a las gestantes, probióticos a los niños durante el tratamiento con antibióticos, favorecer el parto vaginal y el amamantamiento materno exclusivo durante los seis primeros meses de vida son algunas de las acciones preventivas más importantes.

En este desarrollo inmunitario es tan importante la identificación del mismo cuerpo como la capacidad de poner límites a la naturaleza externa. Las dos capacidades se complementan y se apoyan mutuamente; ambas requieren un equilibrio estable inmunológico.

Por eso que hay teorías contrarias a las vacunas durante los dos primeros años de vida, porque no se logra la misma maduración de la respuesta inmunológica que si se supera una enfermedad aguda de forma natural.

También es imprescindible para regular la inmunidad una buena flora intestinal, que forma parte de la mucosa digestiva. Esta flora se desarrolla durante los tres primeros años de vida y el uso de antibióticos puede afectar de forma nociva y provocar consecuencias inmediatas en el sistema inmunitario.

Aconsejar prebióticos a las gestantes (especialmente durante el tercer trimestre), probióticos a los niños durante el tratamiento con antibióticos, favorecer el parto vaginal y el amamantamiento materno exclusivo durante los seis primeros meses de vida son algunas de las acciones preventivas más importantes.

El intestino sano está tapizado por la mucosa digestiva con flora intestinal funcional y sistema defensivo estable capaz de rechazar cualquier patógeno o sustancia extraña que le llegue.

Otra función de este intestino funcional y sano es transformar el alimento en partículas minúsculas que puedan llegar al torrente sanguíneo y, a partir de aquí, a todas las células del organismo. Las infecciones de repetición, el estrés, los antibióticos, los antiinflamatorios (ibuprofeno) y una flora intestinal debilitada descompensan el equilibrio del intestino y aumentan la permeabilidad, lo que permite que pasen al torrente sanguíneo componentes alimentarios parcialmente digeridos que producirán intolerancias, y desencadenarán una respuesta mediada por inmunoglobulina contra este alimento; se producirá lo que llamamos intolerancia alimentaria (mediada por IgG) o alergia alimentaria (mediada por igE).

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Esta hipersensibilidad se desarrolla sobre todo contra las proteínas. Así pues, la proteína que recibimos debe ser perfectamente digerida, modificada, procesada y eliminada.

Si alimentamos al bebé con leche artificial (o sea con leche de vaca, que contiene una proteína extraña para su intestino) confundiremos su sistema digestivo, que no está preparado para transformar esta proteína extraña y puede llegar a provocar permeabilidad intestinal y activar la memoria de una inmunoglobulina especifica, la IgE específica. Cuando haya otro contacto (el segundo biberón) con la misma proteína, se provocará un estímulo intenso en las barreras del cuerpo para evitar que entre.

Así pues, la llegada al organismo de una sustancia extraña de origen proteico que se conoce como alergógeno desencadena una respuesta inflamatoria de fase aguda con liberación de histamina y prostaglandinas responsables de la respuesta alérgica (edemas, urticaria…).

Las modificaciones introducidas en el cultivo, elaboración y conservación de los alimentos ha cambiado muchas proteínas como el gluten (trigo modificado) o la proteína de leche de vaca, y por eso cada vez hay más intolerancias o alergias a estas sustancias

Alimentos modificados

Algunos niños se pueden haber sensibilizado a las proteínas alimentarias cuando estaban en el útero debido a una intolerancia o alergia de la madre o simplemente por la ingesta de alimentos manipulados que impiden un proceso correcto de transformación en el intestino. En este niño, la respuesta inflamatoria es inmediata desde la primera toma.

Esta activación de la memoria patológica representa una alteración del proceso natural de digestión, ya que, para poder hacer una buena digestión de una sustancia, es imprescindible que los sistemas inmunitario y digestivo funcionen correctamente.

Las modificaciones introducidas en el cultivo, elaboración y conservación de los alimentos ha cambiado muchas proteínas como el gluten (trigo modificado) o la proteína de leche de vaca (la manipulación de la leche altera su estructura bioquímica), y por eso cada vez hay más intolerancias o alergias a estas sustancias. Debemos estar muy atentos a la introducción de alimentos modificados genéticamente y de químicos, que en los últimos treinta-cinco años ya han introducido unas cincuenta mil sustancias de síntesis nuevas, muchas aprobadas y reglamentadas bajo la denominación E, adoptada por la Comunidad Europea. El problema es que el criterio que se utiliza para introducirlas son criterios toxicológicos (cuantitativos) pero se ignora el aspecto inmunológico, que no depende de la cantidad sino de la calidad.

Por eso, la alimentación debe ser la adecuada en cada momento y de una calidad que la haga “comprensible” al sistema digestivo. Así, los alimentos desvitalizados (congelados, precocinados..), los potitos preparados para niños pequeños, la administración indiscriminada de antibiótico y otros alteran la flora intestinal y una buena digestión.

Una alimentación natural, fresca, biológica y preparada al momento facilita la organización sana del sistema digestivo del niño; por eso, el amamantamiento materno juega un papel tan importante en el aprendizaje del proceso de digestión del bebé. Para que el amamantamiento materno sea una prevención de alergias en el niño es importante que la madre esté bien alimentada, que evite cualquier toxicidad y que optimice su flora intestinal con prebióticos, sobre todo durante el tercer trimestre.

bonamusa-200Anna Bonamusa
Pediatra, coach en nutrición energética
alonnisos12@gmail.com