Es un trastorno que afecta al 20-40% de los niños menores de tres años. El insomnio auténtico es muy poco frecuente y debe ser objeto de estudio por parte de un pediatra. Normalmente los problemas son que el niño no quiere ir a dormir, le cuesta dormirse o se despierta muy a menudo pero normalmente recupera la falta de sueño durante el día.

madre bebe

¿Cuál es la fisiología del sueño?

Un ciclo de sueño tiene dos fases y dura aproximadamente 90 minutos. La primera fase es un sueño tranquilo, que dura aproximadamente 60-75 minutos, y luego viene una segunda fase de un sueño paradójico, que dura entre 15 y 20 minutos y se asocia a signos de sueño profundo y signos de despertar rápido (movimiento de los ojos, respiración irregular …). Es en esta fase en la que hay erección del pene y los sueños. Después de cada ciclo, hay un despertar breve y comienza el ciclo siguiente. En una noche puede haber de tres a cinco ciclos, es decir, de tres a cinco despertares.

El sueño se modifica muy rápidamente durante la etapa de crecimiento del niño, y el número de despertares va disminuyendo. El sueño del bebé se fragmenta en períodos de 3-4 horas, tanto de día como de noche, y la duración del ciclo del sueño es corta, aproximadamente de 50 minutos. A partir de los 9-12 meses, la estructura del sueño ya se parece mucho a la del adulto, el sueño es mucho más profundo y estable en las primeras 4 horas del sueño. A partir de los 5 años puede haber terrores nocturnos y sonambulismo.

Que haya un buen ritmo día-noche depende del ritmo circadiano. Hay niños en los que esto ocurre fácilmente, pero en otros casos quizás hace falta un entrenamiento. La buena relación entre madre e hijo, la regularidad de las comidas, del juego, del paseo, las horas de siesta, la hora de acostarse y de levantarse por la mañana pueden ayudar a que este ritmo sea el correcto.

Siempre que haya problemas para dormir, hay que reordenar las horas de sueño de día para que se acerquen a las que le corresponden por edad: así pues, un niño de 6 meses debe hacer tres siestas -por la mañana, al principio de la tarde y al final de la tarde-; entre los 9-12 meses, sólo dos -al final de la mañana y al principio de la tarde-; y entre los 15-18 meses, sólo una al principio de la tarde. Esta siesta debería desaparecer a los tres años. Si hace siesta más allá de los 6 años podemos pensar en falta de sueño o en una hipersomnia.

Proceso evolutivo del sueño

  • 0-3 meses: Duerme de 16 a 17 horas diarias. Distribución de los períodos de sueño y vigilia al 50%. Relación entre el sueño y la alimentación.
  • 3 a 6 meses: Duerme aproximadamente 14 horas diarias: de 9 a 10 horas nocturnas y unas 4 o 5 horas diurnas.
  • 6 a 9 meses: El sueño varía de 13 a 15 horas diarias. Duermen dos siestas (1 o 2 horas). Disminuye el vínculo entre sueño y alimento. Reaparece el llanto nocturno.
  • 1 a 3 años: Expresa ideas, da órdenes y hace preguntas. Más control del cuerpo.
  • Preescolares: Duermen 11 a 12 horas por la noche. En general dejan de hacer siesta.

Algunas de las causas de una “mala noche” son las siguientes:

  1. Condicionantes anormales a la hora de acostarse. Nunca se ha puesto despierto en la cama y nunca se ha dormido solo; o bien es incapaz de dormirse sin el biberón, sin el chupete, sin ser mecido, paseado o en brazos. Normalmente el sueño antes de medianoche es muy estable pero hay despertares frecuentes entre las 12 y las 5 de la mañana. El problema no son los despertares, que son fisiológicos, sino la incapacidad del niño de volverse a dormir solo, que reclama los mismos condicionantes que necesita para dormirse.
  2. Un exceso de líquido nocturno. El niño normalmente toma pecho o biberón cada vez que se despierta; esto multiplica los despertares por la consiguiente distensión de la vejiga urinaria. Además, como el niño come de noche, durante el día no tiene hambre. Si se acostumbra a comer o a jugar de noche lo considerará una rutina más, porque todavía no tiene el ritmo día-noche completamente establecido.
  3. Ausencia de límites: A partir de los dos años, el niño afirma su autoridad y algunos padres tienen “miedo” a decir que no para evitar llantos durante la noche, despertar a los vecinos o hermanos. La mayoría de veces este “no” va ligado a un sentimiento de culpa por estar fuera tantas horas. Pero no negar nunca nada ni poner límites también es angustioso para el niño y conduce a una mala instalación del ritmo día-noche.

bebe llorando

Recomendaciones:

Algunos de vosotros estaréis pensando que vuestro hijo duerme toda la noche aunque lo habéis mecido, dormido en brazos, puesto el chupete… Esto también es posible, pero hoy intentaremos dar consejos a los padres que ya hace demasiados meses que no duermen. Esto no quiere decir que no se tenga que dormir con el niño, hacer colecho o dormir en brazos, pero cuando el cuerpo dice basta hay que tomar medidas.

  • La primera puede ser reorganizar los horarios y el tiempo de la siesta durante todo el día, y levantarse y acostarse a unas horas fijas.
  • Establecer un ritual antes de acostarse y favorecer un objeto de transición (una muñeca, una manta…), pero intentar que el niño aprenda a dormirse solo, sin chupete (si no lo sabe encontrar solo cuando le cae) pecho ni biberón. Si se suele despertar a menudo durante la noche, nos podemos acercar y acariciarlo para que no se sienta solo. Algo muy importante es procurar no aumentar el número de intervenciones nocturnas, por lo que poco a poco se acostumbre a dormir solo.
  • Cuando son niños mayores, se puede retrasar la hora de ir a dormir hasta que tengan bastante sueño, pero seguir despertándolo a la hora que toque por la mañana.
  • Disminuir progresivamente la cantidad de líquidos de la noche. Un bebé de 6 meses no tiene ninguna necesidad de comer durante la noche.
  • A veces hay dificultad de separación madre-hijo o problemas de pareja, y entonces hay que buscar un terapeuta para que nos ayude.
  • Que la hora de ir a dormir no sea una obligación ni un castigo, sino un momento tierno de intercambios de amor y caricias, una actividad positiva necesaria para crecer y estar en forma para el día siguiente. En niños mayores sin límites o que van a la cama de los padres, hay que aprender a poner límites. Es bueno que antes de ir a dormir les contemos que cada vez que vengan a nuestra habitación los acompañaremos a su cama tantas veces como sea necesario. Adoptar una actitud educativa firme, pero no rígida. Vigilaremos los horarios e iremos haciendo pequeñas modificaciones hasta llegar a nuestro objetivo. No obligaremos a dejar bruscamente el juego sino que haremos saber que hace falta recoger porque al cabo de poco (por ejemplo, cuando suene un despertador o cuando acabe una canción) ya iremos dormir.
  • Intentar entender estas dificultades de sueño. Antes de ir a dormir evitaremos juegos que exciten, vigilaremos la temperatura, el ruido, la luz; intentaremos que su habitación sea confortable y si hace falta haremos actividades agradables durante el día.
  • En casos de miedo a la oscuridad dejaremos un punto de luz. Si hay problemas en la escuela o temas que le angustian, podemos hablarlos durante el día para intentar encontrar soluciones.
  • Los rituales de la hora de acostarse suelen ser bastante tranquilizadores para el niño. Lo acompañaremos con un cuento, explicando alguna anécdota de algún rato que hayamos pasado juntos, con la condición de que, cuando nos vayamos de la habitación, el niño aún esté despierto.

Además de cuidar la alimentación, la homeopatía o las flores de Bach nos pueden ayudar a regular el sueño

¿Qué más podemos hacer?

  • Los tratamientos con homeopatía o flores de Bach pueden ayudar en este cambio.
  • Cuidar la alimentación.
  • Antes de ir a dormir, hacer una infusión caliente de manzanilla con endulzante natural.
  • Baño caliente con esencia de lavanda. O poner esencia de lavanda en las sábanas o almohada.
  • Preparar un zumo concentrado de manzana templado o bien una bebida de amasake.
  • Reforzar el sistema nervioso aumentando los alimentos que aporten vitamina B, como cereales integrales, algas, legumbres, sésamo, huevos, pickles…).
  • Practicar una alimentación equilibrada y natural, sin azúcares, productos refinados ni estimulantes.
  • Cenar dos horas antes de acostarse y evitar proteínas animales y productos con exceso de grasa (frito…), que cargan el hígado.

Artículo escrito por:

bonamusa-200Anna Bonamusa Ventura

Pediatra-homeópata

Coach en alimentación natural y energética

alonnisos12@gmail.com
Anna Bonamusa Ventura