La enfermedad inflamatoria intestinal, también conocida con el acrónimo EII, hace referencia a un grupo de enfermedades crónicas, inflamatorias y, generalmente, progresivas del aparato digestivo que pueden llegar a causar un daño permanente en el intestino. Según la patología de la que hablemos, las zonas del tracto intestinal afectadas serán diferentes, y pueden también llegar a presentar manifestaciones extraintestinales.

Tiene una prevalencia particularmente alta en América del Norte, Europa Central y septentrional. Engloba varias enfermedades, sin embargo, las más comunes son la enfermedad de Crohn (EC) y la colitis ulcerosa (CU). Aunque también se consideran EII la colitis indeterminada o inclasificada (CI), la colitis microscópica (CM) y la reservoritis.

Como todas las enfermedades autoinmunes, la EII puede pasar por periodos de inactividad con apenas síntomas (lo que conocemos como estado de remisión), que se pueden alternar con los brotes o periodos activos de la enfermedad, en los que sí hay síntomas.

No debemos confundir EII con SII. Mientras el primer término hace referencia a un ataque autoinmune, el segundo es un trastorno que afecta a las contracciones musculares del intestino.

¿Por qué aparece la enfermedad infamatoria intestinal?

Al igual que con el resto de patologías autoinmunes, las causas aún son desconocidas. A pesar de ello, se cree que los factores desencadenantes se deben a la suma entre factores genéticos, ambientales (dieta, ejercicio físico, gestión del estrés, descanso adecuado…), contaminación ambiental y estado de la microbiota. Se ha observado que los pacientes con EII tienen un perfil de microbioma intestinal disbiótico, que se caracteriza por una diversidad bacteriana intestinal menor.

Las diferencias entre Crohn (EC) y colitis ulcerosa (CU)

Como hemos mencionado, la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa son las dos EII más comunes. Por ello, nos centraremos en hablar de ellas.

Enfermedad de Crohn

La enfermedad de Crohn se puede producir en cualquier lugar de tracto gastrointestinal –desde la boca hasta el ano–, aunque suele afectar, generalmente, al íleon terminal y diversos segmentos del colon.

En esta patología, la inflamación se presenta en la mucosa y en el tejido muscular y puede derivar en complicaciones como fisuras, fístulas, carencias nutricionales, abscesos, fiebre, estenosis o perforaciones intestinales.

Cuando hay enfermedad de Crohn, la sangre y la mucosidad en las heces no son tan comunes como en colitis ulcerosa, pero pueden aparecer síntomas como diarrea, náuseas, vómitos y dolor abdominal severo y continuado.

Colitis ulcerosa

A diferencia del Crohn, en la colitis, la inflamación afecta al revestimiento del colon y recto, se limita a la mucosa y se suele presentar de forma más uniforme y continua.

En esta patología, suele haber más sangre y mucosidad en las heces, mientras que no vemos tantos vómitos o náuseas. El dolor suele ser intermitente y se suele experimentar junto a movimientos intestinales, aunque no es común que aparezcan fístulas, fisuras o estenosis.

¿Cuáles son los síntomas frecuentes en EII?

Los síntomas más comunes en las EII incluyen:

  • Diarrea
  • Pérdida de peso
  • Heces con sangre
  • Cólicos y dolor abdominal
  • Anemia y cansancio
  • Necesidad urgente de ir al baño
  • Incontinencia
  • Fiebre

De todas formas, también pueden cursar con manifestaciones extraintestinales que pueden afectar a distintos órganos y partes del cuerpo como pueden ser articulaciones, piel, hígado o huesos, entre otros.

Déficits nutricionales habituales

Teniendo en cuenta que los síntomas habituales tienen relación con la pérdida de peso y la malabsorción, es común que los pacientes con estas patologías presenten déficits nutricionales. De hecho, los déficits afectan entre el 50-70% a pacientes con EC, mientras que en CU los casos se sitúan entre el 18-62%.

Los déficits nutricionales afectan entre el 50-70% a pacientes con EC y entre el 18-62% a pacientes con CU

Esto puede deberse, como he mencionado, a una reducción de la ingesta, a la malabsorción de nutrientes o a un metabolismo más acelerado, por ejemplo. Y a largo plazo esto puede suponer problemas en el crecimiento y desarrollo en niños, atrofia de las vellosidades intestinales, anemia…

Los nutrientes que suelen faltar más a menudo son:

  • Vitamina D. La falta de esta vitamina puede llevar a problemas óseos como osteopenia y osteoporosis.
  • Hierro. Puede derivar en anemia y problemas relacionados.
  • Vitamina B12. Común en casos de inflamación o extirpación del íleon terminal.
  • Vitamina B9. Puede ser debido a extirpación del yeyuno, bajo aporte a través de la alimentación o toma de sulfasalazina.
  • Calcio. Sobre todo en pacientes tratados con corticoides. En este caso es importante tomar vitamina D como suplemento para ayudar a la absorción del mineral.
  • Otros: sodio, potasio, vitaminas liposolubles…

Por ello es importante realizar un cribado nutricional e identificar a los pacientes que puedan requerir una valoración para hacer un tratamiento nutricional adecuado.

¿Cómo se diagnostica una EII?

Para realizar el diagnóstico se utilizan distintos parámetros:

  • Clínica: es decir, sintomatología, antecedentes familiares…
  • Serología: para hacer un buen diagnóstico se debería incluir el hemograma completo, un cribado básico de celiaquía, niveles de hierro (para saber si hay anemia), vitamina B9 y/o B12, anticuerpos específicos (p-ANCA para CU y ASCA para EC), proteinograma y albúmina, proteína C reactiva y zinc.
  • Pruebas en heces: con especial interés en la calprotectina fecal (que se utiliza como biomarcador de inflamación intestinal), un coprocultivo o cultivo de heces y presencia de sangre en las heces.
  • Pruebas de imagen: radiografía, ecografía, TAC…
  • Pruebas endoscópicas con biopsia: ileocolonoscopia, gastroscopia, enteroscopia, colonoscopia…

Es importante tener en cuenta que siempre es preciso realizar un diagnóstico diferencial, ya que la enfermedad se puede confundir con otras problemáticas como infecciones bacterianas, parásitos, hongos y virus. Pasa también con los síntomas, que son muy similares a los de otras patologías como el SII, la celiaquía u otras enfermedades autoinmunes, por ejemplo.

Tratamiento farmacológico

Al tratarse de patologías autoinmunes y crónicas, de momento no existe un tratamiento curativo. De todas maneras, se pueden abordar de distintas formas para intentar frenar su evolución y lograr unas condiciones dignas y adecuadas para vivir con la menor molestia posible.

Para tratar estas patologías se utiliza una amplia variedad de tratamientos según la gravedad del brote (leve, moderado o grave). Entre ellos encontramos:

  • Aminosalicilatos y corticosteroides: Normalmente utilizados para reducir la inflamación.
  • Inmunomoduladores: ayudan a mantener la remisión de la enfermedad suprimiendo la respuesta inmunitaria del organismo. Suelen ser eficaces para mantener la remisión.
  • Biológicos: se dan cuando no se ha respondido bien al tratamiento convencional. Ayudan a controlar síntomas y mantener la remisión.
  • Cirugía.

 Tratamiento dietético

Además del tratamiento alopático, la alimentación es otro de los grandes aliados  –o enemigos– de la EII. Algunos estudios epidemiológicos sugieren que la dieta mediterránea –la de verdad, no la que sigue gran parte de la población actualmente– o la basada en verdura –con mucha fibra dietética, fruta, vegetales y fuentes ricas en omega-3– se asocian a un riesgo más bajo de desarrollar EII. En cambio, dietas ricas en procesados, aditivos, grasas de baja calidad y carne roja se asocian a un riesgo mayor de desarrollar EII.

De forma general, podríamos decir que un paciente con EII debería basar su alimentación en:

  • Vegetales
  • Frutas
  • Legumbres
  • Grasas saludables como omega-3 (destacado como factor protector para la aparición de brotes)
  • Fibra (siempre vigilando la cantidad, porque no todo el mundo la tolera. En brote, por ejemplo, no se recomienda)
  • Cereales integrales
  • Proteína (con equilibrio entre proteína animal y vegetal)

Y evitar:

  • Grasas de baja calidad
  • Refinados
  • Azúcar
  • Bajo consumo de fibra
  • Alcohol
  • Carnes procesadas

En un estudio bastante reciente que analizó el impacto de distintas estrategias dietéticas para mantener la remisión clínica en CU y EC, se observó que las que tuvieron mayor éxito compartían, además de lo mencionado, que eliminaban otros posibles alimentos problemáticos como el trigo y otros granos, el gluten, la carne procesada y los procesados en general, el café y los lácteos.

Las estrategias dietéticas que tuvieron mayor éxito compartían la eliminación del trigo y otros granos, el gluten, la carne procesada y los procesados en general, el café y los lácteos.

Como siempre, cada caso es un mundo y existen muchos factores implicados en el desarrollo y aparición de brotes en este tipo de patologías. Por lo que tampoco debemos olvidar otros aspectos también muy importantes, como el ejercicio (sobre todo el de fuerza), un descanso suficiente y adecuado, unos niveles correctos de vitamina D, gestionar el estrés y un buen estado emocional y mantener buenas relaciones sociales.

Éxito del protocolo autoinmune (AIP) en pacientes con Crohn y colitis ulcerosa

Sabemos que hay maneras de controlar y mejorar la evolución de estas enfermedades. Sin embargo, no todo el mundo tiene buenos resultados con las propuestas a nivel convencional. Por suerte, cada vez es más común encontrar estudios relacionados con enfermedades autoinmunes y alternativas concomitantes a los tratamientos alopáticos.

Seguramente ya conocéis el protocolo autoinmune, del que hemos hablado a menudo en nuestra revista. Pero ¿sabíais que el primer estudio del AIP se hizo con pacientes con enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa y que obtuvo muy buenos resultados?

A pesar de ser un estudio con pocos pacientes, los resultados son prometedores. De hecho, es un protocolo que utilizamos habitualmente en consulta y, si se sigue de forma adecuada, los síntomas siempre mejoran. En el estudio, el 75% de los pacientes logró mantenerse en remisión a partir de la sexta semana y se continuó en la fase de mantenimiento.

Si padeces alguna enfermedad inflamatoria intestinal, no acabas de mejorar con los tratamientos farmacológicos convencionales y crees que puedes hacer algo más para mejorar tu condición, te animo a que realices el “Reto AIP”. En este reto se prescinde de los alimentos que se eliminaron en las estrategias dietéticas que tuvieron éxito en el estudio arriba mencionado y se aplican todos los cambios necesarios para que la sintomatología mejore.

Descubre si AIP es para ti

Bibliografía

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Glenn Cots

Dietista y divulgadora de nutrición y recetas saludables en glenncots.com

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