Tiene una sintomatología que fácilmente se puede asociar con otros problemas digestivos, como dispepsia, síndrome del intestino sensible o colon irritable y candidiasis intestinal, y es muy difícil de diagnosticar. Además, las personas con problemas digestivos, si ya hemos tenido, tenemos más posibilidades de recaer. Para entenderlo bien, tenemos que empezar por el principio.

Qué es el SIBO

¿Qué es el SIBO?

Tenemos microorganismos, sobre todo bacterias, por todo el cuerpo. Las bacterias, sin embargo, no están localizadas según cantidad y tipo de forma uniforme por todo el cuerpo. La mayor parte están en el intestino grueso.

La microbiota está marcada por los tres primeros años de vida. Es decir, es entonces cuando se instalan los “primeros pobladores”, que marcarán la microbiota del resto de nuestra vida. El tipo de alimentación, los tóxicos, el contacto con la naturaleza y el estrés harán que las buenas bacterias adquiridas durante la infancia puedan sobrevivir durante años o dejen lugar a otros tipos de microorganismos no tan beneficiosos.

Las siglas SIBO (small intestine bacterial overgrowth, en inglés) se refieren al crecimiento de bacterias localizadas en el intestino delgado que provienen del intestino grueso.

El estado de la “compuerta” entre el intestino grueso y el delgado es clave, porque si crecen bacterias del intestino grueso hacia el intestino delgado (donde no deberían estar) podemos tener problemas como el SIBO, que se caracteriza sobre todo por barrigas hinchadas y gases molestos.

El SIBO se produce cuando microorganismos del colon (en cantidad o tipo) se desplazan hacia el intestino delgado

De qué está compuesta la microbiota intestinal?

El SIBO, sin embargo, no solo se debe al número de bacterias, sino también al tipo, a la alteración de las poblaciones instauradas (que pueden no ser bacterias) en las diferentes secciones del intestino y que pueden causar la sintomatología:

  • Bacterias como las gramnegativas, anaerobias estrictas y enterococos.
  • Las arqueas Methanobrevibacter smithii (la más frecuente) y Methanosphaera stadtmanae, que se nutren del hidrógeno producido por las bacterias y producen metano, de ahí la importancia de saber si los gases huelen mal o no y de analizar diferentes tipos de gas en las pruebas diagnósticas).
  • Cándidas.

Síntomas del SIBO

  • exceso de gases
  • gases con pudor
  • dolor por gases
  • ruidos
  • retortijones
  • distensión e inflamación abdominal (barrigas que parecen de embarazada, barrigas duras)
  • indigestión
  • náuseas
  • halitosis (mal aliento)
  • heces que flotan
  • heces explosivas
  • heces blandas o con trocitos de alimentos

 

Cómo se diagnostica el SIBO?

No hay un acuerdo generalizado sobre cuál es la mejor prueba diagnóstica.

Antes se hacían aspirados yeyunales en los que se tomaba una muestra de yeyuno, se cultivaba y se observaban el número de microorganismos; pero se trata de una prueba agresiva, costosa y no muy fiable, porque no es la real del momento.

La prueba de heces con test de disbiosis funcional –es decir, con cuantificación y calificación de microorganismos– tampoco es válida para ver el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado, ya que muestra lo que hay en el colon.

Hoy en día se hace mayoritariamente una prueba de aire aspirado de lactulosa –que no tiene nada que ver con la lactosa y que es uno de los “alimentos preferidos” de las bacterias– para medir los niveles de hidrógeno y metano, dos gases que producen las bacterias cuando fermentan.

¿Cómo sabemos que los gases que producen no son por las bacterias que hay en general en todo el sistema digestivo o el colon?

La lactulosa no se absorbe, sino que queda como alimento para la flora del colon. Así pues, estas bacterias, cuando se la comen, producen hidrógeno unos ochenta minutos después. Si hay un exceso de bacterias del colon en el intestino delgado, los niveles de hidrógeno subirán antes, durante la primera hora.

En el caso del metano, pasará lo mismo, y nos indicará de qué tipo de microorganismos hay exceso.

A veces, sin embargo, encontramos curvas planas en el test por alguna diarrea o porque hace poco que se han tomado antibióticos. Así pues, se recomienda hacer la prueba cuando no haya diarrea y mínimo una semana después de haber dejado los antibióticos –aunque sean antibióticos o antifúngicos naturales–, y también probióticos, si se toman.

Se considera SIBO cuando hay una presencia de ≥1 × 103 bacterias coliformes [UFC] por mililitro en una aspiración del yeyuno proximal (Khoshini et al., 2008)

Este tipo de mediciones, sin embargo, están fuera del alcance de la mayoría del sistema sanitario público español. Es decir, casi seguro que no os harán esta prueba por la Seguridad Social y, a veces, no entra ni por mutua. Así pues, os recomendamos que lo consultéis con un digestólogo. Hoy en día todavía hay mucha desinformación sobre este tipo de prueba. Tanto es así que muchas personas recurren a laboratorios privados y luego muestran los resultados al médico de confianza para que los valore.

¿Por qué las bacterias del colon suben hacia arriba?

Como comentábamos, la clave es la válvula ileocecal, que separa el intestino delgado y el grueso. Es como si esta compuerta no cerrara del todo bien. ¿Por qué pasa?

  • Problema genético o de degeneración en la anatomía o motilidad intestinal.
  • Falta de secreción de ácido gástrico, bilis o enzimas digestivas, que ayudan a controlar las bacterias donde no deben estar.
  • Estreñimiento, fisuras, fístulas, diverticulitis, que hacen que las heces se acumulen y generen obstrucción intestinal y también acojan más microorganismos.
  • Hipotiroidismo (ralentización de la motilidad).
  • Diabetes, inmunodeficiencia, celiaquía, Crohn y patologías autoinmunes.
  • Edad avanzada (carencia de acidez gástrica, exceso de fármacos y baja motilidad).

Los motivos más comunes y que hacen que algunas personas seamos más susceptibles a volver a tener SIBO:

  • Inflamación de la mucosa que hace que la “puerta” no cierre bien por una sobreactivación del nervio vago por estrés, exceso de tensión y falta de relajación.
  • Exceso de azúcares y carbohidratos, que hace que crezca un exceso de bacterias problemáticos e inflamen la mucosa.
  • Falta de ejercicio físico, que es clave para activar la motilidad del intestino: el movimiento propio que lo empuja todo hacia abajo, que tiene lugar gracias al complejo motor migratorio (CMM) y que se da en los períodos entre digestiones o en ayunas.

¿El colon irritable o síndrome de intestino sensible es causa o consecuencia?

En la consulta, como experta en problemas digestivos, hablamos mucho de todo esto con los pacientes. En mi caso, un 70% de los pacientes con colon irritable tienen SIBO.

Parece que hay un enlace importante entre SII y SIBO, y estas dos condiciones tienen síntomas superpuestos. Sin embargo, los científicos aún no están de acuerdo sobre qué es debido a qué. Algunos creen que el SII interrumpe la motilidad intestinal normal, lo que conlleva un crecimiento excesivo de bacterias, mientras que otros creen que el SIBO causa síntomas de SII.

La cuestión es que es muy lógica la relación entre tener una mucosa sensible, irritada o inflamada y tener un desequilibrio de la microbiota.

Considerad unos intestinos sanos como si fueran un ecosistema mediterráneo. Si este entorno se va degenerando, se irá convirtiendo en un desierto y, por tanto, habrá especies que morirán y otras que sobrevivirán, crecerán o se moverán de lugar.

Y al revés: si por un viaje, una época de estrés o una acumulación de factores a lo largo de la vida, ayudamos a un tipo de microorganismos a vivir, las que no tengan suficiente alimento quizás se acabarán “comiendo” la mucosa y generarán inflamación, con lo cual comenzaría un círculo vicioso sin fin.

SIBO, gluten, intolerancia a la fructosa y sorbitol

Hablaremos de ello en el próximo artículo que publicaremos sobre el tratamiento del SIBO. De todos modos, en estos dos casos, el paciente tiene más probabilidad de tener una mucosa digestiva inflamada.

De todos modos, hoy en día, la intolerancia a la fructosa y/o al sorbitol, si se diagnostica en edad adulta, se considera que puede ser una malabsorción y no una intolerancia definitiva como tal, ya que puede ser consecuencia de un sobrecrecimiento bacteriano, que hace que todos los azúcares fermenten mucho más por el exceso de bacterias.

Así pues, tener SIBO es un problema que nos puede originar síntomas como los siguientes:

  • Debilidad y fatiga.
  • Pérdida de peso.
  • Deficiencia de vitamina B-12, hierro, o vitaminas solubles en grasa (A, D, E, K) por unión o incorporación a las bacterias. Los niveles de folato (B9) y vitamina K generalmente son normales o elevados, ya que estas bacterias tienen capacidad para sintetizarlos. Muchos médicos consideran normal el déficit de vitamina D, y no ven que puede estar causado por un sobrecrecimiento bacteriano.
  • Si las bacterias invasoras interfieren con las enzimas DAO, que son las responsables de degradar las histaminas, podemos desarrollar una intolerancia a la histamina. Así que debemos tener cuidado si tenemos problemas digestivos y muchas alergias. Primero debemos solucionar el SIBO, si tenemos.

La próxima semana publicaremos la segunda parte del artículo, en la que hablaremos de cómo tratar el SIBO. *Si no quieres que se te olvide la publicación aprovecha para activar nuestras notificaciones push y suscribirte a nuestra newsletter.

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Neus Elcacho

Dietista integrativa y coach nutricional

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