A menudo vienen a La Consulta mujeres con dolor crónico, inflamaciones o problemas osteoarticulares recidivantes, y que toman medicación para la inflamación y el dolor, más un protector gástrico, que daña la mucosa y el pH del estómago.

Las personas diagnosticadas de fibromialgia y fatiga crónica, o pacientes con artritis y artrosis, tendinitis o fascitis plantar, etc. se pueden beneficiar de una alimentación rica en verduras y con alimentos reales, sin productos procesados, ricos en azúcares, aditivos, sal… Una dieta antiinflamatoria, vaya.

La base de esta alimentación son las verduras; todas, excepto tomates verdes, pimientos crudos y berenjenas y patatas con piel. El resto están indicadas porque son ricas en nutrientes esenciales para favorecer procesos antiinflamatorios.

Tomar medicación para paliar el dolor puede ser un error ya que no resolverá correctamente el proceso de inflamación

En cualquier proceso inflamatorio agudo, el sistema inmunitario produce una respuesta para poder solucionar la lesión. Esto puede provocar mucho dolor, y a menudo podemos acabar tomando medicación para evitarlo, pero esto es un error y favorece que no haya una resolución correcta del proceso y hace que tengamos un dolor menos intenso, pero durante mucho más tiempo.

Además, hay que tener en cuenta que ya se ha definido el concepto de inflamación de bajo grado, que tiene causas diversas, como la mala alimentación, el exceso de azúcar, el gluten y lácteos de mala calidad y en exceso.

Todos estos productos pueden dañar el sistema digestivo y, como consecuencia, el sistema inmunitario.

Esta inflamación de bajo grado no induce pérdida de funcionalidad, a diferencia de la inflamación aguda, que sí la provoca.

Algunas de las consecuencias de este tipo de inflamación silenciosa son los dolores crónicos, las tendinitis recidivantes, la artritis, la degeneración de tejidos, el sobrepeso, la resistencia a la insulina o incluso la aparición de enfermedades autoinmunes.

Además, resulta que es el terreno perfecto para muchas otras alteraciones, como por ejemplo al sistema nervioso central, que puede terminar en depresión.

Como decíamos, una de las causas de esta infamación sistémica es la inflamación en el sistema digestivo provocada por la ingesta de productos alimenticios inadecuados y de mala calidad.

De todos modos, no sólo la alimentación influye en el estado de inflamación sistémica y crónica.

El estrés físico o emocional, dormir poco y mal o trabajar a turnos, los desajustes hormonales o la exposición a tóxicos también son factores importantes a tener en cuenta.

Entonces, ¿por qué es tan importante la flora intestinal?

Porque, si se tiene una flora bacteriana sana gracias a una buena nutrición, no se abusa de medicamentos, no se tiene estrés y se lleva una vida saludable, tendremos una barrera fuerte que evitará que toxinas, antígenos y patógenos penetren en el organismo.

Para la inflamación, es clave el papel de la microbiota, pero si la alimentación no es la adecuada y se abusa de medicamentos, la barrera natural se perfora y aumenta la endotoxemia y, como consecuencia, la respuesta inflamatoria.

Foto y receta: Elka Mocker

Por lo tanto, veamos qué alimentos debemos comer para sanar la microbiota y cuáles tienen más efecto antiinflamatorio

¿Objetivo? Dejar la medicación

Es importante que la alimentación diaria contenga muchos colores: cuanto más colores, más antioxidantes y sustancias beneficiosas que lucharán contra la inflamación y la degeneración de tejidos. Además, todos estos alimentos son ricos en fibra, que beneficia la salud intestinal.

  • Verduras de hojas verdes: lechugas, escarola, espinacas, acelgas, rúcula, col kale, etc. Son ricas en clorofila, magnesio y minerales indispensables.
  • Verduras crucíferas: col, coliflor, coles de Bruselas, repollo, nabos, rábanos, etc. Contienen sustancias con efecto anticáncer, y son muy ricas en calcio.
  • Verduras y hortalizas: apio, alcachofas, espárragos, ajos tiernos, judías verdes, calabacines, calabaza, etc. Como ya hemos dicho, entre otros beneficios, aportan fibra y favorecen la salud de la microbiota intestinal
  • Raíces y tubérculos: chirivías, nabos, patatas, boniatos, remolachas, apio-nabo, cebollas, ajos, puerros… Son ricas en hidratos de carbono saludables, necesarios para el funcionamiento correcto del organismo. La familia de las cebollas es rica en quercetina, una sustancia antioxidante muy potente que también encontramos en la piel de las manzanas.
  • Frutas variadas maduradas al sol ecológicas con piel. Como hemos dicho, cuantos más colores haya en la nevera, mejor. Arándanos, uvas, manzanas, peras, melocotones, plátanos, fresas, sandía, kiwis, frutos rojos, piña…

También deberemos incluir alimentos ricos en grasas saludables. Las grasas cumplen una función antiinflamatoria muy potente y son imprescindibles para el correcto funcionamiento de todo el organismo.

  • Pescado azul pequeño y salvaje fresco o en conserva de cristal.
  • Pescado blanco, sepia, calamar, pulpo y marisco.
  • Frutos secos.
  • Huevos ecológicos.
  • Aguacates.
  • Aceite de oliva extra virgen, aceite de coco, aceite de lino, de sésamo…
  • Ghee, mantequilla cruda.

Las especias y hierbas aromáticas son, también, muy importantes.

  • Cúrcuma, la estrella.
  • Jengibre, con propiedades antiinflamatorias, entre muchas otras.
  • Comino, anís, clavo, pimienta negra, nuez moscada… Algunas son carminativas y ayudan a digerir.
  • Orégano, albahaca, eneldo, perejil y cilantro, romero, etc. Ricas en aceites esenciales.
  • Pimienta de cayena, se ha visto que la capsaicina que contiene tiene efecto antiinflamatorio.

No podemos dejar de cuidarnos la flora intestinal con alimentos probióticos. Cuanta más variedad podamos introducir, mejor.

  • Chucrut, pickles y kimchi.
  • Vinagre de manzana sin pasteurizar, vinagre o pasta de umeboshi.
  • Salsa tamari, miso.
  • Te kombucha.
  • Kéfir de agua y de leche de cabra eco.

Qué no debemos comer

Y, por último, pero no menos importante, hay que hacer incidencia en todo lo que no deberíamos consumir de forma frecuente.

  • Alimentos con gluten: pan, pasta, pizzas, bollería, seitán, etc.
  • Lácteos de vaca de producción convencional: yogures, leches, quesos, etc.
  • Azúcar en todas las formas. Hay que vigilar, porque encontramos este ingrediente en muchísimas preparaciones y productos alimenticios; no sólo nos referimos al azúcar del café.
  • Soja en forma de tofu, yogures o leche de soja.
  • Productos alimenticios altamente procesados.
  • Alimentos procesados ​​sin gluten. Hay que buscar alimentos que no contengan esta proteína de forma natural.
  • Alcohol, excepto un poco de vino tinto de forma ocasional.
  • Estimulantes.
  • Exceso de carne roja, embutidos y productos cárnicos elaborados.

Así pues, como hemos podido observar, si basamos la alimentación en verduras, alimentos reales, frescos, ricos en vitaminas y minerales, sin procesar, podremos recuperar la salud y el bienestar.

A menudo no somos conscientes del peso que tiene la alimentación en la salud, y cada vez que elegimos un alimento concreto, estamos decidiendo sumar salud o no.

¿Te apuntas a un cambio de alimentación para dejar de lado la medicación?

Martina Ferrer

Nutricionista y acupuntora.

Martina Ferrer

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