Las berenjenas no contienen una abrumadora cantidad de un solo nutriente pero sí que nos aportan una cantidad importante de muchos minerales y vitaminas, como ácido fólico, potasio y manganeso, así como vitamina C, K, y B6, fósforo, cobre, tiamina, niacina o magnesio, además de una buena cantidad de fibra. Pero por lo que más destaca es por altos niveles de sustancias antioxidantes, flavonoides y fenoles, que nos ayudan, por ejemplo, a controlar los niveles de colesterol. Los fenoles se conocen además por ser uno de los captadores más potentes de radicales libres, y podrían prevenir el desarrollo de cáncer y enfermedades del corazón. Otros de los fitonutrientes que contiene la berenjena son unos pigmentos llamados antocianinas situados de la piel que son potentes antioxidantes y que actúan protegiendo los lípidos de las membranas celulares del cerebro contra el ataque de los radicales libres.

Os aconsejo que no las comáis nunca crudas, veréis que, si hacéis el intento, tienen un sabor amargo poco recomendable y os costarán de digerir. Esto se debe a que contienen pequeñas cantidades de un alcaloide llamado solanina, que se elimina con la cocción, aunque a la vez tiene interesantes beneficios para la salud ya que actúa con efecto colagogo, es decir, facilita el vaciamiento de la vesícula biliar, con lo que favorece la digestión de las grasas y mejora el funcionamiento hepático. La berenjena primitiva tenia el tamaño y color de un huevo de gallina y las innumerables variedades que existen se han desarrollado a partir de esa berenjena blanca y pequeña. Es muy versátil en la cocina. Yo os recomiendo cocinarlas a la plancha, al horno o al vapor y, a la hora de elegirlas, aseguraos que sea de carne firme y no demasiado grande; las más pequeñas tienen menos probabilidad de ser demasiado amargas. Podéis eliminar el amargor espolvoreando la pulpa con sal y dejándolas al menos 30 minutos sobre una rejilla para que desprendan los jugos.

Conocido desde la antigüedad como “remedio a todos los males”, el azafrán o “oro rojo” era empleado para luchar contra la depresión ligera o moderada: tenía la reputación de traer alegría y sabiduría. En Marruecos, por ejemplo, se usa como remedio tradicional para aliviar las molestias de los primeros dientes frotando las encías de los bebés con un anillo de oro untado con miel y azafrán. En Francia, el famoso jarabe Delabarre conserva la misma receta. Las abuelas calmaban también las reglas dolorosas de las jóvenes con té o leche con azafrán. Es una especie que se utiliza como condimento, colorante y aromatizante en la gastronomía en todo el mundo. Se obtiene de las flores de la planta de la familia de las iridáceas y de cada flor se pueden extraer 3 estigmas donde se encuentra el azafrán. Para poder lograr 1 kilo de azafrán se deben recolectar 85.000 flores y extraer los estigmas, que equivale a un pellizco de esta especie; una preciada y preciosa especie que, por sus múltiples propiedades, merece un lugar de lujo en nuestra cocina.

Sólo un apunte acerca del yogurt griego de cabra: la diferencia respecto al yogurt tradicional es que en el proceso final se filtra para eliminar el suero líquido, con lo que su textura es más consistente y espesa; ideal para salsas verdaderamente cremosas como ésta. Así que no le tengáis miedo; la fama que tiene de ser más graso es sólo porque aporta un poco más de calorías, pero para compensar, su contenido en proteínas saludables por yogurt es más del doble que el yogurt normal; sobre todo si es de origen biológico. Ahora deteneos un momento, buscad un lugar agradable y cálido, dejando de lado el estrés y las tensiones del día a día, solos o en compañía y dedicaros, con esta sencilla receta de ingredientes frescos, orgánicos y reconfortantes, el tiempo necesario para regalaros un momento de felicidad.

La receta

Ingredientes:

  • 2 berenjenas
  • Sal marina

Ingredientes salsa:

  • 1 yogurt griego de cabra bio
  • 1 pizca de hebras de azafrán
  • 2 c.s. de zumo de limón
  • 4 c.s. de agua mineral hirviendo
  • 1 c.s. de aceite oliva
  • Hojitas de menta fresca para decorar

Preparación

  1. Cortar las berenjenas a lo largo conservando el rabo y dejar reposar espolvoreadas con sal marina para eliminar su sabor amargo. Lavar bien para eliminar el exceso de sal y secar con papel absorbente. Marcar con incisiones en diagonal sin llegar a la piel y asar en el horno sobre papel vegetal a baja temperatura (máx. 65 ºC) durante una hora.
  2. Para la salsa, dejar el azafrán en remojo con el agua hirviendo durante 10 minutos. Mezclar el agua y las hebras con el yogurt y el resto de ingredientes y dejar en la nevera para que se integren bien los sabores; se puede conservar hasta 3 días. Para servir, espolvorear las berenjenas con un poco de pimienta, la salsa de yogurt y unas hojitas de menta.

Cristina Arroyo
Cristina Arroyo

Dietista y naturópata

    @crispuarroyo