A algunos quizá os suene su nombre y otros quizás no la conozcáis de nada, pero Natasha no deja a nadie indiferente. Estudió medicina en la URSS y trabajó muchos años como neuróloga y neurocirujana. Después se trasladó al Reino Unido, donde investigó la relación entre trastornos neurológicos y nutrición; le tocaba de cerca: tenía un hijo con autismo, desahuciado por la medicina convencional y no se podía quedar de brazos cruzados. Así que, sin internet y con pocos medios, buscó respuestas. Después de mucha investigación y comprobar la relación entre intestino y cerebro, creó la dieta GAPS para tratarlo a él y a otros niños y adultos con problemas de aprendizaje, trastornos mentales, digestivos e inmunológicos. Esta historia tiene un final feliz, porque su hijo ha estudiado una carrera universitaria y lleva una vida normal.

Es autora de los libros GAPS, el síndrome psico-intestinal, Put your heart in your mouth (sobre el colesterol) y Vegetarianism explained (próximamente se publicará en castellano). Aprovechamos que visita Barcelona para hablar de la edición revisada de su libro GAPS y de su opinión sobre diversos temas de salud y nutrición.

¿Qué tienen en común patologías como el eczema, el autismo, la esquizofrenia, el TDAH o la depresión?

Hoy en día hay una epidemia de la flora intestinal anormal (disbiosis). Nuestros abuelos tenían una microbiota mucho más sana, pero ha habido muchos cambios que nos han afectado negativamente: la llegada de los antibióticos en los años 50-60, la comida industrializada, no dar pecho a los bebés, la píldora anticonceptiva. Todo ello ha llevado a que nuestros hijos nazcan con una microbiota muy deteriorada y, como dice Hipócrates, “todas las enfermedades comienzan en el intestino”.

Además, hay una sobreexposición a miles de tóxicos...

La industria química ha creado miles de sustancias tóxicas artificiales que antes no existían y que absorbemos: maquillajes, tintes, jabones o desodorantes. Así que, cuando una mujer se queda embarazada, pasa los tóxicos acumulados al bebé y, si hay demasiada, se produce un aborto. Si no lo mata, el bebé nace mal. En cambio, los segundos hijos reciben menos carga tóxica y están más sanos. De hecho, si revisas estadísticas de autismo, la mayoría son en el primer hijo de la familia.

Hemos creado un entorno en el mundo moderno que no es apto para nuestros hijos. Nacen con una carga tóxica muy elevada y una flora intestinal anormal. Estos niños tienen una infección tras otra y, con los antibióticos, todavía se daña más su microbiota y su salud.

Y la alimentación seguramente tampoco ayuda.

Si al finalizar la lactancia ya introducimos cereales y refinados, las bacterias intestinales resultan perjudicadas. Los intestinos son fuente de toxinas que absorbemos y provocan problemas cuando llegan al cerebro. Casi todos los niños con autismo cuando nacen tienen un cerebro normal, pero su cerebro empieza a recibir tóxicos de su propia flora intestinal.

¿Cómo aprende un niño? Lo toca todo y se lo lleva a la boca como puerta de exploración en el mundo. Se pasa la información al cerebro, pero si éste está afectado no puede procesar bien la información. Hay que aprovechar la ventana de oportunidad de aprendizaje de los niños. Por ello, es importante frenar el bombardeo de toxinas y restablecer el intestino y la microbiota intestinal lo más pronto posible.

¿Y cómo se hace?

Se deben eliminar las bacterias malas, sellar la pared intestinal para que no sea una fuente de tóxicos que vayan hacia el cerebro y empezar a comer bien. Si el niño tiene menos de cinco años, se puede llegar a recuperar. Todos mejorarán, pero no al cien por cien. Hoy en día hay una epidemia de autismo que irá en aumento. También hay otros problemas de aprendizaje como dislexia, TDAH, dispraxia, alergias, asma, eczema. En adultos se manifiesta en una depresión, esquizofrenia, diabetes tipo 1 y otras enfermedades autoinmunes.

¿En qué consiste la dieta GAPS?

Se basa en tres partes: dieta de introducción con alimentos muy fáciles de digerir para regenerar el intestino de manera profunda que dura entre dos semanas y un par de meses; dieta GAPS completa, que normalmente dura unos dos años con los alimentos clave y muchos de zumos para desintoxicar, y el abandono de la dieta, que es cuando se van incorporando alimentos que no consumíamos, como la patata y los cereales sin gluten (trigo sarraceno , quinoa o mijo).

La primera fase es la más complicada. Hay que tener mucha paciencia, perseverancia y hay que saber cocinar. Hay casos en los que se puede empezar por la segunda fase y después, si es necesario, hacer la primera, pero si hay diarrea, Crohn, colitis ulcerosa, diabetes tipo 1, problemas de aprendizaje severo o alergias graves hay que empezar por la primera fase.

¿En qué alimentos se basa y cuáles deben eliminarse?

Potenciamos el consumo de carne, pescado, vísceras, huevo, verdura sin almidón, fruta, nueces y semillas y grasas buenas. En cambio, prescindimos de cereales, verduras con almidón, tubérculos, azúcar y edulcorantes, lactosa, legumbres ricas en almidón y soja, aceites vegetales para cocinar, procesados ​​y químicos.

De todos, ¿cuáles dirías que son los tres alimentos que más perjudican la salud?

Por orden: el azúcar, la soja occidental (en forma de leche, yogur y productos vegetarianos) y aceites vegetales refinados para cocinar.

¿Y cuáles son los alimentos imprescindibles de la dieta GAPS?

El caldo que cuando pones en la nevera se hace gelatina (como el caldo de huesos), el hígado, la lengua, el corazón, las tripas, los huevos y el jamón serrano. Es lo que cocinaban las abuelas y debemos recuperar este tipo de platos.

Mucha carne. ¿Y la verdura?

El objetivo del protocolo GAPS es crear un recubrimiento intestinal nuevo. Las células intestinales viven pocos días y necesitamos proteína y grasa animal para sanarlo. La carne y el pescado son la base de la dieta, porque proporcionan buenos materiales de construcción para recuperar el intestino. La verdura es buena, pero como acompañamiento de carne o pescado. Es fuente de vitaminas, minerales, antioxidantes y nos limpian, pero no las digerimos.

¿No crees que la verdura es la base de la alimentación saludable?

En las patologías que trato, el intestino está muy dañado y he observado que hay niños que mejoran mucho eliminando la verdura rica en almidones; en casos extremos hemos tenido que eliminar toda la verdura. Nosotros no tenemos rumen como los herbívoros, y las verduras llegan sin digerir al intestino grueso. Se han recuperado a base de caldo de huesos y pescado, kéfir, carne, huevos y leche fermentada.

Pero, en cambio, es una gran defensora de todos los fermentados, también de la verdura.

Sí, tenemos que recuperar los fermentados. Cuando no había neveras, se fermentaban los alimentos para poder guardarlos y consumir más adelante. Por ejemplo, de la col se hacía chucrut, que tiene veinte veces más vitamina C que la col fresca. Los fermentados son fuente de probióticos y, además, las vitaminas y minerales están más biodisponibles, ya que las bacterias han predigerido del alimento.

Dice que hay que eliminar los tubérculos, pero hoy en día sabemos que la patata prebiótica es un gran alimento para las bacterias amigos.

Si tienes la microbiota sana sí, pero, si no, alimentas tanto a la buena como a la mala. Por eso la eliminamos hasta restaurar el intestino, y luego la volvemos a incorporar en la tercera fase.

Para hacernos una idea: ¿cuál sería la composición de un plato saludable GAPS?

Depende de cada persona. Es importante reconectar con los alimentos que el cuerpo necesita y, por ello, es importante comer con las manos. No hablamos de proporción de verdura, grasas o proteína animal, sino de lo que te apetece en cada momento, porque será lo que más necesita el cuerpo en ese instante.

¿El protocolo contempla la suplementación?

La dieta GAPS tiene una alta densidad nutricional y, por tanto, no hacen falta muchos suplementos. Debemos incorporar hábitos de vida saludables como tomar el sol, nadar en el mar, caminar descalzos por la naturaleza, reducir la exposición electromagnética de móviles o Wi-Fi y reducir la carga tóxica. Con el protocolo GAPS, se restablece el sistema de desintoxicación del hígado, por lo que no tenemos que poner más tóxicos: nada de champús, jabones, maquillaje o desodorantes. No te pongas nada en el cuerpo que no te puedas comer.

¿Ni la cosmética ecológica?

Para personas sanas es aceptable, pero, si no, el cuerpo tampoco puede con la cosmética ecológica. Nos lavaremos la cabeza con yema de huevo, solo nos ducharemos con agua, nos cepillaremos los dientes con aceite de oliva y podemos utilizar cualquier hidratante comestible como el aceite de oliva, aguacate, coco o mantequilla.

Por cierto, ¿qué opinan los colegas médicos sobre la dieta GAPS?

La mayoría no saben que sus pacientes siguen la dieta GAPS porque tienen miedo a decirlo y, si mejoran y se lo cuentan, los médicos piensan que se habrían recuperado igual. También tengo muchos pacientes que son hijos de padres médicos que tampoco han encontrado respuesta en la medicina convencional y acuden a mí.

Lluca Rullan

Periodista y dietista integrativa

Lluca Rullan

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