patatas fritas

Las patatas fritas deben ser algo ocasional en nuestra dieta

La alternativa

Hay familias que han optado por una alternativa casera a las bolsas de patatas chips. Y la alternativa hacerlas en casa. Marta Pontnou prepara unas pero con verduras, zanahoria y calabacín. Lo corta todo muy fino y lo fríe hasta que queda crujiente. También hay la opción de rebozar con harina el calabacín previamente para que adquiera un tono crujiente. Es una forma de comer verdura diferente, pero que los dietistas también señalan que se debe controlar porque la acrilamida (objeto de estudio en toda Europa) está presente en todos los fritos, incluidos los caseros.

Otra propuesta son los frutos secos. Según la pediatra Núria Llata, “pueden ser una alternativa saludable, porque sí aportan un valor nutritivo importante, no son calorías vacías”, y porque, además, los niños también las pueden asociar como una comida de fiesta, divertida, diferente. Y es que lo peor de todo es que las patatas chips se han incorporado en el imaginario infantil como una comida de premio o de fiesta, y este concepto es el más difícil de erradicar. El premio puede ser cualquier alimento, ¡incluida una pieza de fruta!

Están por todos sitios. En las fiestas de cumpleaños, en los actos institucionales, en los vermús de los días de fiesta. Al lado de la caja registradora de los supermercados, porque las cogemos sin pensar, como un acto de consumo irreflexivo. Y a los niños les encantan. Parecen tan inocentes aquellas patatas de mil formas y colores, redondas, alargadas. ¡Incluso hay de Hello Kitty! Y, además, siempre contienen adhesivos o tatuajes o cualquier otro motivo extra que impulsa a comprarlas. De inocentes, sin embargo, no tienen nada.

La profesora de Química de los Alimentos de la Universitat Autònoma de Barcelona Victòria Ferragut alerta sobre un componente que contienen todas las patatas chips, la acrilamida, que aparece en todos los alimentos con un alto contenido de hidratos de carbono y pocas proteínas que han pasado por un procesado frito a partir de 180º de temperatura. “En Europa, se está haciendo un estudio muy riguroso para controlar la acrilamida con el objetivo de minimizarlo o evitarlo, porque se sabe que es cancerígeno”. Según opina la profesora Ferragut, en Cataluña y en el resto del Estado español, parece que se están incorporando cada vez más en la dieta regular. “Espero que no llegue a pasar nunca como en Inglaterra, donde viví una temporada, y comprobé que los niños, en la escuela, a la hora del desayuno, llevaban en la mochila una bolsa de patatas chips. De hecho, recuerdo que pregunté a la profesora qué me recomendaba que pusiese a mi hijo para desayunar, y la propia maestra dijo: ‘Una bolsa de patatas chips’”.

¿Y qué opinan los pediatras?

La pediatra Montse Falcó es muy radical: “Las personas que elaboran patatas chips deberían estar en prisión”. La frase la dice medio riendo, pero lo argumenta claramente: “Las patatas chips matan el hambre, no alimentan. Y, además, destruyen la mucosidad de las células, destinada a absorber los nutrientes de los alimentos”. O sea, un niño acostumbrado a comer patatas chips de forma habitual debilita o anula la capacidad absorbente de las mucosas celulares, de manera que cuando ingiera espinacas, zanahorias o tomates, no sacará su provecho nutritivo. Por otro lado, Falcó indica que estos alimentos también incorporan dosis de aditivos, que se absorben y que, en gran parte, van directos al cerebro, lo que puede provocar irritabilidad o conductos inadecuadas.

La dietista Núria Llata aún señala más inconvenientes. “Para empezar, contienen bastante sal. Luego, hacen una aportación energética muy alta, pero con grasas poco saludables, industriales. Y, para acabar, llevan colorantes, aditivos, sobre todo los ganchitos o las cortezas, que pueden incrementar las alergias alimentarias”. La dietista también subraya que no tienen ningún componente nutritivo, es decir que no deberían sustituir ninguna comida de los niños, y tampoco deberían estar presentes diariamente en su dieta. “Como mucho, debería ser ocasional, en días de fiesta, cuando aparecen de forma inevitable”. Y es que este tipo de “alimento” está situado en la parte alta de la pirámide alimentaria, en el iceberg final, como algo esporádico y remoto. “Y esta pirámide alimentaria, con los niños, y con el resto de la población en general, se debería recordar siempre”.

Trinitat Gilbert
Trinitat Gilbert

Periodista