La selección de variedades de trigo con un alto contenido en gluten ha sido un proceso continuo en los últimos diez mil años. Los cambios que ha sufrido el trigo han sido dictados más por razones tecnológicas (optimización de la producción) que no nutricionales. Estos cambios son una explicación posible de la alta frecuencia y la amplia gama de reacciones adversas al gluten, ya que el aparato digestivo de muchos humanos no se ha adaptado. Además, el gluten es un componente abundante en la dieta de la mayoría de poblaciones, especialmente las europeas.

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Dentro del término “trastornos relacionados con el gluten” se reconocen dos entidades clínicas estudiadas y prevalentes: la enfermedad celíaca (EC) y la alergia al trigo (AB), que provocan una variedad de trastornos digestivos y extradigestivos. Sin embargo, el número de pacientes que no tienen enfermedad celíaca ni alergia al trigo pero que parece que mejoran con una dieta sin gluten aumenta considerablemente. La sensibilidad al gluten no celíaca (SGNC) es el término adoptado desde el año 2012 para describir esta nueva entidad clínica caracterizada por síntomas inducidos por la ingesta de gluten. Debido a la ausencia de marcadores biológicos específicos para diagnosticarla, antes hay que descartar la EC y la AB.

El SGNC se correlaciona con el síndrome del intestino irritable (SII) y, de hecho, se caracteriza por una combinación de síntomas parecidos a los que manifiestan los pacientes diagnosticados de SII, como dolor abdominal, alternancia diarrea-estreñimiento, hinchazón… y también otras manifestaciones sistémicas como dolor de cabeza, cansancio, dolor en articulaciones y músculos, entumecimiento de las extremidades, dermatitis, depresión y anemia.

La dieta sin gluten es un factor decisivo para tratar los trastornos relacionados con el gluten, sin embargo, incluso cuando no hay razón médica bien definida ni el asesoramiento preferentemente de un dietista, empieza a tener proporciones considerables en muchas sociedades occidentales; la norteamericana es un ejemplo.

En EE UU un sector de la población considera que una dieta sin gluten es “cool” y “fashion”. Según el doctor Fasano, director del Centro para la Investigación sobre la EC de la Universidad de Boston, esta dieta no sirve para perder peso, por lo que no se debe seguir por este motivo y, pese a lo que comentan algunos deportistas, no hay evidencia científica que tenga ninguna ventaja en la competición.

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Aunque cada vez hay más publicaciones científicas relacionadas con el SGNC, estamos probablemente en el mismo punto en el que estábamos hace cuarenta años con la enfermedad celíaca. Hay aún muchos interrogantes por resolver: ¿La sensibilidad al gluten no celíaca existe realmente? ¿O la causa es, en realidad, una sensibilidad a los carbohidratos fermentables que abundan en el trigo? ¿El SGNC es una condición permanente o transitoria? El grado de sensibilidad es para todo el mundo igual o cambia según las personas? ¿Incluso puede cambiar en una misma persona a lo largo del tiempo? ¿Cuál es la prevalencia en la población general?…

Como la sensibilidad al gluten no celíaca es materia de debate actualmente entre científicos y supone un nuevo reto para los médicos y los especialistas en nutrición, debemos ser cautos a la hora de retirar el gluten de la dieta cuando hay molestias gastrointestinales.

Se aconseja no retirar el gluten sin un diagnóstico previo

Si bien se sabe que la EC afecta aproximadamente a un 1% de la población, parece que hay un porcentaje comparativamente mayor de la población que consume alimentos sin gluten. Uno de los motivos de esta tendencia, además de hacerlo porque está de “moda”, es que cada vez hay más gente con molestias gastrointestinales que mejoran si deja de tomar gluten. Eso puede dificultar el resultado de pruebas médicas y de diagnósticos, y puede llegar a esconder otras patologías como la misma enfermedad celíaca. Por lo tanto, se aconseja no retirar el gluten sin un diagnóstico previo. Por otro lado, si es preciso hacer una dieta sin gluten, debe ser equilibrada para evitar déficits nutricionales.

Si no se tiene ningún trastorno digestivo que obligue a excluir el gluten, aconsejo no limitar la dieta exclusivamente en torno al trigo común. Teniendo en cuenta que es el cereal con más gluten, que este gluten es el que ha cambiado más a lo largo de los siglos –lo que lo hace menos tolerable– y que las investigaciones también apuntan hacia otros componentes del trigo como desencadenantes de molestias gastrointestinales, sugiero una dieta tan variada como sea posible por lo que respecta a los cereales: se puede consumir, por ejemplo, pan de espelta o kamut, variedades de trigo que mantienen una genética más antigua y que, por lo tanto, se suelen tolerar mejor; además de los cereales sin gluten.

Para más información:

  • Sapone, A.; Bai, J.C; Ciacci, C; Dolinsek, J, Green, P.H; et al. Spectrum of gluten-related disorders: consensus on new nomenclature and classification. BMC Medicine 2012, 10:13
  • Catassi, C; Bai, J.C; Bonaz, B; Bouma, G; et al. Non-celiac gluten sensitivity: New Frontier of Gluten related disorders. Nutrients 2013, 5 , 3839-3853. Review
  • Czaja,- Bulsa, G. Non celiac gluten sensitivity: A new disease with gluten intolerance. Clinical Nutrition 2014, 1-6 in press

Artículo escrito por:

foto_Victoria_G._Framis_highVictoria Garcia Framis
Doctora en Biología y dietista en la línea ecológica
Vicepresidenta de ADITEC (Asociación de Técnicos Dietistas)
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