Si crees que perder grasa es solo para verte mejor, estás perdiendo el tiempo.
La clave es entender que tu composición corporal lo regula todo: perder grasa y ganar músculo impacta directamente en tu metabolismo, en la inflamación, en tu energía y hasta en tu estado de ánimo.
La solución no pasa por el último suplemento de moda, sino por mejorar tu composición corporal.
Pero no toda la grasa es igual.
Existe una grasa que cuesta de ver, pero que es la más peligrosa: la grasa visceral. Rodea tus órganos y se asocia a inflamación, resistencia a la insulina y riesgo cardiovascular. No es fácil perderla y no se moviliza con cualquier estrategia.
Pero, además de la grasa visceral, muchas veces lo que más nos preocupa es la que sí vemos: la que se acumula en piernas, muslos o caderas, que cuesta mucho perder, tiene un gran impacto estético, incomoda y a veces incluso duele o genera molestias y pesadez.
Y aquí aparece la confusión: en muchos casos ni siquiera está claro qué es exactamente: ¿retención de líquidos? ¿Celulitis? ¿Lipedema? ¿Todo a la vez?
Aunque son múltiples problemas, tienen muchas similitudes. La principal diferencia la encontramos en el grado de afectación de los 3 actores principales:
- Mala distribución del agua corporal.
- Alteración de la función del adipocito.
- Fibrosis de la matriz extracelular.
Estos se retroalimentan y hacen que el problema persista y se cronifique, incluso cuando “haces las cosas bien”.
La solución no es una dieta aislada, un suplemento puntual o el drenaje intermitente. Es coordinar las estrategias para maximizar los beneficios.