fruta verdura mercadoSobre la fruta hay muchas teorías y mitos, algunos de ellos basados en estudios científicos y otros de empíricos basados en la experiencia y la observación. Sus grandes virtudes la han puesto de moda. Vitaminas, minerales, enzimas, fibra y agua son sus componentes principales. Tienen la propiedad de refrescarnos y de hidratarnos. Y ahora viene la pregunta del millón: ¿cuándo debemos comerla? ¿Después de las comidas o entre ellas? ¿Tenemos que comer la misma cantidad y tipo de fruta en verano que en invierno?

¿Después de las comidas o fuera de las comidas? Cada vez se insiste más en comer la fruta fuera de las comidas. Uno de los motivos principales es porque dificulta la digestión. Parece que cuando se ingiere con otros alimentos de digestión más lenta que la fruta, ésta puede fermentar en los intestinos y favorecer la aparición de gases y malas digestiones. Basta con que hagáis la prueba: durante una semana evitad comer fruta durante las comidas y reservadla para media mañana o para merendar. ¿Os sentís menos pesados y menos cansados después de las comidas?

De lo que no se habla tanto es de la conveniencia de comer la misma cantidad de fruta durante todo el año. La OMS (Organización Mundial de Salud) recomienda que el consumo de fruta sea del 0 al 5% del total de la dieta diaria. Hoy en día tenemos la gran ventaja −o no− de encontrar todo tipo de fruta en cualquier época del año. Sin darle demasiadas vueltas podemos recurrir a la fruta tropical importada durante los meses de más frío. Pero en realidad esta dinámica es contra natura: si nos fijamos en el ritmo de la naturaleza veremos que la fruta crece en las zonas de climas más cálidos y en las épocas del año también más cálidas. Es un regalo que nos ofrece la madre naturaleza para que nuestro cuerpo se aproveche de sus propiedades y nos ayude a refrescarnos. Ella sabe qué energías nos corresponden a cada estación y por eso nos las facilita. Por lo tanto, por un lado está muy bien recomendar el consumo de fruta cada día, pero debemos procurar que ese consumo sea estacional y se haga mayoritariamente en las épocas de primavera y verano, y reservar las épocas de más frío para consumir la poca fruta con la que nos obsequia la naturaleza, como la manzana o la pera, siempre que tengáis una digestión fuerte. Si no es así, es recomendable consumirla en forma de compota o al horno «para evitar que el cuerpo se enfríe y dificulte la interiorización de la energía que debe desarrollar nuestro organismo», tal como comenta el Dr. Jorge Perez-Calvo en el libro Nutrición energética y salud (p. 54).

De hecho, con solo imaginaros en pleno invierno tomando un zumo de piña os daréis cuenta de que esa imagen proyecta sensación de frío. Si sois fuertes a nivel digestivo, seguramente os costará percibir esa sensación gélida, pero muchas personas que se encuentran en un estado de debilidad digestiva, el hecho de consumir mucha fruta en invierno les dificulta la eliminación de los ácidos orgánicos que contienen las frutas. De hecho, muchos resfriados invernales mejoran al reducir el consumo de fruta, cuando la fruta se toma en compota o al horno o cuando se aumenta el consumo de alimentos que ayudan a mantener la energía interior, como verduras, estofados, cereales integrales, pescado al horno con verduras, etc. Lo que acabo de comentar es totalmente contrario a la creencia de que tomar un zumo de naranja cada mañana ayuda a prevenir los resfriados por su contenido en vitamina C. Si lo miramos desde el punto de vista puramente nutricional, es cierto: los cítricos son unas fuentes de vitamina C excelentes, pero desde el punto de vista de la nutrición energética «el consumo reiterado de cítricos en época de frío enfría el organismo y propicia la aparición de resfriados», tal como comenta la doctora Olga Cuevas en el libro El equilibrio a través de la alimentación. La mejor opción, en estos casos, es beneficiarse de la vitamina C que contienen ciertas verduras, como el brócoli y la col −para preservar sus propiedades basta con escaldarlas. Es necesario que no olvidemos el modesto perejil, también muy rico en vitamina C.

Fruta sí, pero…

Sobre todo: que sea ecológica, local y de la estación que corresponda. La fruta ecológica tiene más nutrientes que la convencional. Si la que coméis es local, favorecéis el entorno medioambiental y si, además, escogéis fruta de la estación que corresponda, favorecéis una mejor adaptación del organismo a la época del año.

Tenéis que fijaros más en la naturaleza y menos en los supermercados: manzanas, peras y castañas en invierno; sandías, peras, melocotones y ciruelas en verano; cerezas en primavera… Siempre en cantidades moderadas y si nuestro cuerpo nos lo permite.

En caso de que queramos asimilar mejor el hierro de los alimentos vegetales, como es el caso de las legumbres, mejor acompañarlas de verduras ricas en vitamina C que de fruta cítrica. De esta manera asimilaremos más bien el plato y tendremos mejores digestiones.

Entre comidas, mucho mejor. Favoreceremos la digestión. ¡Seguro! Si deseáis tomar fruta después de las comidas, el Dr. Jorge Pérez-Calvo recomienda que sea bien cocinada y bien condimentada con canela o jengibre. Sin embargo, las frutas que se digieren mejor después de las comidas son la fresa y la sandía.

Consumir frutas y verduras de temporada tiene muchos beneficios. Por un lado, nos proporcionan muchos más nutrientes, ya que acaban de recogerse y, por tanto, no han estado en cámaras frigoríficas o han estado allí muy poco tiempo. Los alimentos recién recogidos mantienen su frescura característica (vitaminas, minerales, enzimas, fibra y energía vital) y no han tenido tiempo de oxidarse. Además, las frutas frescas conservan todo el sabor y textura original y genuina y proporcionan los nutrientes que necesitamos para cada estación, y en cuanto al precio, cuando un producto es de temporada no es tan caro. Por otra parte, la localidad también es un factor importante a tener en cuenta. Todo el mundo debería consumir alimentos cercanos. En nuestro caso, tendríamos que consumir frutas propias del clima templado. Según comenta el Dr. Pérez-Calvo en su libro citado anteriormente, deberíamos procurar evitar frutas tropicales como la piña y la chirimoya, sobre todo en invierno.

Otro factor importante es el hecho de consumir fruta ecológica. Tal como corroboran los estudios realizados por la doctora Mª Dolores Raigón y el QLIF (Quality Low imputado Food) y coordinados por Carlo Leifert, ingeniero agrónomo, las frutas y verduras ecológicas presentan un contenido más elevado de nutrientes que las frutas convencionales.

Lo que está claro es que cualquier cambio hacia una alimentación saludable ya es, por sí mismo, positivo. Según el tramo de camino o escalón en el que nos encontremos y nuestro estado de salud, las directrices serán bien diferentes. Si bien es verdad que hay recomendaciones universales, debemos procurar aprender a escuchar lo que nuestro cuerpo necesita. Si nunca habéis cuidado vuestra alimentación y no coméis nada de fruta, estaría muy bien que la incluyerais, en vez de caer en la bollería industrial o en los refrescos con gas y azucarados. Si vuestro problema es digestivo, lo mejor será que comáis la fruta fuera de las comidas pero que no abuséis de ella. Por más que las recomendaciones estándares nos digan que tenemos que comer cinco piezas de fruta cada día, siempre debemos procurar analizar las necesidades individuales de nuestro organismo.

Fuente: «Alimentación. Los alimentos ecológicos y de variedades tradicionales tienen más nutrientes que los convencionales».

Jordina Casademunt

Nutricionista

    @jordinacasa
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