Alternativa del plato tradicional

Si nos dejamos llevar por la historia, la manera típica de hacer los falafels es sin cocer los garbanzos. Simplemente se deja la cantidad de garbanzos necesaria en remojo durante toda la noche, al día siguiente se retira el agua y se tritura. Al dejarlos en remojo, nos deshacemos de ácido fítico (fitatos) que contienen estas legumbres, un tipo de antinutriente que nos impide absorber algunos minerales, como el calcio o hierro. De esta manera, el ácido fítico se disolverá en el agua y, al tirarla, evitaremos gran parte de este antinutriente.

Ésta sería una forma de hacer los falafels, pero también es válido hacerlo con los garbanzos ya cocidos; lo que le cambiará la textura. Con los garbanzos hechos al estilo tradicional queda una textura más compacta y crujiente. En cambio, con los garbanzos cocidos, la textura es más densa y más cremosa.

Sin necesidad de harinas

Los falafels no necesitan ser acompañados de ningún tipo de harina, a no ser que uno desee utilizar harina de garbanzos. La textura que proporciona el triturado es perfecta para hacer las bolitas en forma de croquetas y tener un resultado espectacular.

Además, si se desean incorporar más ingredientes, se puede optar por añadir otras hortalizas en formas más pequeñas como, por ejemplo, zanahoria rallada.

Salsas caseras, mucho mejor

La salsa tradicional que se emplea para acompañar los falafels es a base de yogur, tahina y/o con toques picantes. Es por eso que la salsa propuesta se decanta más al estilo picante y a proporcionar la dosis de hortalizas necesaria para acompañar el plato.

La receta

Receta para 2 personas

  • 150 g de garbanzos crudos o 1 bote grande de garbanzos cocidos
  • 1 c.s. de tahina
  • 3-4 zanahorias
  • 1 cebolla
  • 1 diente de ajo
  • Cilantro o perejil
  • Tomate natural en conserva
  • Variado de semillas al gusto
  • Cúrcuma, pimienta y cayena
  • Aceite de oliva virgen

Elaboració

  1. Calentar el horno a 180 ºC. Incorporar los garbanzos cocidos en un bol y chafar con un tenedor. Se puede utilizar una batidora para agilizar el proceso, pero no debe quedar textura de humus, sino más espesa. (También se puede hacer con los garbanzos crudos, como se comenta en la explicación.)
  2. Cortar media cebolla y un diente de ajo a trozos bien pequeños e incorporarlos en la mezcla junto con 6 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen, 1 de tahina, 4 de variado de semillas al gusto (sésamo, girasol, calabaza…) y especias al gusto como cilantro, perejil, comino y/o orégano. En este paso también se puede añadir zanahoria rallada, que le dará un toque de color y sabor.
  3. Mezclar bien con un tenedor o cuchara y hacer las bolas en forma de falafel con las manos. Incorporar en una bandeja para horno, encima del papel del horno untado con un poco de aceite de oliva virgen.
  4. Hornear durante 10 minutos a 180 ºC y hacer la salsa. Saltear la media cebolla junto con aceite de oliva virgen y, cuando se empiece a dorar, incorporar agua para agilizar el proceso. Pelar y cortar la zanahoria a trozos pequeños e incorporarla a la sartén. Pasados 10 minutos, añadir 5 cucharadas soperas de tomate natural en conserva y sofreír a fuego lento.
  5. Pasados los 10 minutos, sacar la bandeja y girar los falafels con cuidado. Dejar 10 minutos más en el horno.
  6. Cuando la salsa esté hecha, se puede reservar un poco como salteado y la otra batirla junto con 1 cucharada de postres de cayena, 1 de cúrcuma, 1 de jengibre y otras especias al gusto. Si queda muy espesa, añadir más agua o darle un toque de bebida vegetal, de almendras, por ejemplo.
  7. Cuando los falafels estén dorados –se pueden dejar al horno unos minutos más–, servir en un plato junto con la salsa y disfrutar.

Mireia Galtés
Mireia Galtés

Graduada en Publicidad y relaciones públicas, dietista y bloguer en Lemon’s Secrets.